músicoRafa Rueda

"Hay que aprovechar los terremotos para recolocar las piezas del ajedrez e ir a ganar la partida"

30.11.2020 | 00:21
"Hay que aprovechar los terremotos para recolocar las piezas del ajedrez e ir a ganar la partida"

El músico vizcaino edita 'Rueda', un soberbio disco de ambientes oníricos, melancólicos y calmos que alterna lo acústico con guiños electrónicos

donostia – Rafa Rueda, exlíder de Pilt el siglo pasado, acaba de grabar el mejor disco de su carrera de cara a la extraña Durangoko Azoka, que, en su opinión, "ni es en Durango, ni azoka". El álbum lleva el título de Rueda (Zart Kolektiboa) y muestra textos de Sarrionandia, Iñigo Astiz y Josu Goikoetxea mecidos por una madura mezcla de ambientes oníricos y melancólicos conducidos por guitarras acústicas y detalles electrónicos. "Hay que aprovechar los terremotos para recolocar las piezas del ajedrez e ir a ganar la partida", explica el músico en esta entrevista.

En el álbum anterior hablaba de un "cambio de ambientes". El actual avanza en ese camino.

—Sí, fue una bonita experiencia trabajar con Jon Agirrezabalaga (exWAS, ahora Zabala). Me abrió un camino en la sonoridad que quizás queda más en evidencia ahora. De cualquier modo, el método ha sido muy diferente. Uno de los mayores aciertos ha sido intentar no repetir fórmulas, para aumentar la capacidad de sorpresa.

¿Qué impulso siguió el trabajo conjunto en 'Rueda'?

—La idea era hacer un disco de guitarra, voz y electrónica, y Jon me parecía la persona más adecuada para hacer crecer mi propuesta. Tiene una inteligencia musical muy alta y ve cuál es el mejor camino para llegar adonde quieres. Lo ha demostrado con proyectos muy diferentes.

¿Algún detalle de la grabación?

—Fue entre julio y octubre de este año en los estudios bilbainos de El Tigre. Solo estamos Jon con la electrónica y yo con la guitarra y voces. Y la colaboración del coro Euskeria de la Sociedad Coral de Bilbao.

Es un disco muy onírico y melancólico, de los de escuchar plácidamente y dejarse llevar por él.

—Es una bonita manera de definirlo. La ensoñación y la melancolía van bastante conmigo. Lo de dejarse llevar por él creo que es el objetivo de cualquier disco y, si lo he conseguido, es para estar contento.

El álbum tiene una base plácida y de guitarras acústicas que, en no pocas ocasiones, se viste con detalles electrónicos.

—Sí, es un disco pausado cuyos pilares son las guitarras, las voces y la electrónica.

Y se ha atrevido con el 'autotune' y con una masa coral.

—El autotune es un divertido acierto propuesto por Jon. No se pierde el carácter de la canción en origen pero la trae a sonoridades contemporáneas. Y la masa coral participa en cinco temas. No quería que fuera demasiado explícita porque podía condicionar mucho la sonoridad, pero enriquece el timbre. Euskeria es un coro joven y bien trabajado que se ha adaptado a lo que le pedíamos. Puede que haga algún concierto especial con ellos.

En el disco anterior recuperó el sonido de su juventud, el de The Cure y Depeche Mode. Este recuerda la placidez pastoril de Bon Iver trasladada a sus últimas canciones, más experimentales.

—Es posible. Bon Iver es uno de los artistas que más he escuchado últimamente, así como Sharon Van Etten, Sufjan Stevens o José González. Pero también hay una influencia que se retrotrae a mi tierna infancia: Simon & Garfunkel. Fue uno de los discos de mis hermanas mayores que más escuché.

Algunos echarán en falta las guitarras eléctricas. ¿Cansado del rock?

—No, simplemente estoy escuchando otro tipo de cosas. El rock me sigue gustando, pero tenía ganas de hacer algo más pausado. Probablemente le vuelva a dar más espacio en un futuro si me lo pide el cuerpo.

¿Se podría definir 'Rueda' como su fotografía actual? Uno imagina lo que escuchaba con Pilt, luego britpop, ahora ambientes entre folk y electrónicos€

—Eso es, es mi fotografía aunque no es algo que no pueda cambiar en un futuro, Siempre me ha gustado probar cosas nuevas y funciono en base a la intuición.

¿Tenía una idea previa del sonido o se dejó llevar?

—Quería un disco de pocos elementos, Empecé maquetando temas antiguos en ese formato y luego empezaron a salir nuevos. Empecé a componer por noviembre de 2019 y terminé en marzo. Hay algunos temas que se han quedado y he recuperado Bide erdian (Kea), el primero que hice en solitario. Dado el carácter especial de este disco, era bonito que estuviese aquí. En cuanto a los estímulos, funciono por impulsos. Puedo estar un tiempo largo sin hacer nada pero de repente escucho algo que me llama la atención y entro en la dinámica de trabajar con frecuencia. Alterno disciplina con temporadas de desconexión.

El previo era un CD conceptual sobre la urbe y quienes la habitamos. ¿Y este?

—No buscaba nada preconcebido o en torno a una idea o concepto. Solo una colección de canciones sin más pretensión y, aún así, creo que hay una unión entre ellas que, ya sea por la sonoridad o por el carácter, crea una atmósfera común que también lo hace conceptual aunque de una manera totalmente instintiva.

¿Cómo trabaja los textos? Aquí colaboran Inge Muller, Sarrionandia, Iñigo Astiz, Audre Lorde, Mari Luz Esteban, Josu Goikoetxea y Elena Olaberenak.

—Me detengo en los que me llaman la atención. A veces pido consejo, sobre todo en poesía. Cada vez me resulta más difícil escribir mis propios textos y tampoco creo que sea necesario (Laboa nunca lo hizo). Sarrionandia publicó la antología Izkiriaturik aurkitu ditudan ene poemak, en la que traducía textos ajenos que le hubiera gustado que salieran de su pluma. Eso me pasa últimamente, que encuentro textos que expresan mis inquietudes mejor de lo que yo lo haría.

Las letras hablan de diversidad, del tiempo, batallas perdidas, la llegada de la catástrofe que alimentamos nosotros, la capacidad de búsqueda y sorpresa como supervivencia€

—La temática es bastante amplia pero, a su vez, muy ligada al día a día de cualquiera. Hay una linea marcada por la cotidianeidad que hace que haya un punto de encuentro.

La canción 'Foto zaharrak' es una joya. ¿Sale ganando cuando mira fotos viejas? ¿Quedan sueños y batallas que ganar, aunque nos sintamos perdidos en este tiempo de incertidumbre?

—Por supuesto. Me veo en fase de crecimiento, y espero que de una manera u otra nunca deje de ser así. Hay que intentar aprovechar los terremotos para recolocar las piezas del ajedrez, a ser posible mejor, e ir a ganar la partida. En ello estamos.

Rara esta Durangoko Azoka. ¿Qué espera de ella?

—Bastante rara, sí. No sé si se le puede llamar ni siquiera Durangoko Azoka, ya que van a sacar de la localidad muchas actividades. Por lo tanto, ni Durango, ni Azoka. Hay mucha incertidumbre sobre cómo va a ser la respuesta de la venta virtual. Como a otros sectores, la pandemia ha pegado fuerte en el nuestro, y habrá que hacer lo que está en nuestra mano para que las magulladuras afecten lo menos posible.

¿Tiene ganas de conciertos?

—Muchas. Tengo algo en enero pero luego todo es una incógnita. Supongo que siendo un formato más manejable que en trabajos anteriores se adecúa mejor a los tiempos, pero nadie se atreve a hablar más allá de mañana. Esperemos que las cosas vayan mejor y que podamos vernos en conciertos antes de primavera.

"Lo de 'dejarse llevar por él' creo que es el objetivo de cualquier disco, y si lo he conseguido, es para estar contento"

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