Las confusiones están a la orden del día y las que tienen que ver con viajes y con nombres de lugares son bastante habituales, sobre todo si los turistas no dominan la lengua local. Aficionados de un equipo de fútbol que se van a Bucarest en lugar de a Budapest, extranjeros que acaban en Palencia cuando iban a Valencia, un grupo de música que se va a tocar a la Baiona de Pontevedra cuando había sido contratado en la Baiona de Iparralde

Confusiones viajeras en la radio

De ese tipo de confusiones decidieron hablar hace unos días en la sección La hora de los fósforos del programa Herrera en COPE con Alberto Herrera al mando. Los oyentes llamaban para relatar errores de esos vividos en primera persona y Conchita se llevó la palma contando lo que le sucedió “hace ya bastantes años” en el antiguo aeropuerto de Sondika, donde trabajaban ella y su marido, en tiempos en los que “no había ni GPS ni nada, evidentemente”.

Y ese dato lo suelta porque, sin que fuera su intención, enviaron al Principado de Andorra a una pareja extranjera que pretendía ir a Ondarroa. “Salimos de trabajar, once de la noche, y nos sentamos en un barquito que había abajo en el pueblo a tomar una copita. En esto viene un coche de alquiler del aeropuerto con una pareja joven que paró. Yo creo que nos vio con uniforme y pensó: ‘Estos saben’, recuerda.

Y entendieron que les preguntaron cómo podían ir a Andorra. “Hablaban en inglés, entonces os imagináis la conversación: ‘We want to go to Andorra’. ‘Ah, Andorra’. Claro, eran las once y media de la noche. Y les dijimos que podían ir por España, por Francia…, y ellos se miraban como asustados. ‘¿Una hora?’. ‘No por Dios, ¿una hora a Andorra? No sé cuántas, seis, ocho…’. No calculaba cuánto se podía tardar de Bilbao a Andorra. Y ellos los pobres miraban el mapa todo el rato”, sigue contando.

Era Ondarroa, no Andorra

Ellos les explicaron cómo podían llegar al pequeño país pirenaico “y ya los pobres se fueron convencidos, les dijimos que cogieran dirección Vitoria, en Vitoria ya les dirían por Zaragoza... Y nada, conforme les vimos dar la vuelta y ya enfilar la carretera de repente se me iluminó la cabeza y le dije a mi marido: ‘Ay, Dios mío, ¡que estos no iban a Andorra, que seguro que iban a Ondarroa!’”.

Pero ya no había nada que hacer, no había forma de poder remediar su error. “Cada día de mi vida me acuerdo de ellos porque no quiero ni pensar la faena que les hicimos”, admite Conchita, consciente de que poco tiene que ver, en paisaje y en distancia, el pueblo costero vizcaíno con la localidad pirenaica, si es que llegaron hasta la capital.