Amor quinqui

15.10.2021 | 00:31

LAS LEYES DE LA FRONTERA

Dirección: Daniel Monzón. Guion: Jorge Guerricaechevarría. Novela: Javier Cercas. Intérpretes: Marcos Ruiz, Begoña Vargas, Chechu Salgado, Pep Tosar Y Daniel Ibañez. País: España. 2021. Duración: 129 minutos.

Daniel Monzón (1968) disfruta con el cine de aventuras de Hollywood. Le puede, como a otros directores españoles, su pasión de cinéfago friki fajado en los programas dobles del cine de barrio y luego resabiado con el regalo de los videoclubs de los años 80. Las leyes de la frontera se alimenta con el relato –con parte del mismo–, de la novela homónima escrita en 2012 por Javier Cercas (1962) en torno a una historia de amor y robos, de pandillas juveniles y fronteras de clase e identidad.

Tanto Cercas como Monzón tomaron conciencia de quienes eran en plena transición, la que comenzó con la muerte de Franco a mediados de los 70 y con la que se transformó por completo un país maniatado durante 40 años de implacable y criminal dictadura. Y lo que acontece en Las leyes de la Frontera tiene lugar en la Gerona de 1978, donde un chaval carne de abuso escolar y desorientación familiar de origen charnego, encuentra su redención o su perdición, eso nunca se sabe, en la figura de dos personajes periféricos: el Zarco y Tere. Al primero teme y admira; a la segunda también teme pero la mira cada vez más y más enamorado.

Lo que aquí se cuenta nos devuelve los ecos del llamado cine quinqui. Con ellos empezaron a crecer, primero Cercas, después Monzón. Ambos, cada uno con sus recursos y sus maneras, le dedican esta remembranza más cerca de la leyenda que de lo real, en un tiempo en el que la realidad parece perdida en el tiempo.

En su estreno en San Sebastián se hizo evidente que Las leyes de la frontera, sus protagonistas, carecen de aquella fresca inmediatez hecha de tanta incapacidad actoral como de insolencia personal. Los quinquis de aquellas películas de Eloy de la Iglesia y de Carlos Saura, no interpretaban, eran. Los del filme de Monzón derrochan carisma y capacidad. A ellos les corresponde asumir la versión Hollywood del cine de hace cuatro décadas. Y lo hacen bien.

Estamos ante el Monzón más entonado y excesivo, el de la Celda 211, el que se entusiasma recreando carreras imposibles en coches de desguace. Hay cartón piedra y la intriga se huele de lejos, pero entretiene y muestra pasión y disfrute. No es mucho, pero es bastante más coherente que los tres estrenos españoles nominados para el Óscar de Hollywood.

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