El barco fantasma de la nao 'San Juan' y otros guiños vascos en 'Hellboy'
El popular detective de lo paranormal creado por Mike Mignola se enfrenta a los espectros de los marineros vascos que naufragaron en Terranova en el cómic 'Hellboy and the B.P.R.D.: The Ghost Ships of Labrador', publicado en noviembre de 2025.
La nao San Juan ha sido vista en las costas de Terranova y de Labrador. No se trata de la reconstrucción de Albaola, que aún se encuentra amarrada en el puerto pasaitarra, sino de algo mucho más espectral... de un barco fantasma con mandibula de depredador que impide descansar en paz a los marineros vascos que naufragaron en aquellas tierras, por el crimen de haber teñido los mares con litros y litros de sangre de ballena. Esta historia de almas en pena vertebra el último cómic de Hellboy, creado por el ilustrador y guionista Mike Mignola, que hace 30 años dio luz a una de las cabeceras del cómic independiente americano más importantes que existen y que aún se mantienen en vigor. De hecho, la historia de este demonio que investiga la cuarta adaptación al cine de este popular personaje acaba de llegar a las salas del cine del Estado.
Hellboy and the BPRD: The ghost ships of Labrador –se traduciría como Hellboy y la AIDP: Los barcos fantasmas de Labrador– es una historia de dos números escrita a cuatro manos por Mignola y Rob Williams, e ilustrada por Laurence Campbell. La primera de las dos grapas salió a la venta el 12 de noviembre, cinco días después de la botadura de la réplica que se construye. Ni Mignola, ni Williams, ni Campbell conocían el proyecto de Albaola y, mucho menos, que la salida a la venta de su cómic iba a coincidir con la botadura. “Fue una coincidencia un poco inquietante. Muy al estilo de Hellboy, en realidad”, comenta Williams en una entrevista con este periódico.
Hellboy, un demonio rojo que se lima los cuernos y que porta en su brazo derecho una enorme mano de piedra, surgió en 1994 en la cabecera homónima publicada por el prestigioso sello independiente Dark Horse. Mignola se encargó de los pinceles, mientras que del guion de aquella primera historia, Semilla de destrucción, lo firmó John Byrne, reconocido autor que durante la década de 1970 y 1980 llevó a personajes como Superman y la Patrulla-X a nuevas cotas de popularidad.
Aquel primer número estableció el tono de una serie que siempre pretendió ser pulp. En 1944, durante la II Guerra Mundial, la sección ocultista del nazismo, invoca a la Tierra al demonio destinado a destruir el mundo, Anung Un Rama. No obstante, lo que surge de las llamas del Infierno no es un demonio adulto, sino un niño. La intervención de las fuerzas aliadas y de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal –con el acrónimo AIDP en castellano y BPRD en inglés (Bureau for Paranormal Reserch And Defense)– evitan que la criatura acabe en manos del Tercer Reich y, así, Anung Un Rama es bautizado como Hellboy.
A partir de ese primer momento de la historia, educado como un humano, esta criatura de personalidad socarrona y cínica se convierte en un detective de lo sobrenatural, al tiempo que lucha contra su destino como bestia del Apocalipsis –Norma Editorial se encarga de publicar los cómics de este universo–. Fantasmas, brujas, vampiros, criaturas de folclore local y figuras históricas relacionadas con el ocultismo como Rasputín actúan como villanos de una serie que acumulan cuatro premios Eisner –el Óscar de los cómics–.
La historia de Hellboy and the BPRD: The ghost ships of Labrador arranca en 1992, siete años después de que National Geographic diese a conocer al mundo la historia de la nao San Juan. Agatha Blunt, una exorcista con paralisis inferior, es enviada por la AIDP a Labrador para lidiar con un pueblo que ha sido invadido por fantasmas de balleneros vascos, que se concentran en la taberna local. “Edariak nire tripulatzaile guztientzat jauna”, piden los marineros en euskera, al tabernero local. Cuando Agatha Blunt desaparece en la bruma que baña el pueblo, Hellboy y su compañero Abe Sapien entran en acción para descubrir que los espíritus de los vascos no buscan hacer daño, sino que se esconden de un mal mayor, el fantasma de la San Juan, que encierra en su bodega a los espectros que devora.
Williams cuenta que navegando por Internet se topó con la investigación de la doctoranda Karrin Murray-Bergquist, experta en folclore y que diseñó un mapa online de los avistamientos de barcos fantasma en Terranova y Labrador. Habida cuenta de que las historias de Hellboy “parten de folclores ya existentes en distintas partes del mundo”, a los guionistas les pareció que “la idea de barcos fantasma avistados frente a la costa de Terranova” tenía “una base visualmente muy potente” para una aventura de este particular detective.
Parece que la fórmula ha tenido éxito. No en vano, Williams, que ya había trabajado previamente en el Universo Hellboy con La espada hiperbórea (2022), se muestra sorprendido de la atención que ha tenido su cómic en dos naciones hermanadas por el mar: “Nunca habría imaginado la atención que ha generado esta historia por vuestra parte en el País Vasco y también en Labrador y Terranova”.
Guiños al País Vasco
De hecho, esta no es la única vez que Mignola hace guiños al País Vasco y su folclore. Sin ir más lejos, uno de los cómics imprescindibles de esta serie, La mano derecha del destino (1998), está ambientado en la localidad guipuzcoana de Lizartza. Y en la publicación más reciente titulada Hellboy enamorado (2023), la tradición de las brujas vascas tiene tanta importancia que la secta que actúa de antagonista se llama Suaren Artea, es decir, el arte del fuego en euskera.
Con respecto a esta última historia con marineros vascos, Williams reconoce que su investigación fue eminentemente online, pero lo suficiente para intentar “que los orígenes de la historia se sintieran sólidos y reales”.
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