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La inglesa que hizo que los vascos mirasen al mar... de nuevo

06.05.2020 | 00:09
Ilustración del oñatiarra Jabier Erostarbe dedicada a Selma Huxley y que cuelga en la Oficina de Turismo de Oñati. Foto: Jabier Erostarbe

Tras la muerte de la investigadora Selma Huxley el lunes, NOTICIAS DE GIPUZKOA repasa su vida y legado a través de testimonios de amigos y colegas de la profesión que la conocieron.

Cientos de años después de que la sociedad vasca crease una potente industria en torno a la caza de la ballena en Terranova y Labrador, y cuando todo aquello casi permanecía en el olvido, a finales del siglo pasado la investigadora británica Selma Huxley Barkham hizo que la mirada de la sociedad volviese a los océanos. "Humilde", "trabajadora", "sabia", "agradable", "exigente consigo misma y con otros" y con un porte "muy británico", varios amigos y colegas vascos que la conocieron hablan para NOTICIAS DE GIPUZKOA sobre la mujer que fue determinante para conectar Canadá con la costa vasca, una estudiosa incansable gracias a la que se halló el pecio de la nao San Juan en aquellas aguas. "Tuvieron que venir de fuera para estudiar nuestros vestigios", comenta José Antonio Azpiazu, historiador legazpiarra asentado en Oñati, a lo que el Ramón Martín, archivero del Archivo Histórico de Protocolos del territorio, añade que ese fue uno de sus grandes logros: el de "poner, de nuevo, a Euskal Herria mirando al mar" en una época en la que la historiografía y la sociología fijaban la mirada sobre lo rural.

Selma Huxley, que falleció el lunes a los 93 años de edad, pertenece a una saga de intelectuales y pensadores. No en vano, su padre fue el diplomático Michael Huxley, máximo responsable de Geographical Magazine, revista de la Royal Geographical Society editada por primera vez en 1935. Aún más, la historiadora es pariente de Aldous Huxley, autor de Un mundo feliz y La isla, y de sus hermanos, Julian Huxley, primer director de la Unesco, y Andrew Huxley, Premio Nobel de Medicina –eran primos de su padre–.

Antes de asentarse en Gipuzkoa, la historiadora tuvo una vida de trotamundos. La Segunda Guerra Mundial la vivió a caballo entre Inglaterra y Estados Unidos, mientras que sus estudios los realizó en París y Londres. A comienzos de la década de 1950 se trasladó a Canadá, donde tres años más tarde ocurría uno de los hechos que cambiaría su vida; conoció al que fue su marido, el arquitecto Brian Barkham, persona que la acercó al País Vasco –los caseríos fueron el objeto de estudio de la tesis de este inglés–. Con él viajó a Euskal Herria en 1956 y fue en esa visita cuando escuchó hablar sobre la presencia vasca en Canadá a lo largo de los siglos XVI y XVII. Desgraciadamente, ocho años después, con 37 años y cuatro hijos, enviudó.

Su interés sobre las relaciones entre ambos territorios le hicieron tomar la determinación bucear en los archivos de los Estados español y francés, motivo por el que estudió castellano en México, antes de recalar en Bilbao en 1972, donde cursó estudios de Paleografía en la Universidad de Deusto, al tiempo que impartía clases de inglés para mantener a sus hijos.

En aquella época, Huxley logró financiación del Gobierno canadiense para localizar documentos que fuesen de interés para aquel país. Así, se afincó en Oñati en 1973, municipio que albergaba el citado archivo y localidad en la que residiría durante dos décadas, convirtiéndose, tanto ella como sus hijos, como una oñatiarra más. Su importancia en el municipio es tal que desde 2017 el Ayuntamiento convoca cada año una beca de investigación que lleva su nombre con el objetivo de dar a conocer las aportaciones realizadas a lo largo de la historia por las mujeres de Oñati a la localidad.

metodología "revolucionaria" Martín conoció a Huxley, no en su época como investigadora en activo, sino a posteriori, dado que durante años continuó visitando los fondos de la localidad. Martín incide, "desde un punto de vista científico", en su manera de trabajar: "Fue una persona muy rigurosa". En este sentido, comenta que aplicó el "método científico" a la Historia, "en una época en la que muy pocos lo hacían".

José Antonio Azpiazu, autor de libros como La empresa vasca de Terranova, también conoció a la investigadora, con la que mantuvo una relación "estrecha". "Vino a ver si encontraba algo, y lo que encontró fue un tesoro", comenta Azpiazu. "Vivía para la investigación y creo que hizo un trabajo increíble", afirma, para después añadir que algunos, como él, han seguido por el camino marcado por la británica. "Ya sabíamos que nos habíamos dedicado al mar, pero había pocos estudios al respecto", explica Azpiazu, quien afirma rotundo que gracias a las investigaciones y publicaciones de Huxley se dio a conocer a todo el mundo la presencia de balleneros vascos en Canadá.

Martín, por su parte, remarca que lo que ella hizo fue dotar de la importancia precisa a los documentos que leía. Estableció conexiones entre unos y otros –Huxley no solo profundizó en los fondos de Oñati, también en los de otros archivos como los de Bilbao, Londres, Burgos, Valladolid...–, cruzar datos y así sacar conclusiones, que luego confirmaría con trabajo de campo. "En este aspecto, en cuanto a metodología, fue revolucionaria", explica el archivero, quien además comenta que en muchos casos la investigación de la época se circunscribía a, simplemente, encontrar un documento u otro.

"persona esforzada" El filólogo e historiador local Jerardo Elortza recuerda bien la llegada de Huxley a la localidad en 1973. Tras enviudar y con cuatro hijos, "era un momento difícil" para ella. Elortza y Huxley fueron vecinos en una casa situada en Foruen Enparantza y siempre mantuvieron una relación muy estrecha, no solo por la cercanía convivencial, sino también por la afición común por la historia. Ambos mantenían conversaciones sobre cuestiones como el euskera, la toponimia y también sobre algunos personajes relevantes del país; inquietudes a las que Elortza intentaba responder. "Era una persona muy esforzada", describe su amigo.

El que fuera profesor de Mondragon Unibertsitatearecuerda con cariño cómo acompañó a Huxley en un viaje a Estados Unidos en 1992, con motivo de un congreso que tuvo lugar en Reno –Nevada– por el 500 aniversario del descubrimiento de América y que analizaba el papel de los vascos en el nuevo continente.

También narra la vez en la que, a principios de la década de 1980, ambos acudieron al Museo Vasco de Baiona, tras la pista de unos versos con temática marítima. Allí fue donde encontraron tres manuscritos que narraban la relación y el viaje de navegantes vascos a la caza de la ballena en Terranova y Labrador.

Partiada Tristea, Ternuara; Itsassoco Perillac y Ternuaco Penac se publicaron, entre otros, en el tercer volumen de Itsasoa, libro en el que también participaron Huxley y su hijo Michael Barkham, también historiador. "Tuve la alegría de encontrar aquellos bertsos y poder publicarlos", comenta Elortza sobre una obra poética que, una vez traducida, también fue llevada a un museo situado en Red Bay.

más allá de la nao 'san juan' El director del Museo Marítimo Vasco y uno de los nombres visibles de la Factoría Marítima Vasca Albaola, Xabier Alberdi, conoció a Huxley hace unos 25 años, cuando se encontraba preparando su tesis doctoral; fue un encuentro fortuito en el Archivo de Tolosa. De allí, surgió una relación que posteriormente también se extendería a su hijo Michael.

Es más, según cuenta Alberdi, la amistad con Huxley le llevó a conocer a varios investigadores del extranjero. Y también, gracias a su intermediación, conoció a Xabier Agote, presidente de Albaola con el que ahora comparte proyecto. Conocida es la historia de cómo Agote tuvo la voluntad de estudiar carpintería de ribera, un volumen de National Geographic de 1985 que hablaba sobre el descubrimiento de la nao San Juan en las aguas de Red Bay.

Hay que retroceder unos pocos años. Tras encontrar múltiples referencias a puertos balleneros vascos del siglo XVI en Canadá, Huxley organizó una expedición sobre el terreno en 1977 para explorar la costa sur de Labrador, entre Blanc-Sablon y Chateu Bay. Además de encontrar pruebas de presencia vasca en la zona –tejas, arpones, signos de antiguos hornos para fundir la grasa, etcétera–, el mayor descubrimiento lo hallaron bajo el mar. Se trataba del citado ballenero –que ahora Albaola reconstruye en su museo-astillero de Pasaia–, el pecio mejor conservado de la época y un hallazgo con valor sin par.

Alberdi incide en la importancia del legado de Huxley, una aportación que va aún más allá. A este respecto comenta que llegó a Euskal Herria a finales del franquismo, cuando "todo estaba por hacer". Algunos otros historiadores ya habían investigado sobre los balleneros vascos en Canadá, pero añade que la inglesa le dio otra dimensión a esta cuestión. En aquella época, la Historia se circunscribía a los Estados. Así, otras cuestiones como la caza de las ballenas o la construcción naval, eran tomadas como algo menor.

Huxley llegó a una sociedad a la que durante décadas se le había dicho que "no tenía historia". Pero no era así, aquello que algunos afirmaban tan pequeño, se demostró muy importante a nivel internacional. "Selma fue la que abrió los ojos de mucha gente en Euskal Herria", sentencia Alberdi.

Selma Huxley, fallecida

el lunes, fue un personaje clave en determinar la presencia de balleneros vascos en Canadá

Estudiosos que la conocieron definen a Huxley como "humilde", "trabajadora", "sabia", "agradable" y "exigente"