Iker Karrera
bailarín, coreógrafo y profesor de danza

Iker Karrera: "Nunca imaginé que iba a trabajar en un programa como 'Fama, ¡a bailar!'"

28.05.2021 | 02:00
Iker Karrera: "Nunca imaginé que iba a trabajar en un programa como 'Fama, ¡a bailar!'"

El hondarribiarra Iker Karrera será galardonado este fin de semana con el premio honorífico a su trayectoria que conocede la Asociación de la Danza de Gipuzkoa

donostia – Karrera comenzó a tomar clases de danza desde muy joven en la escuela que regentaba su madre. Con 18 años marchó a Madrid, ciudad en la que reside y en la que continuó formándose. Fue allí también donde fundó la escuela Danza 180. En su trayectoria como bailarín llegó a trabajar en París para artistas como Céline Dion. Tras cosechar un gran éxito con la coreografía #7FM en 2016, dio el salto a la televisión para ser profesor y director de la academia de Fama, ¡a bailar!. La Asociación de Profesionales de la Danza de Gipuzkoa le ha otorgado su reconocimiento honorífico. Karrera recogerá el premio el domingo en el Ayuntamiento de Donostia pero mañana participará como coreógrafo en la tradicional Gala del Día Internacional de la Danza que acogerá el Victoria Eugenia. En este espectáculo presentará Cha cha one, un extracto de su última creación, No pleasure.

Que reconozcan la carrera de uno con un premio, siempre es satisfactorio.

–Lo recibo con mucha ilusión. No me lo esperaba para nada. Me llamaron el año pasado pero la entrega se pospuso por el covid-19. Me da mucho ánimo para seguir.

Repasemos su trayectoria. Usted comenzó a bailar en la escuela de su madre.

–La ama tiene una escuela que se abrió cuando nací, por lo tanto, la escuela también tiene 36 años. Nada más dar los primeros pasos ya estaba un poco en la academia, estaba muy acostumbrado a pertenecer a ese ambiente de bailarines y clases. Desde muy pequeño empecé a tomar las clases. Tengo el recuerdo de que a medida que cumplía años, le pedía a mi ama más horas de formación y más clases; al final, me tiraba todas las tardes allí, casi desde las cinco hasta las nueve. El baile viene de casa (ríe).

Tiene varios hermanos, ¿algún otro ha abrazado también la danza?

–Uno de ellos, que tiene 16 años, sigue bailando con la ama. Es verdad que le apasiona, pero quizá no sea tan pesado como era yo con las clases (ríe). Le gustan más cosas, así que no creo que se dedique al baile.

A los 18 años decidió marcharse a Madrid.

–Vine a Madrid a estudiar una carrera, pero el motivo real era venir a bailar, seguir tomando clases y seguir formándome. Al final, la carrera la podía hacer en Bilbao pero sabía que lo que necesitaba estaba aquí, en una ciudad grande. Lo que me gustaba y mis referentes en cuanto a la danza estaban en Madrid. Al acabar la carrera universitaria, me dije: o ahora o nunca, y me metí de lleno a bailar.

Siempre le ha interesado la danza urbana.

–Comencé a dar clases de danza jazz, danza moderna, en la academia de la ama que era, un poco, lo que tenía a mano. Es cierto que cuando tenía 16 comenzó a haber clases de hip hop y de danza urbana en Donostia y empecé a meterme por ahí. Quizá tenía que haber empezado por el ballet clásico pero en aquel entonces no me llamaba tanto la atención. Me metía en aquello que tenía cerca. Cuando llegué a Madrid sí que me di cuenta que tenía que formarme más en danza clásica y contemporánea.

¿En el País Vasco no había una oferta formativa que le interesase?

–Cuando era pequeño me tomaba la danza como un hobby, como algo para desconectar. Nunca me planteé estar formándome para luego dedicarme a esto. En Donostia seguramente hay escuelas maravillosas de clásico pero para cuando yo decidí tomármelo en serio, tenía el foco puesto en cosas más comerciales como el urbano. En aquel entonces me llamaba mucho más la atención poder bailar con artistas o con cantantes y estaba en ese mood un poco adolescente, siempre con una mirada en Madrid, en Barcelona o, incluso, en Londres.

¿En qué momento decide que la danza no va a ser un hobby sino una profesión?

–No sé cuál fue el momento. Cuando llegué a Madrid y vi el ambiente y los compañeros, me di cuenta que si había otra gente que podía hacerlo, yo también. Yo estaba muy asustado. Era muy tímido y pensaba que con mi carácter igual no me podía dedicar a esto (ríe). Pero Madrid tiene una cosa que te espabila un montón y, al final, haciendo audiciones y formándote, no te queda otra. Cuando llegué a Madrid vi el abanico de posibilidades que había y ahí fue cuando me animé.

¿Qué le lleva a fundar la academia Danza 180?

–Fernando Lázaro y yo la fundamos en 2013. Es una escuela de danza que teníamos pensado arrancar, aunque quizá no tan pronto porque cada uno seguimos en activo y creando coreografías. Es verdad que por circunstancias de la vida se dio así; dábamos clases en otros lugares, nos seguía mucha gente, teníamos mucha ambición para hacer nuestro propio proyecto. Hay situaciones en la vida en las que dices: o ahora o nunca. Desde 2013, hemos ido creciendo poco a poco cada año. Estamos muy contentos, aunque es mucho trabajo. Por la mañana la escuela está orientada a algo más profesional, casi como un conservatorio privado y, por la tarde, es una escuela abierta para gente amateur, es ocio puro y duro. Todo el trabajo que conlleva es costoso pero gratificante. Hemos sacado promociones de bailarines que están trabajando en Alemania, en compañías, en musicales... El mejor resultado es el propio recorrido del bailarín, como entró a la escuela y cómo ha salido formado. Estamos muy orgullosos de lo que estamos haciendo.

Bailarín, coreógrafo, director artístico de una academia... ¿Con qué se queda Iker Karrera?

–Con todo. Cada cosa ha llegado en el momento en el que tenía que llegar. Además, tengo la sensación de que acabo de empezar en esto. Ahora es cuando soy más consciente de todo, entiendo las cosas de otra manera y ahora es cuando me siento preparado para empezar a trabajar, porque cada proyecto es empezar de cero y cada uno ha sido diferente a otro. Me quedo con todas. Siempre me ha gustado mucho la enseñanza. Hace años que no bailo pero era una maravilla. Coreografiar es, quizá, lo que ahora más me motiva.

¿Por qué?

–Me está abriendo muchas puertas y estoy coreografiando muchas cosas muy diferentes. Es cierto que cada medio es diferente: la televisión es diferente del teatro, el teatro es muy diferente de una compañía... Cada cosa tiene lo suyo y estoy aprendiendo muchísimo. Espero poder seguir trabajando en cosas que todavía no conozco. Creo que es la clave para mantener la ilusión y ese espíritu activo.

Habla de coreografía y, precisamente, '#7FM' fue una de sus piezas más exitosas. ¿Qué ha supuesto para usted?

–Lo especial de #7FM es que lo hice sin ningún tipo de pretensión y sin ningún tipo de intención de nada. Tenía a los bailarines, a Carla y Raymond; me encantaba su manera de moverse y quería trabajar con ellos. A partir de ahí surgió una pieza de 15 minutos. La pieza no habla de nada, no hay una historia detrás en la que busque expresar nada. ¡Qué va! Era algo mucho más sencillo que creamos en dos o tres semanas. Empezamos a presentarla a festivales porque la gente nos decía que era algo genial. Es cierto que era danza contemporánea fusionada con otro tipo de estilos que, a priori, no me parecía que encajasen en los festivales más conocidos de aquí. Es cierto que nos cogían en todos los sitios y la gente agradecía que se presentasen cosas nuevas, más frescas y de coreógrafos jóvenes que estábamos empezando.

'#7FM' le llevó por todo el globo.

–Actuamos en el Estado, giramos por Europa, nos fuimos a Nueva York un par de veces... Fue como un sueño. Pensaba: Qué maravilla que pueda estar dando trabajo a estos dos bailarines y que la gente pueda estar viendo mi trabajo en todas las ciudades a las que vamos. Fue muy bonito porque fue muy inesperado y creo que las cosas que no planeas demasiado son las que mejor salen. Por eso le tengo un especial cariño a la pieza y también porque me abrió un abanico de posibilidades.

Le abrió las puertas a una posible realidad: dedicarse a la coreografía.

–Eso es. En ese momento no tenía intención de investigar por ahí, me dio la motivación para seguir probando y creando piezas. Es cierto que, justo después de #7FM llegó la oportunidad de participar en Fama, ¡a bailar! y lo dejé momentáneamente.

No obstante, el año pasado, antes del confinamiento estrenó una nueva pieza, 'No pleasure'.

–Ha sido un paso más allá. He pasado de generar una pieza corta como #7FM a una obra de una hora. Siempre que puedo me encanta retomar la creación porque es vivir la danza desde otro lado. La tele y todo eso está bien, pero es una fábrica mucho más rápida. Tienes que generar muchas cosas, muy rápido. Siempre que tengo un hueco me apetece todo lo contrario: meterme en una sala con unos bailarines y coger tiempo, disfrutar de los procesos. Son trabajos muy diferentes que me complementan muy bien.

¿Cómo fue su experiencia en 'Fama'?

–Fue superpositiva. Nunca imaginé que iba a trabajar en un programa como Fama, ¡a bailar!, y menos delante y detrás de las cámaras. Es verdad que cuando me ofrecieron el proyecto me aseguraron mucho que la danza iba a ser la verdadera protagonista y que se iba a tratar a la danza con respeto. Que iba a ser una cosa realista, que cada estilo se llamaba por su nombre, que los bailarines iban a bailar, que iba a ser una cosa seria. Yo tenía una responsabilidad ante tal ventana de exhibición y exposición de mi trabajo. Quería hacerlo bien y ser muy respetuoso con mi oficio. El equipo fue maravilloso. Es cierto que fue muy intenso, pero me lo pasé muy bien. Hicimos cosas muy interesantes. Nos dejaron mucha libertad a la hora de crear y a la hora de hacer y se notó.

¿Cuando se participa en un programa como 'Fama' no se desvía el foco de la atención, de lo que uno hace a otra cosa?

–Es cierto que este programa era muy grande pero se emitía en Movistar+. Era algo muy cuidado y diría que underground, en el sentido de que era muy comercial, pero metimos músicas, por ejemplo, que yo jamás he visto en la televisión. Al final, es una televisión de pago y no es como si hubiese participado en Operación Triunfo, que eso sí te cambia la vida y tienes una exposición con la que acaba conociéndote todo el mundo. Me daba mucha seguridad que lo produjese Movistar+. Lo iba a ver mucha gente, pero iba a poder salir de casa. Si hubiese sido algo como el Fama de hace diez años, me lo hubiese planteado porque en esos casos sí que la atención se desvía y cualquier tontería que digas puede venir en tu contra.

Durante 2020 el sector de las artes en vivo sufrió especialmente por el covid-19. ¿Cuál ha sido su experiencia?

–Cuando llegó la pandemia la cogí con ganas. ¡Estaba tan cansado! Pensaba que estar dos o tres semanas en casa me iba a servir para descansar. Pero, al final, fue una cadena de acontecimientos que nos afectó a todos. Se ha parado todo. Todo se ha resentido mucho. Es cierto que en la escuela hemos tenido cierta suerte, debido al hecho de que dedicamos las mañanas a un público más profesional. Nos ha venido bien tener ese tipo de alumnos que tienen la conciencia de que se tienen que seguir formando aunque el mundo se pare. La gente ha seguido viniendo a clase, sin miedo, tenía muchas ganas de bailar. Es cierto que los alumnos más amateur o infantiles se han resentido más porque la gente ha perdido capacidad económica, haces un orden de prioridades. De cualquier modo, con los aforos arriba y abajo, hemos seguido abiertos. Espero que de cara a septiembre la cosa se relaje y creo que va a haber una explosión de trabajo, de ocio y de entretenimiento en general. Es a lo que nos vamos a agarrar todos.

¿Cómo afectó la pandemia a las funciones de 'No pleasure'?

–Estrenamos No pleasure en febrero de 2020, un mes antes del confinamiento. Tuvimos muy buena respuesta, fue muy bien. Pero con la pandemia todo se pospone aún más porque los teatros están reprogramando todo lo que se cayó. Van saliendo bolos, pero hay que ser paciente porque la cosa va lenta; sobre todo, si no eres una compañía muy grande, es todo muy precario.

¿En qué está trabajando ahora?

–En enero de 2021 comencé a trabajar en un proyecto que he terminado esta misma semana. Ha sido un programa de televisión, también para Movistar+, dirigido, producido y presentado por Emilio Aragón, que vuelve a la tele. Ha sido un programa de música maravilloso que he tenido la suerte de poder coreografiar.

"Coreografiar es, quizá, lo que más me motiva ahora. Me está abriendo muchas puertas y estoy creando cosas muy diferentes"

"Tengo la sensación de que acabo de empezar en esto de la danza porque cada proyecto es como empezar de cero"

"Cuando me ofrecieron dirigir la academia de 'Fama' me aseguraron mucho que la danza iba a ser la verdadera protagonista"

"La tele es una fábrica más rápida; cuando tengo un hueco me apetece lo contrario: meterme en una sala con unos bailarines y tiempo"

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