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Un cuarto de siglo con el surf en casa

16.05.2020 | 23:36
La playa de la Zurriola y el paseo situado a su lado han ido cambiado con el paso de los años, como se aprecia en las imagenes cedidas por el surfista Iñaki López ‘Txefin’. La primera imagen corresponde a la vieja playa de Gros, con el tramo final del espigón, el Muro con mayúscula para todos los que se sentaban en él. En la segunda imagen se aprecia las grúas que construyeron el Kursaal. La tercera, con la obra terminada.

La vieja playa de Gros, donde arrancó con timidez el deporte de las olas hace más de 40 años, se hizo mayor tras su ampliación en 1995 y su posterior descontaminación, gracias al desvío de las aguas residuales por el emisario submarino.

La playa de la Zurriola, tal y como la conocemos hoy, ha cumplido esta semana 25 años, un periodo de tiempo en el que la práctica del surf ha ido aumentado hasta el punto de que ha habido que regular el uso del mar por parte de bañistas y surfistas para evitar encontronazos y el deporte de las olas ha pasado a formar parte de la esencia de la ciudad. Hasta su inauguración en 1995, la renovación de la playa había sido solicitada durante largos años por distintas corporaciones municipales, que pretendían mejorar una zona con potencial de ocio y turismo y restar presión a las otras dos playas de la ciudad, cada más más llenas de público. El Ministerio de Obras Públicas y Transportes, dirigido entonces por el socialista José Borrell, accedió a financiar la cuantiosa obra con Odón Elorza como alcalde, cargo al que llegó por un pacto entre partidos, tras haber ganado Eusko Alkartasuna.

La obra costó el equivalente a 15 millones de euros y se basó en la creación del actual espigón, de casi medio kilómetro, así como de la aportación de arena suplementaria, que se trajo desde mar adentro, de un bancal que se consideró de grano similar al de la bahía de La Concha. El 19 de mayo de 1995, Elorza y Borrell echaron un carrera en la nueva Zurriola, que ganó el ministro, aunque nueve días después, Elorza se impuso en las elecciones por primera vez.

Las peticiones para conseguir que la playa de Gros, como se denominaba entonces, fuese más amplia fueron numerosas. También lo fueron los estudios técnicos por parte de instituciones como el Cedex o el Instituto Torres Quevedo, que durante años crearon modelos para comprobar cómo se comportaría el mar con la creación de varios espigones o de uno solo, con distintas formas, para retener la arena añadida y permitir así que se mantuviese un amplio arenal entre el Kursaal y Sagües. Incluso, hubo propuestas para crear una isla artificial frente a Zurriola, con el fin de sujetar el oleaje y servir de reclamo turístico, aunque se quedaron sobre el papel. Finalmente, se decidió la construcción del actual espigón.

La anterior playa de Gros, por su parte, también tenía una gran escollera, que contenía el embate del mar desde el viejo Kursaal hasta las inmediaciones de donde actualmente se encuentra el edificio cerrado conocido como ZM. Se había construido para frenar el agua en un barrio que comenzaba a ser urbanizado, con el Gran Kursaal como perla del ocio y la cultura, un edificio que fue inaugurado en 1921 y derribado en 1972.

El actual paseo de la Zurriola, antes de la creación de la nueva playa y de la ancha acera del paseo, fue aparcamiento de camiones durante largo tiempo y punto oscuro donde no convenía adentrarse por las noches, como sucedía en el espacio vacío de Sagüés.

Sin embargo, de día, el muro era lugar de paseo, de reunión de jóvenes y de contemplación, como cuando en 1976 encalló el barco Buchenhain. La pequeña playa, al extremo este de la costa, tenía una potente vida diurna, especialmente en verano y las tablas de surf comenzaron a verse en los años 70 al final de la escollera, que bajaba directamente al arenal y permitía a los surfistas adentrarse en el mar tras bajar unas escaleras. En ese extremo casi siempre ondeaba la bandera roja por la peligrosidad de las olas, que los surfistas transformaban en deporte y diversión.

Solo los vecinos de Gros y de barrios cercanos, en principio, disfrutaban de una playa en la que no se recomendaba el baño porque el oleaje era demasiado fuerte y la calidad sanitaria del agua muy mala. El matadero de Zemoria, en la falda de Ulia, vertía directamente al mar sus restos y no era extraño que en la playa oliese mal porque había un animal muerto camuflado entre la arena. Tampoco era extraño que los chavales, al salir del colegio, se acercaran a contemplar los restos de animales en la orilla o tirasen pesetas a las ratas de las rocas de la escollera.

Algunos llamaban a este trozo de arenal El Tostadero, porque solo se usaba para tomar el sol. Los padres no dejaban que los chavales se bañaran y los más pequeños se remojaban en un charco que en ocasiones nacía al pie del muro.

La apertura de la nueva playa en 1995 coincidió con el arranque de las obras para el nuevo Kursaal, que se inauguró en 1999, así como con la creación de un emisario submarino y otro terrestre para evitar que las aguas sucias llegaran directamente a este punto, lo que limpió de golpe la playa. El emisario submarino de Mompás, que parte de las inmediaciones de la cala Murgita o Mendiola, en Ulia, empezó en 2001 a llevar las aguas procedentes de la depuradora de aguas residuales de Loiola a 1.200 metros de la costa mediante un tubo de dos metros de ancho y 50 metros de profundidad.

La primitiva playa de Gros recibía aguas sucias y animales muertos que salían del matadero de Zemoria

La obra de construcción del espigón y aporte de arena costó el equivalente a quince millones de euros, sufragados por el Estado