De paseo con un grupo de amigos, uno de ellos empezó a hablar de un asunto y en esas utilizó la expresión “mezclar churras con meninas”. Le faltó tiempo al listillo para corregirle: “Se dice mezclar churras con merinas”. “¿Ah, sí? Pues yo siempre digo mezclar churras con meninas, por las del cuadro de Velázquez”, contestó con cara de incredulidad. La anécdota me viene al pelo para hablar de quienes mezclan churras con merinas de la manera más nauseabunda. A la cabeza de todas, Isabel Díaz Ayuso, autora esta semana de un tuit que ha sido criticado hasta por sus seguidores más acérrimos. La presidenta de la Comunidad de Madrid mezcló en un mismo mensaje la situación que sufren las mujeres en Irán con las acusaciones a Julio Iglesias por presuntos abusos sexuales a sus empleadas. Como le pasó a más de uno, tuve que comprobar que el tuit de la susodicha era real y no un fake. Díaz Ayuso salió en defensa del truhan y señor, no esperaba menos, y vino a decir que cómo se nos ocurre desprestigiar a los artistas españoles más universales, sean cantantes o tenores. En fin, nada nuevo bajo el sol en esta gente que se dedica a repartir carnets de buenos y malos en función de si los acusados son afines o no a su ideología. Y aquí no hablamos de ideología sino de los abusos del poderoso frente al débil e indefenso.