Ayer vi a dos señoras en una cafetería casi llegar a las manos por coger un periódico, que casualmente era este. Las dos señoras estaban sentadas solas en mesas separadas. Las dos señoras se levantaron casi al instante cuando alguien dejó el periódico de vuelta sobre la barra, con su barrita de madera por el medio que sirve para colgarlo en alguna parte y para evitar sustracciones indeseadas. Casi hizo falta una foto finish para saber quién llegó antes, si debía prevalecer quien puso antes primero el pie o quien fue más veloz con la mano. Podrían haberse sentado juntas para leerlo o comentarlo, pero no ocurrió. La mujer victoriosa, sin gesto de serlo, volvió a su mesa, dio la vuelta a su teléfono móvil y se refugió en el periódico. Se habla mucho de la tele, de la radio, pero pocas veces de la mucha compañía que hace el periódico cuando estamos solos en un sitio público, bien por elección, bien porque la cita que esperas tarda o no llega. Es como si las hojas del periódico te arroparan en la soledad de una tarde fría. Y la tarde de ayer fue muy fría. Y ella parecía realmente interesada en el periódico, pasaba las páginas con mimo, se detenía en algunas y las leía durante un tiempo, como si fuera casi, casi su refugio. La otra mujer volvió a su sitio, a tres mesas de distancia, y se quedó como mirando a la nada y luego al móvil sin cambiar la expresión.
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