Tribuna abierta

Xabier Arzalluz. Dos años.

21.02.2021 | 00:40
Xabier Arzalluz. Dos años.

Arzalluz era el líder que les pedía a los jóvenes dos apuestas: "Euskera y tecnología". Euskera no solo como idioma, sino como genio civil identitario y tecnología como pueblo abierto a los cuatro vientos para progresar. Esa era la Goma 2 que proponía mientras HB alimentaba los comandos y otros "socializaban el sufrimiento"

Mitxel Unzueta en enero. Xabier Agirre en febrero. Arzalluz hace dos años. Los romanos tenían un altar a los diversos lares, a sus antepasados. Los chinos también. Nosotros casi vivimos de espaldas a nuestros difuntos, aunque nos golpeen sus fallecimientos. Hoy quiero recordar uno, sin olvidarme de Xabier Agirre y Mitxel Unzueta.

El 28 de febrero de 2019 falleció Xabier Arzalluz. La semana que viene se cumplirán dos años de su silencio. El EAJ-PNV actual no se entendería sin él. Con sus luces y sombras, con su increíble capacidad de encandilar a quienes le escuchaban, con su interés en hablar para ellos, no para los periodistas presentes en las inauguraciones como él les decía; con su voluntad de ser "el perro del caserío" guardando la "casa del padre". Un político que leía semanalmente Der Spiegel pero recordaba que todos tenemos las abarcas del abuelo colgadas en la puerta del caserío. El diputado con el más impactante y mejor discurso de la legislatura constituyente. Un europeísta de vanguardia buscando que la estrella vasca estuviera en la bandera. Un trabajador de lo social que inquietó a una ELA que le pidió se ocupara solo de lo político en 1976 y él se negó a ello. El concientizado profesor que en 1968, tras la invasión de la URSS a Checoslovaquia y el primer atentado de ETA, dio el paso de comprometerse en pleno franquismo con una causa y un partido del que la falsa modernez decía que era un recuerdo del pasado. El intelectual que escribía tan bien como hablaba. El líder que les pedía a los jóvenes dos apuestas: "euskera y tecnología". Euskera no solo como idioma, sino como genio civil identitario y tecnología como pueblo abierto a los cuatro vientos para progresar. Esa era la Goma 2 que proponía mientras HB alimentaba los comandos y otros "socializaban el sufrimiento". El burukide que se adelantaba en el ataque para poner a la defensiva a los demás. El hombre respetuoso con el pasado de una organización eje del país y que fomentaba la autoestima de la misma por haber tenido siempre la brújula bien imantada.

Vivimos inmersos en una ultramodernidad acelerada y enloquecida sometida al mínimo esfuerzo y eso reduce nuestra memoria y nos dificulta interpretar el futuro. La desmemoria y la ignorancia limitan nuestra sabiduría. Nos decía que para cambiar el mundo hay que comprenderlo y el mundo ha cambiado y tenemos que volver a comprenderlo. También dicen que una persona muere de verdad cuando no se le recuerda y creo que la mejor manera de hacerlo es a través de lo que dejó escrito. Ahora todo es internet y cada vez se edita menos. Pero lo editado queda. En El Corte Inglés no hay una sola oferta de ningún libro de un político vasco y si lo hay está escondido. Él era partidario de escribir y de editar. La falsa modernidad deja el libro de lado pero el libro volverá a ser subversivo. Afortunadamente Deia recopiló los artículos publicados entre octubre de 1984 y febrero de 1986. Están agrupados en seis grandes capítulos. El primero lo dedica a Reflexiones sobre la Historia Vasca. Son diez. Comienza hablando de Nuestros Hombres en Lausanne y termina con el ejemplo que dio el Lehendakari Agirre, pidiendo a los jóvenes que conozcan lo que hizo. Comenta hitos de los siglos XVII y XVIII. Al autor le llaman especialmente la atención personalidades como el jesuita Manuel Larramendi y el ilustrado Xabier de Munibe. El segundo lo dedica a la política Internacional. El tercero a la Transición en la que fue protagonista, el cuarto a la "política Cotidiana", el quinto a Nacionalismo e Ideología y el sexto al Túnel de la Violencia. Son 56 trabajos, 56 lecciones de vida y de orientación ideológica en solo año y medio. Pero es que Arzalluz lo escribía todo. Desde la ponencia política e internacional de 1977, los comunicados del EBB, las reflexiones el día de Aberri Eguna y todos estos artículos y crónicas que comenzaron en la revista clandestina Alderdi, tamaño Selecciones del Readers Digest con seudónimo, al último un año antes de fallecer.

Entresaco del libro algunos párrafos como éste:

"Recuerdo que allá por los años 1976-77, intensa época de mítines, andaba yo de pueblo en pueblo propagando, en nombre de mi partido, la participación en el proceso político de la transición. Nos decían que en Madrid no se nos había perdido nada. Recuerdo haber dicho con frecuencia. "Nos toca jugar en campo ajeno y con árbitro casero". Y me refería al poder judicial en su más alta instancia. Cuanto menos democrático es un régimen, tanto mayor es su empeño por domesticar y tener a su servicio la judicatura".

Otro. "Cómo llama mi atención la última revolución del radicalismo marxista-abertzale que busca desesperadamente modelos en Nicaragua o Cuba. En el frescor del Caribe, como dice un anuncio estúpido. Donde no hay salvajes ni frescor. Mimetizando situaciones extremas de analfabetismo, miseria y opresión, que nada tienen que ver con las condiciones de este rincón de Europa, por muy azotado que esté por la crisis económica. Les queda esa vocación de control, arrogancia y dogmatismo. Han dejado de analizarse para dirigir su microscopio hacia nosotros. Contra quienes nunca creímos en dogmas tejas abajo. Contra quienes seguimos pensando que la justicia y la libertad son valores a rescatar día a día sin fórmulas estereotipadas, sin arrogancias de perdonavidas y sin complejos de progresía".

De Lehendakari Aguirre opinaba: "Aguirre es ejemplo de entrega a una causa. De la supremacía de los principios sobre cualquier tentación de oportunismo político. Aguirre conoció intentos revolucionarios, pero apostó por la libertad. Le acosaron los violentos, pero fue fiel al diálogo y a un modo humano de hacer las cosas. Compartía el ideal de su partido y su aspiración a la soberanía plena de Euzkadi sobre sí misma. "Se lucha por la liberación nacional y se lucha por la liberación social". "Guardad una disciplina férrea". "Sólo a través de nuestra libertad, sólo restaurada nuestra personalidad, sólo a través de nuestra voluntad como pueblo, sólo a través de un orden vasco, podremos participar en el futuro en más amplios espacios políticos. Buscaba la reconstrucción de su pueblo. Creía en una labor colectiva de liberación, a partir de una voluntad colectiva. Hoy más que nunca es necesario que las nuevas generaciones de vascos conozcan a Aguirre. En sus libros, en sus conferencias, encontrarán un estilo humano y cristiano de encarar los problemas más agudos de la vida pública. Lejos del odio y de la tentación de la pistola. Lejos de la manipulación y del maquiavelismo. Lejos de la bravata o del papel de mártir suscitando la compasión colectiva como arma política. Aguirre es el mejor ejemplo, no sólo de entusiasmo y de vitalidad, sino de fe en una causa, de esperanza en el futuro en medio de los más sombríos nubarrones".

Y no se olvidaba del Lehendakari Leizaola. "Tenemos entre nosotros al Lehendakari Leizaola, como una roca. Con la mente lúcida, entera, repleta. Firme y fresco como un abedul. Con el estómago como una caldera de remolcador. Lo sabe todo. Recuerda todo. Leizaola heredó la decepción colectiva y el ostracismo político. Veinte años con las manos atadas manteniendo el testigo de la legitimidad. Hasta que murió el dictador y comenzó un nuevo período político. Uno tras otro murieron todos sus compañeros nacionalistas miembros del Gobierno Vasco. Y Dios le dio larga vida para entregar el testigo a Carlos Garaikoetxea en Gernika en 1979. Frente al activo Aguirre, al temperamental Irujo o al duro y tenaz Ajuriaguerra, Leizaola pasa por "avefría". Pero Leizaola no fue sólo el político cauto, ordenado, acostumbrado a la objetividad y al metódico curso procesal de los expedientes. Es además un poeta sensible. Hombre de una profunda afectividad, soterrada en una amplia percepción del sentido de la Historia. Un contemplativo e intérprete de la Historia. Imperturbable. Leizaola, en su ancianidad, es como una roca azotada por el mar. Cristiano, occidental, demócrata, honesto y conciliador".

Mucha gente los guarda como oro en paño. El epílogo del libro 'Entre el Estado y la Libertad' lo escribió el Lehendakari Leizaola. Sentenció así: "Para mí, los artículos de Xabier Arzalluz demuestran, en primer lugar, que nos encontramos ante una pluma extraordinaria. Llena de sensibilidad, de contenido ideológico y, sobre todo, de un encomiable sentido de la responsabilidad".

Todavía hay muchas reflexiones a recuperar de Xabier Arzalluz. Los trabajos están. Mi hermana Maitena me ha transcrito más de un centenar. Solo hace falta ordenarlos por temas, como se hizo en 1984 y dar a las nuevas generaciones gasolina para su motor abertzale. ¿Quién lo hace?