Mi reflexión definitiva de lo que ha sucedido es tan sencilla como contundente: que no vuelva a pasar. Antes que nada, los entrenadores son personas. Y aunque cometan errores, que es evidente que Sergio Francisco los ha protagonizado y muchos además, no se les puede tratar como si fuesen mercancías. Son personas. Más aún cuando se trata de un exjugador y un muy exitoso entrenador en categorías inferiores. 

Una vez me contaron la historia de un periodista al que contrató un periódico y cuando llegó a su puesto de trabajo, los de arriba decidieron que era incompatible con la línea editorial del mismo. Lo malo es que nadie se atrevía a comunicárselo. Mientras la noticia se expandía como la pólvora por la redacción, el único que no la sabía era el propio protagonista, al que se lo dijeron al final del día. Me pareció algo tan terrible como insensible. No se puede jugar de esta manera con los seres humanos.

El caso me recordó sobremanera al de Sergio Francisco. Después del partido de Vitoria, el Consejo ya tenía claro que no era su entrenador. Al parecer, ninguno de ellos se percató de que el martes había una Junta y que, después del habitual baño y masaje en forma de acciones, el presidente estaba obligado a comparecer ante los medios. En su discurso anterior no hizo la más mínima alusión a su entrenador ni a su situación y en las respuestas a los accionistas, de los que solo un par pasó de puntillas sobre el inquilino del banquillo, solo comentó, con la misma frialdad que un bloque de hielo, que llevaba ocho años muy buenos en el club. Después, en rueda de prensa, no le salió otra frase mejor para definir la situación de su apuesta personal que decir que “el fútbol es igual para todos”. Luego añadió un “me gustaría que esté muchos años en la Real” de cara a la galería. Y se quedó tan pancho. Para luego, en privado negar que le había clavado un rejón de muerte y asegurar que su puesto no corría peligro. No sé. Salta a la vista que estaba sentenciado y que casi todos en el club lo sabían, salvo él.

Aperribay, durante la Junta General de Accionistas celebrada en el Kursaal. Iker Azurmendi

¿Cómo se puede trabajar y ser uno mismo cuando te llevan a una situación límite y eres plenamente consciente de que no creen en ti? De que te van a echar. El que quiera que se ponga en su lugar y alucine como yo de cómo se han hecho de mal las cosas con Sergio. Porque, después de lo que pasó con Arrasate e Imanol, uno ya conoce al sector más tóxico y beligerante del entorno, incluida la cruel portada del medio afín que debería (diferencio entre deber y tener, eso lo tengo claro) sacar los colores a alguno en el despacho de Anoeta, que sea el propio club como institución el que actúe así con un profesional al que le pinchas y le sale sangre txuri-urdin tiene delito. Algo no va bien, a mí me han cambiado a mi Real.

Porque por encima de todo, insisto de nuevo, está la persona y más si es uno de los tuyos. Los que me conocen saben que en Argentina siempre he sido de Racing y este sábado me he llevado otro disgusto al perder en los penaltis la final del Clausura, después de encajar el empate a balón parado en el último minuto. En los octavos de final, la Academia eliminó a River al derrotarle por 3-2 con un tanto en el suspiro final y su entrenador, el carismático Gustavo Costas, que también fue exjugador racinguista, dejó de dar instrucciones mientras el partido seguía jugándose y no paraba de entonar a grito pelado los eufóricos cánticos de la Guardia Imperial (así se le conoce a su hinchada más apasionada). 

Imagino que para muchos será el momento de reflexionar y de hacer análisis fríos que permitan sacar los colores. Yo prefiero quedarme con que han hecho salir por la puerta de servicio a una persona que podría perfectamente estar cantando por la banda que el día que se muera quiere ver su cajón pintado de azul y blanco como su corazón. Y sobre todo con que Sergio, el breve, pasó a la historia por ser el entrenador que recibió una improvisada ovación a pesar de encajar un gol en el último suspiro que le costó otra derrota ante el Villarreal y el primero que ganó un derbi en el descuento. Nadie le podrá quitar el gusto de ese minuto de éxtasis en el que, como Del Bosque con el gol de Iniesta, se llegó a exceder en la banda una milésima de segundo para volver a ser como es él, una persona buena, tranquila, cercana, respetuosa y empática. 

Sergio Francisco, durante un entrenamiento de la semana pasada. Real Sociedad

Y un buen entrenador que, esto es cierto, no ha tenido la experiencia o el carácter suficiente como para controlar las riendas de un club profesional. Y que se ha equivocado, obvio, sin ir más lejos al quitar a Guedes del campo el pasado viernes. Cosas así, puntuales, tampoco ha caído por una continua cadena de fallos repetidos. Y quien lo analice de esta forma, se equivoca. Ahora bien, yo prefiero repasar a los que tienen las manos manchadas que van a seguir en el club como si no hubiera pasado nada. Porque no hay nada menos corporativista que el fútbol cuando se despide a un entrenador. Todos silban y miran hacia otro lado como si no dependiera de ellos lo sucedido o no tuvieran ni la más mínima responsabilidad.

Conclusiones

Voy con mis conclusiones a lo sucedido. Reconozco que Sergio no ha estado a la altura, pero nos lo vendieron como que era la primera opción y tampoco era cierto. Que sepa yo sin indagar mucho, Aperribay por supuesto que tocó la puerta de Xabi Alonso, hablaron con Iñigo, del Rayo, y en Italia Spaletti, actual técnico de la Juventus, reconoce ante su círculo de confianza que rechazó una propuesta txuri-urdin (ojo, lo dice él). No cuela y Sergio lo sabría seguro.

En toda la pretemporada el club no fue capaz ni de lavar los platos sucios con sus descartes, que él señaló rápido y con valentía, y no le trajeron al único fichaje que había pedido hasta el último día de mercado. Un 8 físico, box to box, que fuese un pesimista y estuviese pensando siempre en que el equipo iba a perder el balón para evitar transiciones y contras rápidas (¿les suena cómo han sido los goles que le han matado?). Le dijeron que le iban a fichar a Equi, luego fueron bajando hasta que el propio Sergio solicitó que le trajeran a uno conocido como Yangel en lugar de un futbolista sin pasado en la Liga y que tuviera que aclimatarse. No pasen por alto el pequeño detalle de que la contratación del venezolano se cerró con él lesionado para 6-8 semanas y después de una derrota increíble en Oviedo que condicionó toda su trayectoria y en la que había unos ocho jugadores en la convocatoria que no tenían ni idea de dónde iban a jugar y a dormir 72 horas después. Si esto es cuidar y proteger a un entrenador de la casa por el que apuestas a muerte, que baje Dios y lo vea.

Once de la Real frente al Oviedo N.G.

El resto de la historia ya la conocen. Lesión de Óskarsson, que no es capaz de asimilar la exigencia de Zubieta; falta de gol; Sadiq jugando fuera de forma por decisión del club para intentar venderlo a Arabia; un fichaje de un central que es un disparate; muchas decisiones de planificación cuestionables; lesiones vitales en momentos clave; y, lo que es más grave y muchos pasan por alto, un vestuario que ya no es el que era y que tiene varias manzanas podridas que lo están enturbiando (el hecho de que el presidente no criticara a Sucic, al ser preguntado por su situación, es lo suficientemente revelador del trato que ha dispensado a su técnico). Porque es evidente que, como sucedió con Asier Garitano, la plantilla no ha querido sustentar a su entrenador y ha bajado el pulgar cuando le ha preguntado el presidente. Si no, cómo se puede entender que le hayan fulminado de esa manera, cuando unas horas después y en la misma semana afrontan un duelo a vida o muerte en la Copa y el sábado se juegan el billete para unas navidades algo más tranquilas en el maldito campo del Levante. Ni han confiado ni confían lo más mínimo en él. Y hay pocas situaciones más agobiantes y engorrosas que estar en un puesto de máxima responsabilidad y percibir que tu jefe no cree en ti. Más aún cuando se supone que te ascienden para tomar decisiones rompedoras y renovadoras.

En fin, gracias Sergio por tu cariño al club, tu dedicación, tu cercanía y tu exitosa trayectoria hasta cumplir tu sueño. Ni tu peor enemigo podía haberte preparado un guion tan maligno como entrenador de la Real. Y disculpa porque en el fútbol ya no caben más cafres y listillos, que te ponen bajo sospecha solo por ser una buena persona. La normalidad se encuentra infravalorada. Una pena. Solo espero y confío en que el club sí esté a la altura tras tu marcha y no filtre descalificaciones como ya hizo para justificarse con el inesperado despido de Garitano. Llegados a este punto y viendo el devenir de los acontecimientos, es un buen momento para recordar una declaración de Aperribay que va a envejecer mal: “Porque uno sea guipuzcoano no tiene que ser peor que porque uno sea alemán o porque sea de otro lugar. Yo creo en la gente capacitada, en la gente que trabaja, en la honestidad de las personas y Sergio durante estos ocho años ha demostrado todo eso a la Real”. Se comentan solas. Si pretende hacer una limpia, es mejor traer a uno de fuera, pero no me digan que lo normal hubiese sido actuar al revés, fichar a un foráneo y si no funciona, recurrir a uno de casa. Digo yo…

Aperribay se ha encomendado de momento a su hijo pródigo, Ion Ansotegi. Que tampoco se puede considerar su ángel de la guarda al marcar aquel milagroso gol contra el Salamanca previo a la Junta en la que se hizo con el poder, lo que transformó el Velódromo en una caldera. El de Berriatua es de la cuadrilla de toda la vida de Jagoba Arrasate, un caso único a añadir a la edad de oro de los entrenadores guipuzcoanos, aunque estos sean vizcainos de nacimiento (tiene gracia que ahora nos pongamos a buscar fuera). Ya solo falta traer de vuelta en verano al técnico de Mallorca y regresar a la casilla de salida. Yo eso sí que lo firmaría, pero sería algo coherente, y la actual era txuri-urdin hace tiempo que se encuentra en una dimensión muy alejada de la cordura. Que sea lo que Dios quiera. Y que gane nuestra Real, la de toda la vida. Siempre. ¡A por ellos!