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Donostia | Siete décadas regando la semilla del arte

10.01.2021 | 00:46
La ceramista Asun Ramírez de Olano da consejos a una de las asistentes al curso.

La Asociación Artística de Gipuzkoa cumplió 70 años en 2019 y sigue siendo un punto de encuentro para el aprendizaje y la creación en el que se dan cita artistas con experiencia y aprendices con ganas.

La Asociación Artística de Gipuzkoa existe desde hace más de 70 años (nació en 1949) y sigue siendo un espacio en el que las personas con inquietudes artísticas pueden perfeccionar sus técnicas, asistir a cursos de otras nuevas o simplemente disfrutar de la creación y la difusión de las bellas artes, como dicen sus objetivos fundacionales.

La epidemia de coronavirus ha hecho que en los últimos meses más personas llamen a la puerta de esta veterana entidad cultural, aunque las salas del local de Aldapeta están limitadas a causa de los aforos y no se pueden atender todas las peticiones en este momento.

El pintor Adrián Ferreño, que tiene la misma edad que la propia asociación y que ha conseguido poder vivir de su arte, sigue siendo socio a pesar de su larga experiencia. El creador, que también fue presidente y profesor de pintura al aire libre de la asociación, empezó en ella con 17 años y recuerda que toda persona con inquietudes artísticas tiene abierto este espacio. "Realmente se puede decir que aprendí a pintar en la asociación, que es un lugar abierto", recuerda el artista. "Los mayores iban pasando información a los jóvenes, como lo hicimos luego nosotros a la siguiente generación", recuerda. "Cuando yo empecé había mucha fuerza y energía. Me gustaba que pintores como Gallego o Ascensio Martiarena estuvieran allí para el que quisiera preguntar. Pasaban otro tipo de información, como la de la emoción y la sensibilidad", recuerda. Ferreño explica que, a pesar de que artistas con una trayectoria como la suya tienen sus propios talleres, siguen acudiendo a la asociación porque los cursos "son muy interesantes".

La Asociación Artística de Gipuzkoa, explica, es también un espacio para las personas que no tienen sitio en el que practicar la escultura, el barro o la pintura, y a precios económicos. La matrícula cuesta 60 euros y el trimestre, 56.

Sus prestaciones son elevadas. El local suma unos 113 metros cuadrados. Tiene una sala grande, dedicada en general al dibujo, la pintura y la escultura (60,5 metros cuadrados), una sala de exposiciones (30), un aula de grabado (10) y una de modelado (10). Además, dispone de un gran tórculo en la sala de grabado, que estaba ya en la antigua sede en el Museo San Telmo, y de un horno de cerámica de alta temperatura, del que no se dispone en muchos lugares.

Además de las artes plásticas, esta entidad está abierta también a otras creatividades. De hecho, de su seno nació hace décadas la revista poética Kurpil. "Los distintos talleres van surgiendo por la interacción de los socios y monitores. Por ejemplo, a raíz del taller tradicional de grabado, hoy en día ofrecemos otros talleres con diversas técnicas de estampación, como collagraph, grabado contemporáneo, serigrafía€", explica la presidenta, Sofia Arostegi, que añade que hay un grupo de socios muy interesados en la poesía, que lleva unos años organizando un certamen de poesía y relato corto acompañado de exposición. "No se trata de que la asociación invente qué puede ofrecer así, de repente, sino que los propios socios van planteando sus inquietudes y se va trabajando según los intereses de la mayoría", señala.

La Asociación Artística de Gipuzkoa echó a andar en Donostia en 1949 y, tras deambular por varios locales, logró un espacio en los bajos del edificio del teatro Victoria Eugenia.

Arranque

En distintos locales

Policías camuflados

Antes, hubo que crear unos estatutos, que se copiaron íntegramente de los de la Sociedad Artesana, y celebrar distintas reuniones en las que los policías, mezclados entre los artistas, analizaban el contenido de los encuentros, por si se produjera algo subversivo en plena época franquista. Así lo relata el libro de Juan Antonio García Marcos editado con motivo del 60º aniversario de la entidad.

Cinco años después de su nacimiento, la asociación consiguió un espacio en el Museo de San Telmo, con acceso por la plaza de la Trinidad, donde funcionó hasta 1995, cuando se cambió al local de Aldapeta 20, un espacio cedido por el Ayuntamiento de Donostia en el que mantiene actualmente su actividad.

Cientos de personas han sido socias de la Asociación Artística de Gipuzkoa en sus siete décadas de vida y actualmente hay 212 miembros, con algo más de mujeres que de hombres. Aunque muchos acuden solo para aprender, otros muestran su trabajo en recintos pequeños, salas de exposiciones privadas, bares y la feria de arte el primer domingo de cada mes en el Boulevard, la principal carta de presentación ante público.

La página web de la entidad, asociacionartistica.org, se ha renovado recientemente y muestra toda la oferta de clases disponible, con las distintas materias que se imparten. La web cuenta también con una galería en la que los socios que lo desean muestran sus creaciones y ofrecen sus contactos para posibles interesados en sus obras.

Actualmente, en la Asociación Artística de Gipuzkoa se practican numerosas técnicas, algunas de corte clásico e inexistentes en otros espacios culturales de la ciudad, como el dibujo de desnudo, masculino y femenino. También se da acuarela, pintura, dibujo, modelaje y cerámica, talla en madera, diseño gráfico y serigrafía.

alumnos

Primeras épocas

Oteiza y Chumy Chúmez

La entidad no surgió de la nada. Fue creada tras la desaparición de la antigua Escuela de Artes y Oficios, que se hallaba en el actual edificio de Correos de la calle Urdaneta, un centro de aprendizaje artístico que era casi el único espacio a mediados del siglo pasado para aprender dibujo, pintura y escultura en Donostia, sin contar las academias. Las casas de cultura estaban aún lejos de nacer.

Al espacio de la calle Urdaneta acudían muchos nombres hoy reconocidos del arte guipuzcoano, que se quedaron sin lugar para proseguir su tarea cuando la Escuela de Artes y Oficios cerró.

El pintor y grabador Ricardo Baroja fue el primer presidente y uno de los impulsores de la nueva asociación, junto al médico y acuarelista Agustín Ansa. Con ellos, pasaron por la Asociación Artística escultores como Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Remigio Mendiburu, Néstor Basterretxea, Julio Beobide, Ricardo Ugarte, Angel Bados, Andrés Nagel o José Lopetegui. También fueron usuarios de la asociación los ilustradores gráficos Chumy Chúmez, Munoa, Ion Zabaleta, Garrido, Laura Estévez y Tomás Hernández Mendizabal, entre otros.

El sector pictórico también tuvo uno de sus focos creativos en la entidad. Firmas como Balerdi, Carlos Sanz, Amable Arias, Zumeta, Sistiaga, Goenaga, Vitxori Sanz, Mari Paz Giménez, Mari Puri Salvador, Ana Mari Parra, Menchu Gal, Vicente Cobreros, Marta Cárdenas, Ascensio Martiarena o Julián Ugarte fueron algunas de las que dieron sus pinceladas en las aulas de la asociación.

En la sede de la cuesta de Aldapeta se dan clases de pintura, cerámica, acuarela y dibujo de desnudo masculino y femenino, entre otras

La entidad cuenta ahora con 212 socios, muchos de los cuales exhiben sus creaciones en la feria mensual del Boulevard