Mis hijos y muches de sus amigues están convencides de que la música de Bad Bunny es excepcional. Admiten que quizá no cante bien, pero señalan que su mérito es dar con la tecla y “hacer un temón”. Así que, me guste o no, el compositor portorriqueño se ha convertido en un artista de leyenda en este bonito escenario que estamos dibujando. Ídolo de la juventud de Euskal Herria también. Y supongo que guapo y rompedor, porque fue vestido de Zara a la SuperBowl, el gran escaparate del mundo occidental.
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Pobre periodista obsoleto
Aceptar todo esto resulta complicado para las personas obsoletas como yo, convencidas de que vamos cuesta abajo y sin frenos. Pero tengo que admitir que Torrente nos hacía reír en su día siendo otro producto de calidad dudosa. Los que intentamos justificarlo nos escudamos en la parodia y lo políticamente incorrecto del personaje: feo, sucio y miserable.
Pero quizá no haya tanta diferencia entre nuestros viejos gustos y los que hoy aúpan al artista que quiere marcarles tres dedetes en el “toto” y el meñique (“pinky”) en el culo a las chavalas. Como dice la joven estrella de la música mundial, me tiene “overthinkin”, saber que “Tá’ bellaca”, y que al final “vamo’ a chingar”. “¡Yo lo sé!” Tú lo sabes. Todos lo sabemos: Christine Lagarde nos va a clavar los cinco cuando menos lo esperemos.