Pues resulta que en las redes llevamos días, desde que se estrenó 2026, viendo publicaciones varias sobre qué le paso y qué hizo cada cual hace diez años, en 2016. Ante esta tendencia me planteo dos preguntas y expreso una reflexión. Primera pregunta, ¿y qué importa?. Segunda pregunta ¿si el 2016 no me pasó nada extraordinario puedo echar mano del año anterior o el siguiente?. Y planteo una reflexión. No sé si nos creemos tan estupendas e interesantes como para apuntar lo que nos ocurre cada año por si a alguien le pudiera interesar a futuro. Yo no al menos. Entiendo que si en 2016 falleció alguien querido, nació tu hija o tu hijo, te contrataron en la NASA o te tocaron 14 millones en la Primitiva, te acuerdes. Pero si lo que has hecho, casi los 365 días con ligeras variaciones, ha sido levantarte, ir a currar, salir a dar una vuelta, disfrutar de tus vacaciones y mentar a lo más barrido cuando se te rompe la caldera, no sé yo como una se puede acordar de lo que le pasó. Por lo que, con perdón, dudo mucho de que lo que todo lo que se cuenta sea verdad. Puestas a inventar, oye, pues se inventa. En 2016 mis hijos me invitaron a unas vacaciones inolvidables, me duplicaron el salario, la analítica me salió sin ningún asterisco, no tuve que ir al dentista y, como me lo merezco, me otorgaron en Tambor de Oro. Pues eso, y mucho más que no cuento, me pasó en 2016. Y cuidado, que en 2036 contaré lo de 2026, y esto promete. ¡Madre que tontuna!.