Opinión

Parte Vieja donostiarra: réquiem

16.01.2020 | 06:25
Parte Vieja donostiarra: réquiem

Decía Pío Baroja en sus Memorias que recordaba las tiendas que en su infancia había en la Plaza de la Constitución de San Sebastián, pero que para entonces ya habían cambiado todas. Dionisio Azkue, Dunixi, comenta algo muy similar en la obra Mi pueblo, ayer.

También yo, que nací y he vivido muchos años en la Consti, podría decir algo parecido. Recuerdo con cariño los locales de mi niñez: la mercería de la Justa, la tienda de antigüedades de Arturo Etxeberria, la imprenta de los Baroja, la librería de José Luis Baroja que lindaba con la anterior (luego pasaría a ser Lagun), la carpintería de los Rekarte, el taller de joyería Arrieta, la restauración de cuadros de Isabel Urkia, la frutería de los Lahuerta, la tienda de ropa de las hermanas Berroeta, el bar Txiki Txoko (que luego se transformaría en Astelena), la carnicería de Nicolás Melero, el bar Ruperto, y el Tamboril, de reciente fundación en la época, la churrería y cacahuetería de Valentín, la imprenta Otaño, la pescadería Juli, la mercería de Juanita, las tiendas de ultramarinos La Palma y Mercader (esta última tenía lechería), el bar Txistu, la droguería Keni o la gestoría-inmobiliaria Alkorta. Y las caseras que desde Martutene, Astigarraga, Igeldo o Ibaeta acudían todos los días a los soportales a vender los productos de sus huertas: Agustina, Ixabela, Sebastiana, Maritxu txikia?

Hoy no se colocan las caseras en la Consti y de aquella diversidad de locales solo han quedado los bares. El Ayuntamiento compró algunos para instalar oficinas y el resto, excepto dos (uno dedicado al turismo), son nuevos bares o almacenes de los mismos.

Las instituciones públicas han solido organizar jornadas de reflexión sobre la importancia para el vecindario del comercio de proximidad. Y han hecho declaraciones sonoras en los medios de comunicación al respecto. Nuestros nietos, Mateo y Nikole, que también han nacido y viven en la Consti, no podrán recordar las diferentes tiendas cercanas, como Baroja, Azkue o yo mismo. Quizá alguien les pregunte: ¿Qué tiendas había en torno a vuestro hogar? Tendrán que responder: Nacimos en el desierto comercial. Es tan solo un ejemplo, que sirve para toda la Parte Vieja y que podrá servir acaso, con el tiempo, para otros barrios de la ciudad. La asociación vecinal Parte Zaharrean Bizi ha realizado en los últimos años un trabajo descomunal, en que ha denunciado este y otros muchos abusos que ya son realidad cotidiana. Los datos que han aportado son incuestionables. Hace pocos días Xabier Arberas ofreció con ellos una conferencia y publicó un artículo que presenta una realidad terrible: produce terror.

Hace ya bastantes años que esta realidad tuvo que ser reconocida en las disposiciones municipales: el barrio está saturado de negocios de hostelería y secuelas. Pero, ¿qué han hecho para solucionarlo nuestras autoridades? Mucho autobombo y, por acción u omisión, colaborar a que esa saturación aumente: en ocasiones haciendo la vista gorda, en otras concediendo permisos especiales (la lista de estos es tan larga como escandalosa), en otras? En vano han denunciado los vecinos la degradación de su calidad de vida. Seguimos en caída libre.

La última perla. Desde algún departamento municipal están queriendo permitir que el reparto para hostelería también pueda producirse por las tardes. La prensa publicó no hace mucho una hermosa frase del alcalde de Hondarribia: "El Ayuntamiento está para cumplir y hacer cumplir las normas". En la Parte Vieja de San Sebastián, no.

Han ido cerrando Semillas Elósegui, Koxkera, Ekain... La pastelería Izar cerró el 12 de enero, al objeto de ampliar la cafetería colindante. El barrio se ha quedado sin Izar y sin estrellas. Más bien estrellado.

falsos axiomas Euskadi ha firmado el código ético del turismo. Todas las mañanas nos lo repite, para que no queden dudas, Euskadi Irratia. Y continúa así el anuncio: "Un turismo mejor mejora la sociedad. El respeto en quienes nos visitan, la igualdad, la tolerancia, el cuidado del medio ambiente, de nuestra cultura y patrimonio. El apoyo a la excelencia y a los derechos de la persona" (traducción del original). Parece broma de mal gusto hacernos escuchar en la radio pública una y otra vez un texto tan malo, falaz y fuera de medida. Quien lo haya escrito debe de pensar que los oyentes somos bobos. No hay otra forma de entender un intento tan sinsorgo para hacernos creer que lo negro es blanco.

Junto a esta poco afortunada laudatio del turismo, se propalan por doquier otros falsos axiomas. El turismo es un motor de la economía. Olvidándose de señalar que es un motor contaminante. Es creador de riqueza. Pero no se incluye la nota: riqueza para unos pocos. Para la mayoría escasez y problemas.

El turismo es como la gripe. El virus está en el ambiente y no siempre puede uno zafarse de él. Pero conviene intentar que no nos cace: los que formen parte de grupos de riesgo deben vacunarse, limpiarse las manos a menudo, tener cuidado al tratar con otros enfermos? Y, si nos contagian, hay que beber líquidos, tomar paracetamol? Pero no hay lugar a dudas: para la salud es perjudicial. Cientos de millones de personas moviéndose de un lugar a otro del planeta e incrementando los consumos de todo tipo, y en especial los energéticos, no ayudan a mitigar la alarma climática, sino al contrario.

La Parte Vieja de San Sebastián está en los últimos años afectada por la gripe turística. Y en consecuencia, sus habitantes enfermos, graves además. ¿Qué contaría nuestro alcalde en Madrid, en la conferencia del cambio climático? Dicen que expuso allí su plan especial para San Sebastián. ¿Cuál será? ¿Acaso consistirá en juntar en un solo barrio todas las basuras y ruidos, espantar de él al vecindario y otorgar libertad para que allí puedan consumarse todo tipo de excesos? Así el resto queda tranquilo. Si fuéramos anchoas, estudiarían la biomasa y ordenarían la veda de la pesca; si fuéramos osos panda, nos protegerían, tomarían medidas efectivas y pondrían multas de calado. Pero solo somos vecinos. Hay muchos de repuesto en otros barrios. Tengo la impresión de que hay interés en echarnos de aquí. Algunos serían más felices con unos 200 figurantes. Otra forma de generar puestos de trabajo.

El fiscal del Consejo de Castilla, con la intención de extender el uso del castellano en Navarra, escribió la siguiente orden en 1716: "Utilizar instrucciones y providencias muy templadas y disimuladas, de manera que se consiga el efecto sin que se note el cuidado". Algo parecido a lo que se hace en nuestro barrio. Con disimulo, pero se nota, ¡vaya si se nota!

En algunos lugares han prohibido las estufas de exterior de las terrazas de bares, esos grandes champiñones caloríficos, porque son contaminantes. Al aparecer la noticia en la prensa local, un representante de la Federación de Hostelería de Gipuzkoa, ha pronunciado unas frases solemnes: "Hay que defender las terrazas. Son parte de nuestra cultura (?). Cualquier ataque a esta forma de socializar es un ataque a nuestra cultura". Conozco otros aspectos de nuestra cultura callejera que han sido fagocitados por la hipertrofia tabernaria: por ejemplo, el uso vecinal de andar pegado a las fachadas de las casas cuando llovía para evitar mojarse. Actualmente es una tarea imposible por la generalizada implantación de mesitas y sillas en ellas. El vecino debe mojarse o comprar paraguas.

La antigua costumbre de socializar en los bares tenía componentes muy estimables. Los clientes, propietarios y trabajadores se conocían y mantenían relaciones de amistad, cada establecimiento tenía características propias y diferenciadas (decoración, horarios, pinchos, tipo de bebidas?), los vecinos se encontraban en ellos y mantenían conversaciones? ¿Es esa la actual cultura hostelera de la Parte Vieja? Respeto en los que nos visitan, igualdad, tolerancia, cuidado del medio ambiente, de nuestra cultura y patrimonio. Fomento de la excelencia y de los derechos de las personas. Contar esto a los vecinos de la Parte Vieja es una auténtica burla. Si existiera entre nosotros un sistema judicial de fundamento, lo que se ha hecho con este barrio podría llevarse a tribunales. Y se ganaría fácilmente. Pero aquí no. Es en balde.

Si uno vive en la Parte Vieja y más si lo hace en la Consti, le resultará mejor escapar de su casa esa noche. En caso contrario, con tapones injertados en los oídos y ayuda de alguna medicación, además de buena suerte, acaso consiga dormir cuatro cuartos de hora. No los cuatro seguidos, eso sería un lujo excesivo para los parias. Debajo de casa se plantarán durante el día y toda la noche 26 tamborradas. Donostia Kultura coloca todos los años en las entradas de la plaza unos grandes cartelones que detallan los horarios de cada una: 23.45, 1.20, 2.00, 2.55, 3.30, 4.05? La mayoría de ellas interpretan allí la que en una época resultaba emocionante Marcha de San Sebastián. Algunas dos veces. Y todas con un solemne sentido trascendente. Al parecer, el sonido de los tambores allana el camino para la emoción espiritual colectiva y el misticismo. En nombre de la tradición, aunque se haya inventado ayer, cualquier tontería se santifica.

¡Pero si solo es un día al año!, suelen exclamar algunos conciudadanos, siempre vecinos de otros barrios. Un día es un día y siete media docena, refleja el dicho popular. Si se hace contabilidad ajustada, ese único día se multiplica: Santo Tomás (el santo incrédulo no podría creer lo que sucede hoy en el día de su festividad), fiestas éuscaras (ha desaparecido de ellas la sokamuturra por respeto a los animales, pero acaso podría volver a organizarse con humanos. Algunos estarían mejor atados con la cuerda y el aro en el morro que sueltos); Nochevieja, Semana Grande, todos los fines de semana de verano, muchísimos días laborables? Esta acumulación de días y horarios festivos ha conseguido que últimamente comencemos a cotizar en un nuevo ranking: el de las peleas nocturnas.

¡Ya sabéis dónde vivís! También es una frase escuchada con frecuencia. En efecto, lo sabemos y por eso nos quejamos. Y no deseamos un réquiem para nuestro barrio, por muy hermoso que sea. Somos nosotros los que diariamente no esforzamos en mantener el barrio vivo. Y pedimos a las autoridades que nos garanticen el mínimo exigible. Y al resto de los donostiarras, respeto: respeto en los que nos visitan.

El Ayuntamiento ha pasado muchos años sin ocuparse debidamente de sus obligaciones con este barrio. Acaso por eso ahora se acerca el Altísimo a enderezar las cosas: el Gobierno Vasco. Ha declarado la Parte Vieja conjunto monumental. Estamos a la espera de qué da de sí tan formal calificación. Hemos escuchado en las radios con frecuencia: Euskadi, trabajo comunal y lo primero, la persona. En nuestro caso, hasta ahora no.

Abundan entre nosotros escritores y escritoras de literatura de consumo que escriben sobre temas escabrosos con gran éxito de ventas. Sobre algunas novelas de este tipo, incluso se han realizado películas. Me gustaría hacerles una propuesta: que no derritan sus magines inventando ficciones increíbles. En nuestro barrio suceden abundantes cosas siniestras y pueden recoger información cumplida de boca del vecindario. Acaso por medio de esas obras podríamos conseguir enternecer las conciencias de las autoridades y algunos conciudadanos.

Habría que actualizar el texto de la famosa habanera de Perico Ugalde: Parte Vieja donostiarra, ¿qué tienes que tantos fondos de inversión atraes?