Ayuso es la chula que castiga a los odiadores de Madrid

La propia presidenta encabeza la resistencia a diestra contra el presunto asedio del Gobierno español

15.10.2021 | 07:15
Según Isabel Díaz Ayuso, Madrid es como la aldea de Astérix, resistiendo la opresión del sanchismo

La copla ha cambiado de bando. Ahora se canta "Madrid, qué bien resistes el asedio del sanchismo rojoseparatista". Y al frente de los partisanos diestros (qué contradicción, ¿eh?), quién sino ella, la emperatriz de la Puerta del Sol, Isabel Díaz Ayuso, pluma en mano. "Descapitalizar España", se titula la tribuna de página completa que le ha puesto a disposición El Mundo. Les bastará con el comienzo: "La campaña contra la capitalidad de Madrid esconde el peor diseño ideológico de los comunistas e independentistas a quienes Sánchez sirve. Lo visten como siempre, con palabras engañosas («la España policéntrica», «compartir el Estado») que esconden el firme intento de descapitalizar no ya Madrid sino toda España, en el doble sentido de la palabra descapitalizar: dejar España sin su capital (esto es, sin cabeza de ese cuerpo vivo que es una nación) y «menoscabar el patrimonio histórico, cultural y humano de un país», como explica el DRAE". ¿Eso lo ha escrito ella? Por lo menos, lo firma.

Original, lo que se dice original, no es. Y la prueba es que el veterano José María Carrascal ya lo había escrito hace un par de días en ABC con menos palabras: "O sea, que la 'descapitalización de Madrid' es en realidad la decapitación de España. Dicho de otra forma: el regalo oculto que Pedro Sánchez hace a los secesionistas de todo tipo en nuestra geografía, ya que no puede darles lo que le piden: la autodeterminación. Listo que es el chico. Pero ellos no quieren ser madrileños, sino independientes".

Sigamos con los lamentos matritenses. "Madrid tiene que sacrificarse por Sánchez", se desgañita Jorge Vilches en Vózpuli. ¿Un tanto sobreactuado? Decidan ustedes mismos: "¿Qué han decidido en Moncloa? Sacrificar Madrid, matarla en forma figurada, en la esperanza de que sirva al sanchismo para recuperarse en otras autonomías. Por eso en el Congreso del PSOE de esta semana se va a debatir cómo debilitar a Madrid. O, dicho de otra manera, cómo sumarse al discurso nacionalista que tiene como chivo expiatorio a la capital de España, un falso culpable para disimular su nula gestión y basta torpeza".

También en el chiringo digital de Jesús Cacho, el militante del PP (qué raro) Enrique Ossorio sigue con la llantina: "Al final, el único pecado de nuestra región es el de que los madrileños no votan mayoritariamente a la izquierda, porque han comprobado a lo largo de más de dos décadas que les va muy bien así: en libertad y con un Gobierno que genera empleo, riqueza y oportunidades. Ahora nos corresponde defender todo lo logrado, porque, ante una ofensiva ignominiosa, una respuesta firme es también una cuestión capital".

Aparten, que llega el columnero de La Razón Julio Valdeón con más leños para el fuego del agravio de la Villa, corte y comunidad que la circunda: "Hemos decretado que Madrid sea nuestra enemiga. Qué digo enemiga. Peor. Madrid barco de ratas. Desierto entre tinieblas. Allí donde el fascismo taconea y chupa los huesos, y recursos, de nuestros pobrecitos golpistas, necesitados de money para montar una república de ricos y luego, con el sobrante, contratar putas, perdón, escorts de lujo".

Otra más del diario dirigido por Paco Marhuenda. Esta la firma Julián Cabrera: "El nuevo ímpetu descentralizador que pretende una mayor presencia del Estado fuera de la capital vía sedes de organismos nacionales, en curioso contraste con la desidia a la hora de defender esa misma presencia estatal en lugares como Cataluña y País Vasco, o la vista gorda cuando el castellano deja de rotularse en la comunidad balear. Impulso «vertebrador» de las Españas poblada y vaciada a costa de una comunidad como la madrileña cuya ciudadanía ha dejado claras en reiteradas ocasiones sus preferencias por las políticas liberales por encima de frentismos guerracivilistas y cuya presidenta Isabel Díaz Ayuso gana enteros para convertirse paradójicamente en la «prima doña» del 40 congreso que el PSOE". Lo de "Prima Doña" lo he dejado tal cual porque no sé si es errata o hallazgo discursivo.

¿Hemos citado a Marhuenda? Aquí lo tienen en persona recitando la canción del momento: "Madrid merece la humillación de ser troceada, porque es un bastión del centro derecha y además tiene demasiadas instituciones".

En El Debate, nuevo digital diestro, Luis Ventoso titula su descarga "Un madrileño con madrileñofobia". Se refiere, claro, a Sánchez: "Flagelar a Madrid es tan solo parte de su tributo en el altar de los separatistas antiespañoles que le permiten pernoctar en La Moncloa. Apena ver al presidente del Gobierno de España, el madrileño Sánchez, cargando contra la capital de España. No le lloverán los aplausos cuando un día, tras dejar la presidencia (todo se acaba), pretenda tomarse un cortado o una cañita en algún bar de ese Madrid que hoy vitupera".

Hasta Raúl del Pozo, experto nadador y guardador de ropa, entra al trapo con la milonga del odio: "En el país más descentralizado del mundo, la capital del Estado es mirada con odio desde la villanía de la periferia. El rencor a Madrid se ha contagiado al PSOE y a Podemos. Aquel Illa tan modoso, que filosofaba despacito, llama a los catalanes, vascos y a todos los separatas contra Madrid, que les roba".

Menos mal que la heroína que inauguraba estas líneas no lo permitirá. Sacará el látigo y los pondrá firmes con la banda sonora de Las Leandras. Tal cual se la imagina Juan Fernández Miranda en un encendido ditirambo que publica en ABC: "Ayuso es la chula que castiga, y no me cuesta imaginármela a lo Sara Montiel interpretando 'Pichi'. A Ayuso le interesa defender Madrid a la madrileña, con chulería, sorna y mirando a los ojos. Eso, en Madrid, gusta, porque antes de ser de izquierdas o de derechas el madrileño es muy pichi y lleva toda la vida aguantando esa mirada periférica que se dedica a colgarle todo tipo de sambenitos. Yo no sé si la izquierda lo ha calibrado bien, pero en Madrid gusta Madrid. Y mucho. ¿Pasa algo, pichi?". Me abstengo de contestar.

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