“Tras revitalizar la madera, se produjo un momento de asombro”
Iban de la Fuente ha estado inmerso en el mundo de la carpintería desde pequeño. A los 18 años se trasladó a Angelu para estudiar en el colegio Compagnons para dar continuidad a la profesión que su padre había ejercido siempre. Actualmente lleva trece años siendo maestro en el mismo colegio en el que estudió. Además del proyecto Dolareak, ha participado con sus estudiantes en otros proyectos transfronterizos. Por ejemplo, en el proyecto Coopwood, junto con el colegio San Juan (Iruñea); y en el programa Gaztegur de la factoría Albaola, mediante el que construyeron una estructura de madera de 27 metros.
¿Cómo recibieron los alumnos la oportunidad de participar en el proyecto ‘Dolareak’?
El alumnado afronta siempre los proyectos con ilusión y alegría. Quieren salir del aula. En el proyecto Dolareak no se trabaja solo en la renovación del lagar, también hay salidas en torno a la sidra, el caserío, nuestro patrimonio y la cultura. Todo ello hace más atractivo un proyecto de este tipo para los alumnos.
¿Cómo fue para ellos el primer contacto con una pieza del siglo XVII?
El día que llegamos, se encontraron con diferentes conjuntos dispersos de polvo y madera. La primera reacción no fue muy buena, pero con el paso de los días, después de lavar la madera, se le dio tratamiento para recuperar su vitalidad. Esto produjo un momento de asombro. Aquel asombro con el que realizaron el montaje del lagar les llevó después a un punto de orgullo. Saben que están trabajando en una estructura especial, y al volver a poner en valor fragmentos de madera que tenían poco valor de alguna manera, se motivaron.
¿Qué han aprendido los alumnos trabajando con madera vieja en comparación con su formación tradicional?
Por el momento, han aprendido cómo se limpia la madera vieja y cómo mover las piezas pesadas sin la grúa y la herramienta mecánica. En las próximas estancias en Astigarraga les enseñaremos cómo se sitúa la madera en función del crecimiento del árbol en un caserío o en un lagar, y cómo se trabaja la madera vieja para hacer una estructura. Queremos enseñarles la técnica para trabajar la madera vieja, que está prácticamente desaparecida.
¿Qué diría que ha sido para ellos lo más duro y lo más enriquecedor?
“En el proyecto ‘Dolareak’ hay salidas en torno a la sidra, el caserío y nuestra cultura”
Al ser tres centros, lo más difícil ha sido el idioma y que se relacionaran. La estancia ha sido enriquecedora para ellos. Como hemos dicho antes, hay trabajo en el lagar, pero en las actividades y visitas que se han realizado han aprendido mucho. Algunos alumnos no eran conscientes de que en su entorno hay tantas cosas que pueden ser visitadas. Culturalmente, han aprendido sobre nuestro entorno cultural vasco. Por ejemplo, a tocar la txalaparta, de dónde viene o para qué utilizaban los marineros la sidra.
¿Qué ha aportado el proyecto a su formación?
La mayoría de los estudiantes estudian fabricación de muebles, no tienen ninguna formación en estructuras de madera. Así que el proyecto les ha permitido conocer otra profesión. Estos estudiantes siempre trabajan con piezas pequeñas dentro de un taller. El proyecto ‘Dolareak’ les ha llevado a trabajar con maderas largas, pesadas y viejas en un espacio abierto. Sin duda, aportará otro punto de vista más amplio a su formación.
¿Qué cree que se van a llevar los alumnos de esta experiencia, dentro de unos años?
Estarán orgullosos. Cuando el lagar se renueve por completo, llevarán a sus familias para mostrarles en qué han participado. En su día en Albaola, construimos lo que hoy en día se utiliza como comedor. Cuando los alumnos que participaron lo ven, me hablan de ello, seis años después. Así que creo que estarán orgullosos y felices, porque han dejado su pequeña huella en la historia.
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