Críticas de cine | Elegía de la fe en "Benedetta"

08.10.2021 | 01:29

BENEDETTA

Dirección: Paul Verhoeven. Guion: David Birke y Paul Verhoeven. Novela: Judith C. Brown. Intérpretes: Virginie Efira, Charlotte Rampling, Daphne Patakia y Lambert Wilson. País: Francia. 2021. Duración: 131 minutos.

Nada, o casi nada, es lo que parece ser con (y en) Benedetta. Las prohibiciones de Rusia, la recogida de firmas de Perú o la frialdad de Cannes, no dañan la superficie de acero de un filme casi testamentario a cargo de un Paul Verhoeven que ha cumplido los 82. El tiempo todo lo ablanda, así que pese a que el escándalo parezca formar parte de este filme, Benedetta resulta ser una elegía reivindicativa y bienintencionada sobre las consecuencias de lo radical. En ella habita la esencia de un Verhoeven que no cede en su insolencia formal, aunque se comporta de modo piadoso con su loca abadesa rebosante de sensualidad y ¿fe?

Los (y sobre todo las) protagonistas de los filmes de Verhoeven son personas de una extrema coherencia consigo mismas; son seres que ignoran las correcciones formales para vivir el sexo, la ideología y el deseo de manera arrebatada. Inspirada en un personaje real, esta Benedetta, libremente recreada por Verhoeven, salda cuentas con su propio cine. Tres mujeres presiden un relato ambientado en el siglo XVI, en tiempo de pestes, contrarreformas y fundamentalismos. De todo ello nos alimentamos en el tercer decenio del siglo XXI.

El octogenario Verhoeven, sin necesidad de tener que demostrar nada ni a nadie, se ratifica en su ADN. Los goces del sexo y los duelos de la fe le hacen retornar a un tiempo medieval ya retratado en Los señores del acero. Como en aquel filme, Verhoeven traiciona el imaginario del Hollywood de capa y espada como el Bresson de Lancelot du Lac (1974). O sea, más escatología y ningún oropel; más fabular y pocos cuentos Lo que Verhoeven (d)escribe sabe de lo que siempre ha sabido: del periplo de una heroína que nada a contracorriente; de la corrupción del poder y de la ridícula impotencia de los poderosos. En ese sentido, Benedetta no ofrece nada que no se haya mostrado en la irreverente filmografía del autor de Instinto básico. Será octogenario, pero no se ha rendido. Es más, Verhoeven se atreve a medirse con Bergman y Dreyer. Recrea la agonía procesional de El séptimo sello y referencia la tortura de Juana de Arco, no para convocar a la muerte sino para redimir a las víctimas de la historia oficial. Verhoeven entre Alonso Quijano y Sancho Panza, nunca ha dudado.

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