Colaboración

Una frase resumen que escuece

18.02.2020 | 09:57

He tenido que retrotraerme a la Edad Media para encontrar una frase que resuma el último despropósito de de la Corte Europea de Derechos Humanos: Justicia sin misericordia es crueldad. Su autor, santo Tomás de Aquino. ¿A qué se debe el giro doctrinal operado por la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos? Porque ya ocurrió en 2017 que España fue condenada por la devolución de dos ciudadanos africanos a Marruecos al violar diferentes acuerdos internacionales de los que España formaba parte, como la Convención de Ginebra, y como marcaba la Ley de Extranjería vigente en ese momento. La Corte concluyó entonces la prohibición de los retornos colectivos obligando a España a garantizar el derecho de recurso efectivo de las personas devueltas e indemnizar a cada uno de ellos con 5.000 euros. El entonces ministro del Interior, Jorge Fernández (PP), justificó la expulsión con una pirueta hipócrita diciendo que no fue una devolución en caliente sino un "rechazo en frontera". De seguido, España devolvió sumarísimamente a 658 personas en las fronteras de Ceuta y Melilla sin aplicarles ninguna de las protecciones y garantías de la legislación de extranjería del Estado. El gobierno de Sánchez hizo lo mismo, apenas dos meses tras tomar posesión, cuando devolvió de forma sumaria en la valla de Ceuta a 27 inmigrantes. Y nada sabemos de lo que hizo en 2019. Ahora, la Corte de Justicia europea anula su condena a España de 2017 por estas prácticas y considera que aquellos dos inmigrantes denunciantes "se pusieron ellos mismos en una situación de ilegalidad al intentar entrar deliberadamente en España por la valla de Melilla". A tenor del artículo 46 del Convenio Europeo del Derechos Humanos no queda otra que acatar el fallo aunque se pueda retrasar la ejecución de la sentencia por las posibles dudas de interpretación legislativa que requieran más tiempo. Esta realidad se multiplica en el caso de Italia y de Turquía, Estado este que tapona previo pago UE la entrada de más de tres millones de personas. La Unión Europea se afana en las materias primas de África inconsciente de la bomba de relojería que supone no actuar con justicia en el origen colonial del problema. Justicia sin misericordia es crueldad. No puedo olvidarme de la tragedia ocurrida en Tarajal en 2014. Allí murieron 15 inmigrantes en la orilla, presuntamente tras la utilización de material antidisturbios sin aparente proporcionalidad de varios guardias civiles cuando los subsaharianos se encontraban en el agua tratando de eludir a nado el muro que separa Marruecos de Ceuta; la Guardia Civil lo desmintió con arrogancia pero las grabaciones no dejaron lugar a dudas. Tras cinco años de instrucción, la magistrada del caso procesó a 16 agentes por homicidio imprudente y denegación de auxilio. Pero apenas un mes después archivó la causa al aplicar la doctrina Botín: como la Fiscalía y la Abogacía del Estado no acusan, y no había acusación particular, no se puede seguir adelante... Todavía a finales de 2018, la comisaria de Derechos Humanos europea, Dunja Mijatovic, se mostraba muy crítica con la vigencia de las expulsiones en caliente, que el Gobierno del PP introdujo en la "ley mordaza" (2015). Pedro Sánchez mantuvo el recurso ante Tribunal Europeo de Derechos Humanos tras la condena a España por la deportación exprés de aquellos dos inmigrantes. La comisaria reclamaba al ministro Marlaska que, de inmediato, proporcionase a la Guardia Civil "directrices claras y de obligado cumplimiento" sobre cómo actuar cuando intercepten migrantes en las fronteras españolas norteafricanas "respetando plenamente los estándares internacionales en materia de derechos humanos". ¿Por qué este cambio brusco de criterio? Desde que se instauró la opción de revisión de sentencias, tan sólo se han aceptado 110 de las solicitudes, un poco más del 5%. La Unión Europea ha ido tomando una deriva claramente contradictoria con sus principios fundacionales contenidos en el viejo Tratado de Roma que alumbró el Mercado Común. La controversia entre la llamada Europa de los mercaderes o la Europa de los ciudadanos se ha ido decantando en favor de la primera mientras que las evidencias muestran las políticas restrictivas, tanto en lo social como en lo fiscal, lo cual propician el aumento de las desigualdades; cada vez con menos sonrojo. Y cada vez escuece menos la frase de Tomás de Aquino.