Ayuso remata la Volta al Algarve
El alicantino cierra con victoria en Malhao la conquista de la carrera portuguesa por delante de Seixas y Almeida
El jueves, Paul Seixas, joven, exuberante y voraz, pudo con Juan Ayuso, que pertenece a la misma estirpe, en el esprint en altura de Foia. Ambos compiten sobre ese no lugar que es el futuro tras Pogacar, plenamente vigente el esloveno. Pelean por lo que se supone que serán.
El francés, de bisabuelo portugués, es la esperanza francesa. El sueño galo de que al fin alguno de sus compatriotas podrá recuperar el acento francés y la grandeur de un campeón del Tour. Desde Bernard Hinault nadie ha podido abrazar la gran carrera, convertida en una criatura mitológica.
Ayuso, que salió disparado del UAE porque pretendía más jerarquía, estatus y rango, desea acabar con la dictadura de Pogacar, un asunto quimérico si el esloveno mantiene su empuje. Es una bola de demolición Pogacar.
Su ascendente, aunque aún no ha iniciado la competición, fija el metro patrón para el resto. Todos corren contra la sombra de Pogacar desde la distancia.
Ayuso defendía en el Alto de Malhao que empuñaba la Volta al Algarve el liderato, adquirido en una crono espectacular, solo superado por Ganna días atrás. En la terraza con vistas al Algarve, el alicantino, la apuesta del Lidl, necesitaba defender la renta ante Seixas.
Alrededor gravitaba Joao Almeida, uno de los alfiles de Pogacar. Con ambos pudo Ayuso, campeón de la carrera portuguesa tras imponerse en el cierre por delante de Oscar Onley. Seixas fue tercero. Almeida cedió cuatro segundos. A Ayuso, vencedor final, le acompañaron en el podio Seixas, a 14 segundos, y Almeida, a 59.
Subida igualada
El portugués se encendió en la subida, de apenas 2,6 kilómetros, pero exigente. Almeida, de natural diésel, desplegó su catálogo. Elevó el ritmo, altos los vatios. Los decibelios llegaban de la arenga de los aficionados, concentrados para el espectáculo que se presuponía. Jugó Almeida al desgaste, pero no hubo lija para Ayuso y Seixas, que se vigilaban.
El alicantino tenía la mirada cubista, picassiana. Vigilante camaleón para fijar las intenciones de Seixas. El francés contaba con Riccitello. El estadounidense dio un paso al frente y despachó el compás de Almeida. El luso era un fado.
Aceleró para tensar el sistema nervioso de Ayuso. Oscar Onley no perdía detalle del baile, del vis a vis entre Seixas y Ayuso, que les separaba apenas siete segundos en la general. La tensión alcanzó el punto de no retorno tras el desfogue de Riccitello, que pretendía lanzar a Seixas.
Emparejados Ayuso y el francés, Onley percutió. El inglés, alegre, pizpireto, cimbreó sus opciones esprintando a falta de 200 metros para la cumbre. Ayuso le aguantó la mirada.
Le rebañó cada palmo en un pulso agónico. Seixas perdió el rebufo mientras Ayuso hombreaba por la victoria con Onley, al que rebasó en el pellizco final, sobre la línea. Un golpe de riñón victorioso.
"Estoy muy contento de haber conseguido esta victoria, es la primera carrera con mi nuevo equipo y haberlo logrado de esta manera, cuando los rivales lo pusieron muy difícil y nos apretaron todo el día y que el equipo haya respondido como lo ha hecho, estoy muy orgulloso de pertenecer a este equipo y de dar esta victoria a mis compañeros", afirmó el alicantino tras su triunfo en el Alto de Malhao. Ayuso remata la Volta al Algarve.