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Talgo, Uvesco, Ibermática, Papresa... A vueltas con el arraigo

Parece que se ha instalado una carrera por el arraigo y por tratar de recuperar empresas que hace años se nos fueron y pasaron a otras manos

Talgo, Uvesco, Ibermática, Papresa... A vueltas con el arraigoN.G.

La actividad económica se caracteriza por sus situaciones cíclicas que responden a la conjunción de determinados factores e intereses coincidentes en la misma dirección y en el mismo tiempo y que propician unos cambios de escenario que dan lugar a la aparición de nuevos actores que hasta ahora eran desconocidos.

Es evidente que asistimos a un cambio de ciclo por parte de los fondos de capital riesgo que están deshaciendo sus posiciones en aquellas empresas en las que tomaron importantes participaciones hace algunos años y que ahora están rentabilizando sus inversiones al acabar el periodo de exposición fijado por las gestoras. En Euskadi, estamos viendo desde hace poco tiempo una cascada de desinversiones que comenzó con Talgo, siguió con el Grupo Uvesco y ha continuado con la división tecnológica de Ayesa, la antigua Ibermática, para terminar con Papresa.

Por el contrario, no se está registrando la entrada de fondos de capital riesgo en nuevas empresas, lo que significa que las compañías vascas ya no están en el radar de los objetivos de las gestoras, con lo que se está propiciando la entrada de inversores industriales que ofrecen más estabilidad y arraigo de las firmas.

Y este escenario de desinversión coincide con una operación de “repatriar” empresas que hasta ahora estaban bajo control foráneo con el fin de arraigarlas nuevamente en el país, en algunos casos desde el señuelo de que cuentan con un importante carácter estratégico que se ha ido desvaneciendo con el transcurrir del tiempo. El traslado de sus centros de decisión fuera de Euskadi durante un largo periodo de tiempo, por mor de unos intereses que nada tienen que ver con los que ahora se proclaman, ha hecho que ese atractivo se haya devaluado con el tiempo.

Parece que se ha instalado una carrera por el arraigo y por tratar de recuperar en el más corto plazo de tiempo posible aquellas empresas que hace años se nos fueron y pasaron a otras manos, -en algunos casos como consecuencia del consentimiento, la inacción o la desidia-, a la que habría que aportar alguna dosis de racionalidad y análisis coyuntural porque los tiempos generan grandes transformaciones y las empresas dejan de ser las mismas.

El regreso de Ibermática

Es lo que está pasando con la división tecnológica de Ayesa, la antigua Ibermática, cuya adquisición pretende el consorcio formado por la Fundación BBK, Kutxabank, a través del fondo Indar, y el Gobierno Vasco, por medio de sus diferentes vehículos inversores, en dura competencia con la gestora de capital riesgo estadounidense Blackstone, —que es el mayor gestor de activos alternativos del mundo—, que han valorado la compañía según las ofertas vinculantes presentadas esta semana, entre los 400 y 500 millones de euros.

Sorprende que en este consorcio vasco no esté Kutxa Fundazioa, cuando la antigua Ibermática, cuya sede está en Donostia, es una empresa desde su origen en 1973 muy vinculada a las cajas de ahorro guipuzcoanas que con su apoyo y la inversión realizada, en la que también participaron otras entidades financieras y la ONCE, le dotaron de un liderazgo en el sector de las tecnologías de la información hasta el punto de situarse en los primeros lugares en el mercado estatal y tener una presencia internacional muy importante, sobre todo en Sudamérica.

La vinculación de Ibermática con las antiguas cajas de ahorro guipuzcoanas es tal que tanto Kutxa como Vital, como entidades independientes, compartían la misma plataforma informática operativa, que tuvo un gran reconocimiento en el sector por su eficiencia e innovación, mientras la BBK nunca quiso participar en esta tecnología y creó su propia sociedad informática y su propia aplicación tecnológica denominada Besaide. Paradojas de la vida, parece que ahora, más de una década después, la misma BBK, —ahora como fundación—, reconoce el “error”, al mostrar su disposición de adquirir la antigua Ibermática.

Es pertinente saber por qué Kutxa Fundazioa se enteró por los periódicos de la operación promovida por la Fundación BBK, para adquirir Ibermática, y días después fue interpelada, no sin cierta premura, para conocer su opinión sobre una posible entrada en el consorcio en el que participan la entidad promotora, Kutxabank y el Gobierno Vasco. La propuesta, al parecer, se basaba en una aportación cercana a los 60 millones de euros, con lo que se completaba la cantidad de 300 millones de euros, mientras los otros 200 millones restantes para rematar la oferta de adquisición se canalizaban a través de deuda financiera.

No se entiende que una operación de este calado, que en términos políticos se le está dando un valor semejante a la de Talgo, tal como lo están expresando dirigentes institucionales de este país, se haya gestionado de esa manera, cuando las dos fundaciones son los principales accionistas de Kutxabank: BBK controla el 57% de su capital, mientras que Kutxa detenta el 32% de las acciones y se deduce que, sobre el papel, deben de mantener unos fluidos canales de comunicación.

Habrá que convenir que el precio al que se está dispuesto a pagar por Ibermática se antoja muy elevado teniendo en cuenta que en 2022 fue comprada por Ayesa por 160 millones de euros y hoy se quiere vender por 500 millones. Entre tanto, habrá que colegir que en los 12 años que Ibermática ha dejado der ser vasca, para convertirse en madrileña y luego en sevillana, ha perdido valor y posicionamiento, porque el deterioro ha sido constante desde que fue vendida a ProA Capital. A ello hay que añadir, si hablamos en términos de arraigo, que las personas de peso y con sentido de país que había en la compañía la han abandonado durante todo este largo tiempo.

Habrá que recordar que el fondo ProA Capital, que se hizo en 2013 con Ibermática tras su venta por parte de Kutxabank, tuvo a la empresa tecnológica vasca durante algunos años con el cartel de “Se vende” hasta que apareció Ayesa de la mano de un excargo público bilbaíno que intermedió en la operación, lo que indica hasta qué punto la empresa se había devaluado y había dejado de tener interés en un sector tan estratégico como las tecnologías de la información. Teniendo en cuenta esta realidad, algunos plantean la posibilidad de que los 500 millones de euros que el consorcio vasco está dispuesto a pagar por “repatriar” Ibermática bien podrían ser invertidos en otras empresas más innovadoras y con un mayor desarrollo tecnológico que se hallan ubicadas en Euskadi y que se han constituido en referentes mundiales en su sector.

Papresa

Y hablando de arraigo y de empresa estratégica, sorprende que nadie haya reparado todavía en la empresa Papresa, cuyo propietario, el fondo alemán Quantum Capital Partners, está negociando su venta con CL Grupo Industrial, un conglomerado empresarial extremeño que cuenta con una división de fabricación de embalajes y en donde la compañía guipuzcoana puede ser complementaria al contar con una línea de producción vinculada a esta actividad.

En este momento Papresa se puede considerar una empresa estratégica no en vano es el principal fabricante independiente de papel de embalaje del Estado, una materia en pleno consumo ascendente por el incremento que está teniendo el comercio digital y, por el otro, es el único productor de papel prensa del sur de Europa, con lo que mantiene la cesta de actividad muy equilibrada en función de las diferentes coyunturas.

El arraigo de Papresa, la antigua Papelera Española, es tal que, en los años 90 del pasado siglo, ante la falta de futuro y la ausencia de inversiones de su principal accionista, el antiguo Banco Urquijo, los trabajadores se constituyeron en sociedad y adquirieron las acciones de la compañía, convirtiéndose en sus propietarios, lo que supuso uno de los pocos ejemplos en Gipuzkoa, junto con CAF, de empresa participada por sus empleados. Este compromiso de los trabajadores supuso, no solo la salvación de la empresa, sino el mantenimiento de su actividad, hasta que fue comprada por el grupo Alfonso Gallardo, de Extremadura que, posteriormente, lo vendió al fondo KKR, a causa de su crítica situación financiera. Una lección de arraigo y compromiso con el país por parte de unos trabajadores, que creo, sinceramente, es irrepetible en los momentos actuales.