Leyendo en la prensa dominical, más concretamente en el diario El País, un reportaje sobre las elecciones en Castilla y León, donde se fija la mirada en el comportamiento del mundo rural y agrario ante las diferentes ofertas políticas que se presentan al parlamento autonómico, me llama poderosamente la atención una expresión atribuida por el periodista a Ángel Martín, profesor de Sociología de la Universidad de Salamanca y que he utilizado para titular esta filípica dominical.
La geografía del descontento es, en mi opinión, aquella que conforman los pueblos, paisajes, territorios, así como colectivos y personas que se sienten cabreadas, enfadadas por el ninguneo y abandono del sistema y, obviamente, por aquellas instituciones, entidades, partidos políticos y colectivos que esas gentes identifican como miembros natos del sistema que los arrincona.
Precisamente, tal y como recoge el reportaje antes mencionado, el mundo rural y el sector primario son actores protagonistas de esa geografía del descontento, donde las grandes llanuras del centro peninsular son escenario del descontento por el abandono que sufren y sienten en el día a día y por la falta de servicios que dejan sin oxígeno a los pueblitos y sin futuro a su juventud, pero reconociendo que no escapan de esta realidad los pueblitos de la geografía montañosa, incluso en esta nuestra tierra vasca.
Mientras los pueblos del centro peninsular mueren irremediablemente y los pueblos de la montaña sobreviven a duras penas, la población, los servicios y la actividad económica, y con ello el futuro, se van concentrando cada vez más en las ciudades y en conurbaciones urbanas que, cual vampiros, succionan la sangre del territorio rural y lo dejan sin juventud, con la cara pálida y blanquecina, propia de los cadáveres.
Los agricultores, productores en general, los forestalistas y la gente del mar conforman alguno de esos colectivos que se sienten pobladores de la geografía del descontento viendo que son ninguneados por el mercado, maltratados por empresas y cadenas de distribución, y arrinconados, salvo en periodo electoral, por los partidos políticos y los responsables políticos de las instituciones.
Y es por ello, tal y como apunta el profesor Ángel Martín, que aquellos partidos políticos que quieren lograr un éxito electoral rápido no tienen más que acercarse a esos colectivos, empatizar, aunque sólo sea en época electoral, con los problemas que les angustian y, con cuatro lemas y soflamas, constituirse en adalides de la causa, en este caso, rural y agraria.
Arrimarse, aunque sea por interés, al débil, al arrinconado, ninguneado y cabreado es lo que está haciendo principalmente la ultraderecha española, pero ni a mí ni a los vascos en general nos resulta algo novedoso dado que, en nuestra tierra, la ultraizquierda autóctona lleva décadas haciendo algo similar al arrimarse al enfadado, fotografiarse en la pancarta de los perjudicados, empatizar con lemas y soflamas llamativos con los abandonados, etc.
Ahora que están gobernando en los municipios y en lo que vendrá en los próximos años, están cayéndose del pino y comprobando en sus propias carnes que una cosa es predicar y otra, muy diferente, dar trigo.
'Geografía del contento'
Eso sí, frente a la geografía del descontento, también existe la geografía del contento y hoy, 8 de marzo, Día de la Mujer, creo que merece destacar la geografía del contento que conforman las mujeres que lideran el sector agrario vasco, donde están al frente de asociaciones y entidades agrarias y rurales.
Soy consciente del peligro de olvidarse de muchas de ellas pero no quisiera dejar pasar la ocasión para sacar a la palestra el papel de mujeres como Elsa Castillo, presidenta de la cooperativa Kaiku y de Iparlat; Maite Retolaza, presidenta de la D.O. Euskal Sagardoa; Itziar Eizagirre, presidenta de la D.O. Getariako Txakolina; Alejandra Aras, presidenta de BIFE; Edurne Basterra, presidenta del sindicato UAGA; Maite Otaño, presidenta de GILBE; Maider Lopetegi, presidenta de FRUITEL; Miren Garmendia, secretaria general de las cofradías pesqueras de Gipuzkoa, etc.
Sin olvidar, por otra parte, que en la parte institucional la mujer también está notablemente presente con la consejera Amaia Barredo, y las diputadas Arantza Atutxa en Bizkaia y Noemí Agirre en Araba. Casi nada. Aún hay mucho por avanzar pero, reconozcámoslo, se ha avanzado bastante y la mujer comienza a estar donde debe estar.
Ahora bien, finalizo anunciándoles que estas semanas la capital de la geografía del contento es mi pueblo, Legorreta, que está en una nube al comprobar cómo un hijo de la villa, José Ramón Soroiz, ha ganado un Goya con su película Maspalomas, un merecido broche de oro a toda una trayectoria artística en el teatro, cine y televisión, y con una población ufana al ver el orgullo de ser legorretarra que expresa José Ramón cada vez que tiene oportunidad para ello.
Mi reconocimiento y el colectivo para un actor que, humilde donde los haya, lo quieran o no, es, en la práctica, todo un hijo predilecto del pueblo.
Zorionak José Ramón!