Manuel Aznar Soler
Catedrático de la uab y experto en literatura del exilio

Manuel Aznar Soler: "Los escritores en el exilio ganan por goleada en cantidad y calidad a los franquistas"

21.11.2021 | 00:16
Manuel Aznar Soler: "Los escritores en el exilio ganan por goleada en cantidad y calidad a los franquistas"

El catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, Manuel Aznar, ha dedicado gran parte de sus estudios a la literatura y al teatro del exilio republicano

Donostia – A lo largo de esta semana, la asociación Hamaika Bide ha organizado un congreso internacional sobre los mitos del exilio de 1936, a los que ha acudido Manuel Aznar, una de las eminencias en el campo, que recordó la figura del donostiarra José Ángel Ascunce.

¿Por qué es tan importante la memoria del exilio?

–El franquismo envió al exilio republicano al olvido. Recuperar la memoria democrática es fundamental. En 1939 se produjo una ruptura de la cultura tradicional y política. El 18 de julio de 1936, digan lo que digan los revisionistas, hubo un golpe de estado militar contra un gobierno legítimo. Los vencedores de la guerra no trajeron la paz, trajeron la victoria con mayúsculas, que significa cárceles y muertes. En este sentido, los privilegiados fueron los exiliados que escaparon de Franco y lograron atravesar la frontera francesa. El caso más representativo de los que no pudieron huir es el de Miguel Hernández. Por lo tanto, es importante recuperar el patrimonio intelectual, cultural y literario de nuestra tradición democrática, que es la tradición republicana.

Uno de sus últimos trabajos aborda concretamente el peso de los escritores comunistas.

–Dentro del exilio, el protagonismo de los escritores comunistas es importante. El Partido Comunista consigue tener a escritores como Rafael Alberti y pocas mujeres, aunque también las hay, por lo que la historia de la literatura española del siglo XX no se puede explicar sin un hilo rojo que sería su presencia. Pero, además, estos escritores comunistas tienen con el exilio la posibilidad de intervenir políticamente en los grandes debates del mundo, mientras que aquí la dictadura militar impone una censura y una represión, lo que yo llamo inxilio. El exilio interior, que es lo que ha hecho fortuna, es un oxímoron. Exilio interior es lo que le pasó a Miguel Hernández o cuando Blas de Otero escribe en 1955 el libro Pido la paz y la palabra y el régimen entendió que pedir la paz era subversivo. Es lo que estaba diciendo Moscú. Los escritores republicanos que se quedaron aquí padecieron unas condiciones muchísimo peores a los que se marcharon. Tenemos que luchar contra ese canon heredado del franquismo y crear uno nuevo.

Antes del lanzamiento, ¿estos escritores comunistas tenían ese poder dentro de la República?

–El Partido Comunista durante la República era un partido muy minoritario y tenía pocos intelectuales. Lo que pasa es que los que tenían eran Rafael Alberti, María Teresa León, Juan Rejano... Son gente que con el tiempo iba a ser muy importante. Y son, además, una minoría muy activa. Al principio, están en contra de la República por burguesa, pero cuando aparecen los fascismos tienen claro que va a haber una guerra por la democracia. Los escritores comunistas asumen el antifascimo porque se dan cuenta de que la amenaza real está en la lucha del fascismo contra la democracia y deciden apoyar a la República. Luego, el franquismo ya se empeñará en borrarlos.

La célebre frase de la historia la escriben los vencedores.

–Así es. Esto es un caso clarísimo, por lo que ya es hora de que intentemos reescribir la historia e incorporar a los vencidos. Porque además los vencidos eran los mejores. Objetivamente, coges el equipo de fútbol de escritores de Franco en el año 1939 y el equipo de escritores en el exilio y, en cantidad y cualidad, ganan por goleada los exiliados.

El congreso ha girado en torno a los mitos en el exilio. ¿Hay muchos más de los que creemos?

–El imaginario colectivo de los exiliados necesita mitos. Por ejemplo, el mejor teatro español que se representa en el mundo en 1940 no estaba en Madrid, Barcelona o Donostia, era el de la compañía de Margarita Xirgu que representaba por América a García Lorca, algo que estaba prohibido en España. Escritores, estudiosos, hombres de ciencia, actrices... todo esto es lo que perdimos con el exilio.

Pero también hay los que decidieron quedarse, aunque equivocados, como Unamuno.

–Sí, pero Unamuno ya había sufrido un destierro durante la dictadura de Primo de Rivera. Él se pone al lado de Franco, pero ya sabemos lo que le dura hasta que ve la realidad. Y, además, lo paga. Es un caso muy particular ya que muere en diciembre de 1939 confinado en su casa. Inxiliado como digo yo.

¿Los escritores vascos llevaron el mismo camino que los españoles exiliados?

–La mayoría, sí. Lo que pasa es que nosotros hablamos principalmente de 1939, que es cuando oficialmente termina la guerra, pero Galicia o Euskadi caen mucho antes. La mayoría de los escritores vascos lo que hacen entonces es irse a Barcelona. El Gobierno Vasco mismo acaba allí. En 1938, Barcelona es la capital de varios gobiernos a la vez. A eso hay que sumar la tradición antifranquista de Euskadi. El PNV no se puso de parte de Franco, por lo que fue uno de los territorios más represaliados.

El congreso también sirve como homenaje al fallecido José Ángel Ascunce, con el que llevó a cabo numerosos estudios.

–Yo creé en 1993 el Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL) y, en paralelo, Josean –por José Ángel Ascunce– puso en marcha Hamaika Bide, así que hemos trabajado los dos grupos juntos organizando actividades y congresos. Con él, yo he tenido una gran amistad y hemos colaborado en proyectos comunes. Recuperar la memoria republicana significa investigar, editar, publicar... y para ello es importantísimo el trabajo colectivo.

También es una forma de recuperar la figura de muchos historiadores, ¿no?

–Por supuesto. La máxima autoridad científica sobre exilio cultural y literario vasco es, sin duda ninguna, Josean. Es el que más y mejor la ha trabajado aquí. Es el número uno en castellano. A él le habría gustado haber trabajado también sobre el exilio vasco en euskera, pero no lo hizo por limitación de lengua.

¿Cree que las nuevas generaciones tienen ese interés por recuperar la memoria cultural?

–Cuesta que lo tengan. El mundo ha cambiado muchísimo. Me he pasado la vida dando clases y he visto cómo ha evolucionado a peor. El mundo tiene ahora unos intereses que no pasan por las humanidades y, cuando una persona estudia, por ejemplo, filología, sabe que la salida profesional no está nada clara. Estamos en el capitalismo neoliberal salvaje, por lo que el viento no juega a favor de las inquietudes culturales. Pero lo que no puedes es resignarte a ese himno de la resignación que es es lo que hay. Si dices eso con 20 años, quieres decir que vas a ser víctima toda tu vida. A pesar de ello, siempre hay una minoría. Si yo doy clase para 50 alumnos, 45 vienen a aprobar, pero hay cinco que están aprendiendo. Una minoría siempre te justifica la esperanza. Lo mismo que pasaba con el exilio.

"Ya es hora de que reescribamos la historia e incorporemos a los vencidos. Porque, además, eran los mejores"

"La literatura española del siglo XX no se puede explicar sin un hilo rojo que sería la presencia de los escritores comunistas"

"Al igual que pasaba con el exilio, la minoría entre las nuevas generaciones siempre justifica la esperanza"

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