Auritz, memoria pirenaica

17.09.2021 | 08:57
Auritz, memoria pirenaica

Este mes se ha cumplido el 20 aniversario del atentado contra las torres gemelas de Nueva York. Es un episodio que pertenece a la historia de EEUU, que de algún modo lo retrata, que nos representa y remite a ese país. Como la estatua de la libertad. O el recuerdo de la guerra civil entre el norte y el sur, con el trasfondo del esclavismo. O la masacre de Wounded Knee y el genocidio de los indígenas americanos. O las andanzas de Al Capone...

Estos lugares de memoria, como observó el historiador Pierre Nora, nos permiten acercarnos al pasado y a la identidad de esa nación. Su significado ofrece una visión de cada época, y en ello representa los conflictos, valores y cualidades que los han conformado. Lamentablemente, conocemos con más detalle y profundidad la sociedad americana (para eso tienen su literatura, su industria cinematográfica...) que la nuestra propia.

En ese sentido uno de los territorios más significativos de nuestro país es la montaña pirenaica. De hecho, esa denominación, pirenaica, ha servido para identificar buena parte de nuestras instituciones, atribuciones o características. "Feliz Navarra si se defendiese con sus montañas...", decía Dante Aligieri. El Pirineo ha sido el eje de vertebración de nuestro ámbito territorial, que se distribuye a ambos lados de la divisoria de aguas, que vierten hacia el Atlántico o el Mediterráneo y dibujan una geografía climática, paisajística y vital.

Así, la construcción jurídica que desarrolló el pueblo vascón se conoce como Derecho Pirenaico, y recoge figuras tan emblemáticas como los fueros, o el auzolan, u otras costumbres arraigadas que atañen al pacto, la casa, la herencia... El Tributo de las Tres Vacas, el acuerdo histórico documentado más antiguo de Europa, que se celebra cada año junto a la Piedra de San Martín, pertenece a este acerbo cultural.

En la montaña pirenaica encontramos lugares de memoria que identifican a nuestro pueblo. El pastoreo ha sido actividad central de nuestros antepasados durante milenios, y en esos montes descubrimos los monumentos megalíticos que lo atestiguan. La batalla de Orreaga o Errozabal (que de hecho fueron varias, años 778, 812, 824...) nos remite a la literatura medieval europea (la Chanson de Roland), pero también a Eneko Aritza, origen del reino de Pamplona, germen de la institucionalización y la independencia del Estado navarro.

El Camino de Santiago es otro de los referentes de esta comarca. Un camino que no empieza en Roncesvalles, como sostiene la versión oficial, sino que entra en Navarra por Donapaleu, Izura, Garazi, y sube el Pirineo para seguir hasta Lizarra o Viana. Si bien hoy conoce una actividad más turística que religiosa (que también), lo cierto es que históricamente ese flujo ha traído mucho más que caminantes o experiencias espirituales. Con el argumento de su significado místico, por esa vía ha entrado todo tipo de influencias europeas, económicas, culturales, sociales, arquitectónicas... Es curioso el detalle de la cantidad de músicos esculpidos que adornan los dinteles de las iglesias románicas de todo el recorrido navarro. La música, como otras tendencias culturales, llegaba y se difundía con los peregrinos.

La presencia romana tiene su lugar en los Pirineos. Las recientes excavaciones en Zaldua parecen sugerir el emplazamiento de la antigua ciudad vascona (romana) de Iturissa.

La paradoja que atañe a la montaña pirenaica es que los estados que ocupan nuestro país han emplazado una frontera en medio. En lo alto de la cordillera. Y el imaginario español (o francés) nos dice que ahí se divide el mundo. "Europa termina en los Pirineos"; "Santiago y cierra España" y otros tópicos y expresiones nos recuerdan esa frontera natural que son los Pirineos. Pero es falso. De eso nada. Los montes son un lugar natural de tránsito. De sobra sabemos que es más sencillo cruzar la montaña que los ríos (ya que hemos hablado de la cinematografía yanki, recordemos las películas bélicas que giran alrededor de la destrucción de un puente para bloquear un ejército). La montaña siempre ha sido un espacio de unión; el pueblo que habita a ambos lados de la frontera es vasco-navarro. Usa la misma lengua, euskara. Los mismos mugalaris; el contrabando. La montaña fue el camino de libertad de la red Comête; el resquicio de infiltración de maquis y guerrilleros.

Por ahí preveía Franco el ataque de los aliados si ganaban la IIª Guerra Mundial; y por si acaso sembró la montaña de bunkers y zulos defensivos.

El día 25 de este mes, septiembre, la casa de cultura de Auritz/Burguete acoge una jornada dedicada a comentar estos lugares de memoria que nos identifican; que relatan nuestra cultura, territorio y patrimonio. Xabier Irujo, Koldo Zuazo, Juan Mari Mtz Txoperena, Peio Iraizoz... Nabarralde Fundazioa y el Ayuntamiento de Auritz organizan este interesante evento. No te lo pierdas.

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