Editorial

Deportividad de la UEFA

13.07.2021 | 00:29

La respuesta del Comité Ejecutivo de la UEFA a la petición de ingreso de la Federación Vasca de Fútbol no es sorprendente pero sí reveladora de que el acuerdo que abra esa puerta debe ser político

No ha necesitado la UEFA un análisis exhaustivo de la petición de la Federación Vasca de Fútbol (FVF) para rechazarla como miembro de pleno derecho. En realidad, su respuesta tiene más perfil de resolución administrativa. En ese sentido, la desestimación se limita a constatar circunstancias de procedimiento que ponen el foco directamente donde siempre ha estado: en la necesidad de construir un acuerdo bilateral de naturaleza política que permita que el monopolio formal de la Federación Española (RFEF) deje de ser excluyente. Efectivamente, la FVF no representa a un Estado y está integrada administrativamente en la RFEF. Ambas obviedades no impiden constatar que la propia UEFA no es un organismo en el que tengan representación los estados ni los gobiernos. Igualmente, reiterar a estas alturas que acoge en su estructura a federaciones futbolísticas que no son representativas de Estados es otra obviedad. La recién concluída Eurocopa ha tenido como subcampeona a una selección –la inglesa– que no representa a un estado y en la fase final de la competición han estado presentes otras dos –las de Escocia y País de Gales– cuyas federaciones igualmente son miembros de la UEFA mientras no lo es ningún organismo representativo del Estado del que forman parte, el Reino Unido. El fondo de la cuestión no está resuelto en la decisión del Comité Ejecutivo de la organización europea de federaciones. Tampoco cabe esperar que así sea. El paso dado desde la FVF tiene mucho más de explicitar un estado de cosas que de obtener solución a ella por la vía de los hechos consumados. De la UEFA, como de la FIFA, lo que cabe esperar es que actúe con la deportividad debida y que está en su esencia al aplicarla a los casos citados y a otros existentes –Islas Feroe, Irlanda del Norte–. Lo contrario es lo que debería ser objeto de una explicación difícilmente sostenible jurídicamente. Pero para llegar a este punto, el nudo gordiano está donde siempre ha estado: en la negativa de la RFEF y la falta de voluntad política de los sucesivos gobiernos del Estado a responder a una demanda histórica de oficialidad para la selección vasca. El paso en esa dirección también está dado por parte de la FVF, con la oferta de un diálogo constructivo a la RFEF para una solución consensuada. La próxima propuesta oficial debería llegar a las organizaciones internacionales respaldada por ambas.

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