Cuto, Panpina ustela, Pott, Destruye!!, Begi-haundi, Desorden público, La valla, Euskadi Sioux, KRO, Tupust!... No son pocos los fanzines que se han editado en Euskal Herria en el último medio siglo. En muchos casos se reconocen por su aspecto austero: fotocopias, en blanco y negro y grapas. Pero fueron –y siguen siendo– mucho más. Ha habido tantos que es difícil alcanzar una cronología y bibliografía completas, algo que se complica todavía más porque, en su ontología, radica su carácter efímero y esquivo para el público no iniciado. No obstante, hay quien ha intentado reunir toda esta historia de la contracultura en un compendio.

Ellos son el ilustrador Kike Infame y el escritor y periodista Álex Oviedo. Han recopilado en un voluminoso y documentado libro la historia “inabarcable” de este tipo de publicaciones revolucionarias y contraculturales. Fanzineak. Autoedición vasca, un trabajo enciclopedístico de más de 400 páginas, se presentará esta tarde, a las 18.30 horas, en la tienda Elkar de la Parte Vieja donostiarra, en una sesión en la que estarán acompañados por Josemi Beltrán, director de la Semana de Cine Fantástico y de Terror, que acoge desde 1993 la conocida como Guerra de Fanzines; Jabi D., creador de la publicación Destruye!!; y Maite Caballero, de Tupust! kolektiboa y organizadora del encuentro de autoedición Guillotina que se celebra en la capital guipuzcoana.

Oviedo e Infame llevan tiempo colaborando juntos. Han publicado varios libros, al igual que este, con el respaldo de la Diputación de Bizkaia. Comenzaron con Komikia, el cómic vasco, investigación en la que ya percibieron que muchos de los autores que reseñaban habían trabajado la autoedición.

Ante la ingente cantidad de publicaciones de este tipo, decidieron ampliar el campo de estudio e investigar este fenómeno, al menos en Gipuzkoa, Bizkaia, Araba y Nafarroa. Para poder acceder a la documentación, los autores se han recorrido los principales archivos de hego Euskal Herria, como el Komikigunea del KMK, los Benedictinos de Lazkao, los fondos de Arteleku u otros que recopilaron colectivos como Napartheid, y también la Universidad Autónoma de Barcelona. Pero lo más importante para los autores han sido los múltiples “testimonios” que han recopilado y que se exponen en Fanzineak, editado en una edición bilingüe en euskera y castellano. “Cambiaban o desaparecían editoriales o revistas, pero los fanzines seguían ahí. Eso demostraba la voluntad de los autores de expresarse aun cuando no existiera un contexto favorable”, explican Infame y Oviedo, en una conversación con este periódico, sobre las motivaciones de aquellos vascos que emprendieron este camino y a los que han entrevistado.

Álex Oviedo y Kike Infame posan con un ejemplar de 'Fanzineak. Autoedición vasca'. Miguel San Cristobal

Algunos de estos autores comenzaron a autoeditarse a finales del franquismo y han acabado siendo bien reconocidos. Es el caso de los escritores Bernardo Atxaga y Koldo Izagirre, que publicaron a mediados de la década de 1970 Panpina ustela, un antecedente de lo que editarían después con Pott Banda. También se recogen declaraciones de otros como Mauro Entrialgo, nombre fundamental de TMEO, o Borja Crespo, que también anduvo en la órbita de 2.000 maníacos, Subterfuge o Quatermass.

Evolución de la autoedición

Los fanzines narraron “una historia de Euskadi, algo subterránea y por debajo del radar, a través de personas que no contaban con los medios de expresión para llevar algo así a cabo”, prosiguen. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de un fanzine? ¿Son unas fotocopias grapadas o hay algo más?

El origen del término surgió en la década de 1940 en EE. UU., en plena efervescencia de las revistas de pulp, para referirse a medios no profesionales, alternativos o underground, pensados para un público aficionado al cine, la ciencia ficción o la música. Eran revistas pequeñas, muy artesanales y muy baratas que se distribuían en canales alternativos como conciertos o bares.

A Euskadi llegaron en el declive del franquismo. Una de las primeras cabeceras fue Cuto, publicado en 1967 por el donostiarra teórico del cómic y exdirector del Zinemaldia Luis Gasca, que llegó a contar con portadas de Iván Zulueta o de Juan Carlos Eguillor.

No obstante, Nafarroa fue el territorio por el que se introdujeron con más fuerza los fanzines, sobre todo los dedicados al cómic, con figuras como Ernesto MurilloSimónides” o Pedro Osés, que colaboraron en revistas como Hamelin o El huerto, que sirvieron de abono para que en 1987 alumbrase TMEO.

En el plano político, por la realidad convulsa que se vivía en Euskadi, estas revistillas también sirvieron como facilitadoras de contrainformación. Y ahí la música “se convierte en protagonista”, a través del punk. El donostiarra Jabi D. y su Destruye!! de 1981 fueron “determinantes”, al igual que la zarauztarra Brigada Criminal (1985) y la errenteriarra Única alternativa (1985), que interpelaban a un momento en el que florecía el rock radical vasco, los gaztetxes y las radios libres. “Los fanzines eran un elemento más de ese ecosistema”, comentan.

¿Y hoy qué?

La llegada de Internet y la aparición de blogs trajeron nuevos cambios. Hubo quien comenzó a distribuir sus publicaciones en formato digital. Eso sí: como el vinilo, el formato físico en papel ha vuelto, afirman con rotundidad Oviedo e Infame. De hecho, existen jóvenes que no conocieron maneras tradicionales de autoedición que ahora apuestan por ellas, coincidiendo, además, con un momento en el que se pueden hacer pequeñas tiradas económicas, con resultados muy profesionales.

Pliego del fanzine 'Gure Begietatik', de Ane Arzelus y Sara Haro, impreso mediante risografía y ejemplo de las nuevas maneras de hacer. N.G.

Este mundo, además, también se ha feminizado. Buen ejemplo son proyectos como LSB Ana, de Teresa Castro, Hijos acabados, de Maite Caballero y Paula Estévez, o Gure begietatik, de Ane Arzelus y Sara Haro. Es decir, que el fanzine en Euskadi tiene para rato, en la fotocopia y más allá.