La escalada en la cotización del gas natural tendrá, a corto plazo, un impacto limitado —y desigual— en las facturas de los consumidores en el Estado, menos expuestos a los efectos de la volatilidad de los precios energéticos que en la crisis posterior a la invasión rusa de Ucrania.

Eso sí, distintos expertos consultados por EFE insisten en que es pronto para saber, con certeza, cómo afectará la coyuntura en Oriente Próximo al coste final de la energía, sobre todo después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con cortar el comercio e imponer un embargo a España por su postura con Irán.

El aviso añade más incertidumbre, pues no quedó claro si se refería al comercio en las dos direcciones. En cualquier caso, la Unión Europea (UE) tiene la competencia exclusiva de la política comercial de sus Estados miembros, por lo que cualquier acuerdo suscrito con la región aplica también a España.

En el ámbito energético, EE.UU. repitió en 2025 como primer suministrador de gas a España por tercer año consecutivo. La venta de gas a Europa forma parte del acuerdo arancelario alcanzado el año pasado entre la Administración estadounidense y Bruselas, de modo que su peso se prevé que continúe al alza en todo el continente.

Tras el anuncio, Moncloa ha incidido en que EE.UU. deberá respetar la autonomía de las compañías privadas, la legalidad internacional y los acuerdos con la UE si quiere revisar la relación con España.

Gas y mercados: riesgo de tensión en los precios

Con este interrogante en el horizonte, Europa —y España— afronta el clima geopolítico con una dependencia mínima del gas de Oriente Próximo, muy inferior a la que tenía respecto a Rusia en 2022.

Analistas de mercado energético de Grupo ASE creen que el cierre del estrecho de Ormuz —por donde transita el 20 % del comercio mundial de GNL y el 25 % del comercio marítimo de petróleo— podría tensionar los precios energéticos internacionales.

Por lo pronto, el gas natural para entrega a un mes en el mercado TTF de Países Bajos, referencia en Europa, se revalorizaba un 25 %, superando los 53 euros/MWh.

Según las proyecciones de Grupo ASE, el TTF podría escalar a 90 euros/MWh, una cifra muy inferior a los casi 340 euros/MWh alcanzados el 26 de agosto de 2022, en plena guerra de Ucrania.

Electricidad y gas: efectos desiguales en el consumidor

En el Estado, los analistas no observan un repunte inmediato en el mercado mayorista de la electricidad, ya que el predominio de las renovables está reduciendo la aportación de los ciclos combinados.

No obstante, estos ciclos —que emplean gas— siguen siendo fundamentales, especialmente en horas nocturnas y por el modo reforzado de operación del sistema eléctrico tras el apagón peninsular, que exige mayor presencia de tecnologías síncronas como el gas o la nuclear.

Desde Grupo ASE admiten que la revalorización del gas, coincidiendo con su mayor peso en el sistema, puede elevar el coste eléctrico. El director de Transición Ecológica en beBartlet, Alejandro Labanda, apunta a precios eléctricos de 150-200 euros/MWh en las horas en las que se necesite producir con gas, si el TTF ronda los 60 euros/MWh.

El impacto dependerá del tipo de contrato: los hogares con precio fijo no se verían afectados, mientras que los consumidores con tarifa regulada (PVPC) sí podrían notar el encarecimiento si aumenta la generación con gas.

Con todo, los usuarios con PVPC están más protegidos que en 2022, tras el rediseño de la tarifa para reducir la volatilidad. Desde enero, la PVPC depende en un 45 % del mercado diario y en un 55 % de los futuros, que han comenzado marzo con leves subidas. En el caso del gas, si las tensiones se prolongan, la subida se reflejaría sobre todo en contratos indexados o en las renovaciones. La tarifa regulada (TUR) se revisa cada tres meses, y los usuarios confían en que, si fuera necesario, se aplique de nuevo un tope al incremento, como ocurrió durante la crisis energética.