La pericia y mejor vista de los buceadores de OlarroSub Taldea ha permitido localizar y rescatar del fondo de la ría de Zumaia a ‘Zinka’, la escultura que los artistas Ana Herranz y José Luis González Pazos habían elaborado con motivo de la exposición organizada en la Sala Oxford de la localidad costera en homenaje al escultor Iñaki Olazabal. La obra, anclada en el exterior mientras duraba la muestra, fue arrojada al agua con nocturnidad por un grupo de cinco jóvenes tal y como grabó una cámara de seguridad. Aparentemente, una gamberrada de fin de semana sin ninguna consecuencia hasta que el colectivo de escultores vascos Eskuahaldunak lo denunció públicamente un mes después porque nadie decía ni hacía nada al respecto, en particular el Ayuntamiento, dueño de la sala y organizador de la exposición. Sorprende esta falta de respuesta o si se prefiere indiferencia ante un hecho vandálico contra la cultura que, además, no es un caso aislado porque como han denunciado los artistas vascos en los últimos tiempos se han registrado otros ataques contra obras instaladas en lugares públicos. Este desinterés casi duele más que las agresiones y no habla muy bien de la evolución de un país que se vanaglorió y presume de Chillida, Oteiza, Baterretxea... para qué seguir.