El mejor fichaje de la historia

Se llama profundidad y hacía años que la Real no la disfrutaba. El derbi se equilibró y los txuri-urdin recurrieron a ella para cambiar de registro y llevarse la victoria

10.02.2020 | 06:27
Portu pide el balón en presencia de San José, ayer en Anoeta.

donostia - Cuando debes atacar a un rival puedes intentarlo de diversas maneras. Buscas avanzar por dentro, tratas de hacerlo por fuera, pones balones largos... Dominar todas las vías te acerca a ser un equipo ofensivamente perfecto. Únicamente te acerca. Y es que la realidad dice que los equipos perfectos no existen. Esta Real Sociedad vive el momento que vive porque no se mueve mal en ninguno de esos contextos. Porque es capaz de explorarlos todos en un mismo partido. Y porque esto le otorga un carácter imprevisible cuyos beneficios resultan hoy notorios. Que se lo pregunten si no al Athletic. Los de Gaizka Garitano se vaciaron ayer para contener de inicio a los txuri-urdin. Llegaron a equilibrar un encuentro de superioridad local en el arranque. Y generaron así un panorama que llevó a la escuadra de Imanol a cambiar el chip. Minuto 55. De repente, un par de envíos largos y frontales. Y un partido que adquiría tonalidades rojiblancas volvía a inclinarse del lado local. Bendita metamorfosis. La protagonizó el equipo gracias a la profundidad, esa profundidad que echábamos de menos durante los últimos años. El mejor fichaje de la historia.

BUEN INICIO Comenzó el derbi y la disposición de los jugadores sobre el verde confirmó lo apuntado por la hoja de alineaciones. Pocas dudas existían respecto a la Real. Alguna más sobre lo que haría el Athletic, aunque Gaizka Garitano terminó haciendo buenos los pronósticos. Colocó a los suyos en un claro 4-4-2 de piezas renovadas, porque necesitaba pulmones y piernas para poder apretar relativamente arriba. Y, en una decisión importante, eligió que esa presión media implicara soltar a un extremo a por un central txuri-urdin. ¿Lekue o Ibai Gómez? Escogió al primero. Es decir, escogió dejar libre a Aihen Muñoz para atosigar el origen de los ataques blanquiazules. En su afán por incordiar a Le Normand, Zubeldia y Guevara, Kenan Kodro y Villalibre necesitaban a un tercer socio. Lo tuvieron. Pero esto permitió a los locales encontrar bastantes superioridades durante la primera media hora, siempre en función de lo que hacía el mencionado Lekue.

DE MÁS A MENOS Si presionaba a Le Normand, el propio Aihen quedaba solo junto a la línea de cal y se convertía en un buen nexo con los futbolistas más ofensivos. Si por el contrario fijaba a nuestro lateral izquierdo, las citadas superioridades aparecían dentro. Lástima que la Real no supiera traducir ninguna de ellas ni siquiera en una ocasión clara. Porque fue mejor durante esos 30 minutos iniciales. Y porque siéndolo pudo ejecutar además una eficiente presión tras pérdida que le otorgó posibilidades claras de transición. Tampoco las aprovechó, manteniéndose el cero a cero inicial y dándose así pie a que el Athletic comenzara a conseguir poco a poco un contexto más favorable. La circulación de balón txuri-urdin perdió claridad. Se sucedieron un par de precipitaciones que restaron ritmo ofensivo a los de Imanol. Y la contienda se marchó al descanso envuelta en disputas divididas, segundas jugadas y ataques vizcainos cada vez más frecuentes. La balanza se había equilibrado.

CAMBIO DE CHIP Cuestión de actitud. También de tener cabeza. El Athletic debía seleccionar bien sus fases de presión alta. Y evitar abusar de ellas, porque ante un rival como el txuri-urdin el partido podía hacérsele muy largo. Garitano decidió que ese paso adelante tocaba darlo en el segundo tiempo. Ahí está la jugada del primer gol como perfecto ejemplo. Álex Remiro esperó entre cinco y diez segundos con el balón en los pies, mirando al horizonte en busca de hombres libres. Apretaba fuerte el rival. Lekue estaba con Le Normand. Capa se disponía a saltar a por Aihen. Y Unai Núñez tuvo así que encimar a Oyarzabal, dejando libre a Isak. La paciencia del portero navarro sirvió para encontrar solo al sueco. Y un puñado de segundos después la Real estaba celebrando el 1-0 de Portu. Dentro de su superioridad inicial, le había faltado algo de precisión para adelantarse en el arranque. Pero rara es la vez en que esta Real carece de profundidad cuando vas a buscarle bien arriba. Sus dos últimas actuaciones, Bernabéu y derbi, Madrid principalmente, han supuesto clínics sobre cómo superar líneas desde el guardameta. Recursazo.

LA RESOLUCIÓN Se torció la cosa con ese error de Guevara que costó el empate. Sin embargo, y pese al momentáneo 1-1, el panorama general no suponía una mala noticia en clave blanquiazul. El partido estaba abierto. Y el pasado mercado veraniego sirvió para incorporar esa trascendental capacidad para correr a la espalda de la defensa rival. Isak. Portu. Odegaard el lanzador, ayer ausente y relevado por Januzaj en semejante papel. Profundidad, en resumidas cuentas. No tiene nombre mediático. Ni cara. Ni dorsal. Pero uno se imagina a Roberto Olabe y a Jokin Aperribay presentándola en sociedad, en la sala de prensa de Anoeta. "Gracias, profundidad, por haber aceptado la oferta y estar entre nosotros". ¿Cuánto dinero ha costado obtener su traspaso? Poco importa. Sea la cantidad que sea, barato nos ha salido.