Barcelona. La influencia del arte y la estética japonesa en Europa, España, y muy especialmente en Catalunya con el modernismo, desde mediados del XIX, se descubre en CaixaForum en una exposición que por primera vez explica cómo arraigó en artistas como Toulouse-Lautrec, Manet, Picasso, Dalí, Miró, Fortuny o Nonell.

Formada por más de 300 piezas de 108 prestamistas públicos y privados, muchas de ellas no expuestas al público habitualmente, la muestra ofrece una visión panorámica de las manifestaciones artísticas que formaron parte del japonismo, como pintura, grabado, dibujo, ilustración, joyería o decoración, entre 1870 y la Guerra Civil española, explicó ayer su comisario, Ricard Bru i Turull.

La muestra, que se enmarca en la celebración de los 400 años de las relaciones diplomáticas entre Japón y España, arranca con los primeros contactos entre ambas culturas en 1549 a través de las misiones jesuíticas, y con un altar portátil de lacas Namban de 1600 con un cristo de coral, que es un ejemplar único en el mundo. Durante el recorrido se explica cómo en las exposiciones internacionales de París de 1867, 1889 y 1900 Japón se abrió a la modernidad y se convirtió en un aire fresco de inspiración, tras abrirse el país a Europa en 1854.

Según Bru, en el arte japonés los artistas europeos vieron una increíble fuente de inspiración procedente de sus grabados, su arte con manchas de color, sus nuevas perspectivas, sus vistas aéreas y en las formas de representar la naturaleza, que adoptan de inmediato.

Tras remarcar que sin el japonismo no se puede entender lo que fue el Impresionismo, el Modernismo y el Art Noveau, Bru explicó que todos los grandes artistas de esa época coleccionaban arte japonés porque se sintieron fascinados por el país y sus manifestaciones artísticas.

El pintor Marià Fortuny fue quien introdujo el japonismo en España desde París y pronto influyó en otros artistas, como Salvador Dalí, de quien se muestra un biombo pintado en su juventud de estilo oriental. Así, de Joan Miró se expone un retrato de 1917 procedente del MOMA del también pintor y amigo Enric Cristòfol Ricart, con fondo japonés y que firmó dentro de un cartucho como hacen los artistas nipones. En el CaixaForum Barcelona se pueden ver también una reconstrucción parcial del pabellón japonés de la Exposición Internacional de 1888 celebrada en la capital catalana, y el catálogo original de la muestra. También hay piezas del salón japonés que los hermanos Masriera tenían en su taller de orfebrería de la calle Bailén en Barcelona, y un retrato que Ramón Casas hizo en 1902 de Sadayakko, la primera actriz japonesa que triunfó en Europa, y que ese año actuó en la capital catalana. De Picasso se pueden ver un esbozo en papel de esta actriz japonesa y un menú hecho a lápiz de Els 4 Gats.