Críticas de cine | El crisantemo y la espada en "Tokyo shaking"

22.10.2021 | 00:19

TOKYO SHAKING

Dirección: Olivier Peyon. Guion: Cyril Brody y Olivier Peyon. Intérpretes: Karin Viard, Stéphane Bak, Yumi Narita, Philippe Uchan y Jean François Cayrey. País: Francia. 2021. Duración: 101 minutos.

El 11 de marzo de 2011 a las 14.46 horas después de un terremoto de magnitud 9, Japón, el país con más cicatrices del mundo, vivió una de sus peores pesadillas en lo que va del siglo XXI. Ese país flotante que conoce bien la palabra terremoto, que supo del horror atómico y que cada año recibe abrumadoras visitas de la naturaleza, sufrió todo de golpe cuando, como consecuencia del seísmo, la central nuclear de Fukushima I empezó a desmoronarse.

En ese contexto transcurre Tokyo Shaking un filme extraño e inquietante que, además de recrear y reflejar la angustia de esos días, pone sobre el celuloide los innumerables recovecos del verdadero significado de la solidaridad internacional. Los lazos de compromiso de los seres humanos, el miedo y el sálvese quien pueda atraviesan un relato ubicado en las oficinas de una entidad bancaria de titularidad francesa que opera en Japón. Olivier Peyon se mueve en su ensayo sobre la dualidad oriente-occidente, con la sutileza de Asghar Farhadi y la rotundidad de Ruben Östlund. Así, lo que comienza enfocando la inhumanidad del sistema empresarial, entra en ebullición cuando se produce el terremoto. Peyon filma esos interminables minutos en el transcurso de una discusión laboral, la que enfrenta a la protagonista de este filme con un becario congoleño de probada capacidad pero al que se le va a negar el trabajo para favorecer a un compatriota. Y en ese instante, el filme cambia de sentido. A partir de allí, una vez que Tokio ha sido sacudido, será el público quien verá moverse su propio suelo.

Sin engolar la voz, ni enarbolar banderas, Tokyo Shaking se muestra poliédrica y compleja, adulta y abierta. Señala muchas vertientes del conflicto, pero sobre todo rubrica la complejidad de las relaciones personales, la toxicidad del mundo laboral y las enormes diferencias entre Japón y Francia. Tras la segunda guerra mundial, EEUU difundió una obra titulada El crisantemo y la espada, de Ruth Benedict, una especie de guía del comportamiento nipón para colonos yanquis. En ella, antes como ahora, queda claro que Japón posee reglas únicas. De eso va esta inclasificable reflexión.

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