Hacía tiempo que la Real Sociedad no vivía una semana mágica en Anoeta como esta pasada que comenzó con la clasificación a los penaltis ante Osasuna y, cinco días después, culminó con un épico triunfo ante el líder Barcelona. Dos partidos de los que hacen afición, de los que la hinchada txuri-urdin ya echaba de menos tras el fatídico arranque de temporada con Sergio Francisco en el banquillo. Al preparador irundarra hay que agradecerle los servicios prestados, sobre todo ejerciendo de hombre de club durante muchos años en Zubieta, pero no dio con la tecla en el primer equipo y no consiguió enderezar el rumbo de una nave que venía navegando a la deriva. No pasa nada por reconocer los errores (mensaje dirigido a la planta noble de Anoeta), pero no deja en muy buen lugar a los jugadores que están dejando entrever que no lo dieron todo a sus órdenes. El futbolista de la Real lo es en las buenas y en las malas y nunca debe escatimar esfuerzos. Ni antes, con Sergio, ni ahora, con Pellegrino Matarazzo. Rino, eso sí, les ha convencido de que son mejores de lo que se creían hace unas semanas. Y esto ha hecho que del pesimismo que había invadido Anoeta se haya pasado a un estado de optimismo que invita a pensar que aún hay mucho por hacer esta temporada con la final de Copa tan cerquita y los puestos europeos de la Liga no tan lejanos. Es cuestión de fe.