Tribuna de prensa

Real Sociedad | Tribuna de prensa de Marco Rodrigo: Ganar en Cádiz, palmar en Albacete

26.09.2021 | 00:38
Karpin pugna con Peña, futbolista del Albacete, durante el partido que la Real perdió en el Carlos Belmonte en octubre de 2003.

En 2003, la Real subccampeona empezó a autodestruirse en vísperas de una doble salida: Carlos Belmonte y Delle Alpi

Imaginen. Un miércoles cualquiera, en torno a mediodía, la página web de la Real anuncia de repente la alineación de Imanol para el partido del sábado. Y el oriotarra se explica en rueda de prensa dos días después, ya en vísperas del encuentro. "Antes de que los jugadores os dieran el once, os lo decidí comunicar yo mismo", dice el oriotarra a los periodistas, insinuando filtraciones desde el vestuario. En pleno 2021, en la era de la tecnología, de las redes sociales y de noticias que crecen al instante como bolas de nieve, se montaría ipso facto la de San Quintín. Elucubraciones respecto a posibles chivatos, debates llevados al extremo, fricciones entre los defensores de este y de aquel... Menos marejada hubo en octubre de 2003, cuando lo relatado sucedió de verdad, con Raynald Denoueix como protagonista. Pero, visto con la perspectiva que da el tiempo, también tiene toda la pinta de que aquello empezó a desangrar al equipo que poco antes había sido subcampeón de Liga, y que olía ya la visita al mítico Delle Alpi de Turín.

Antes de jugar contra la Juventus tocaba pasar por Albacete. Y, de cara al duelo en el Carlos Belmonte, el técnico francés comunicó el equipo titular con 72 horas de adelanto. Un equipo titular muy titular, valga la redundancia: Westerveld; López Rekarte, Kvarme, Schürrer, Aranzabal; Karpin, Xabi Alonso, Aranburu, De Pedro; Nihat y Kovacevic. Es decir, la escuadra de gala que había rozado la gloria en Balaídos, con permiso de Igor Jauregi. El partido ante un recién ascendido, presentando además semejante once, parecía un mero trámite, pero a la Real le faltó en tierras manchegas lo más importante de todo: mentalidad competitiva. Perdió 3-1, igual que cayó luego en Italia (4-2).

El varapalo europeo escoció. Y escocieron también los experimentos de Denoueix para hacer frente a los Buffon, Thuram, Trezeguet y compañía: Westerveld; Potillon, Jauregi, Schürrer y Aranzabal en defensa; trivote compuesto por Xabi Alonso, Aranburu y Karpin; bandas para Lee Chun-Soo y Gabilondo; y Kovacevic solo en punta. "Estoy muy jodido. Hemos practicado un gran fútbol para llegar hasta la Champions, pero no podemos ganar si no jugamos con nuestro mejor equipo", se quejó el portero neerlandés tras la derrota.

Y así, señoras y señores, es como una Real que a muchos nos había hecho soñar con la Liga de nuestras vidas se autodestruyó en cuestión de días, todavía con una temporada casi entera por delante. Sirva el recordatorio para comparar lo sucedido hace 18 años con la trayectoria actual del equipo. Con más bajas que en la guerra, arrastrando un verano de locos para varios de sus futbolistas sanos e inmerso ya en la exigencia que implica jugar cada tres o cuatro días, el conjunto de Imanol avanza convertido en una máquina de competir, sin importarle las circunstancias. Me acordé de lo de Albacete durante los días previos a la visita al Cádiz, hace dos semanas. Esperaba el estreno europeo en Eindhoven, a la vuelta de la esquina. Quedaba atrás uno de esos parones internacionales que despistan a cualquiera. Pero los blanquiazules completaron una actuación más que solvente en la Tacita de Plata y se trajeron los tres puntos a casa. Luego, sin el menor atisbo de resaca, plantaron cara a todo un PSV, obteniendo un buen empate como botín.

Me encanta la plantilla que ha formado la Real. Soy un declarado admirador de la capacidad de Imanol Alguacil como entrenador en el máximo nivel. Y cualquiera que me haya leído tres o cuatro artículos sabrá que un servidor gusta de buscarle a los resultados motivos tácticos que los expliquen. Sin embargo, un simple vistazo a la alineación txuri-urdin que se la pegó en Albacete sirve para detectar que, en esto del fútbol, la calidad o la pizarra no lo son todo. El club progresa de forma indudable en ambas facetas, como en otras muchas. Pero también parece claro que el cambio más importante se ha dado en una instancia superior: las cabezas de futbolistas, técnicos y dirigentes. El derechazo de Aritz en Granada, reventando el balón en la frontal partiendo desde el lateral diestro, representa esa renovada mentalidad que ya ha aportado un título y que apunta a depararnos muchas más alegrías. El jueves se disputa en Anoeta un partido de los gordos, contra el Mónaco. Pero antes hay que recibir al Elche esta tarde... ¡Goazen equipo! No me dejes mal.

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