La joven violada en Beasain no vio al agresor, que la asaltó al salir de casa

Intentó huir, gritó, pero no pudo zafarse del atacante, ya que perdió el conocimiento

24.01.2022 | 12:26
La abogada de la asociación Clara Campoamor, Cristina Ramos (i), y la de la acusación particular, María Luisa Vallés (d), al inicio del juicio

La joven violada el 13 de julio de 2019 en Beasain, supuestamente a manos del violador en serie de Gipuzkoa, que se sienta desde este lunes en el banquillo de los acusados, no vio a su agresor, que la asaltó por detrás cuando salía de la casa en la que vivía con su hermano y su cuñada. El acusado, jefe de su hermano, sabía que este se iba con su mujer de vacaciones y que la víctima se quedaba sola en casa.

La mujer agredida sexualmente ha relatado los hechos durante la primera sesión del primer juicio por violación al que se enfrenta el procesado. Este es sospechoso de otras agresiones sexuales cometidas en territorio guipuzcoano desde el año 2012.

El acusado ha confesado haber violado a la joven en Besasain, aunque ha asegurado que no recuerda la agresión sexual. "Sí, lo confieso, aunque no me acuerdo, pero confieso. No puedo engañar a la justicia ni a los exámenes", ha afirmado ante las evidencias de las que se dispone. Hasta el momento, se había negado en todo momento a declarar desde que fue detenido el 19 de julio de 2019 en Lazkao.

El procesado se enfrenta, en esta primera vista oral, que se prolongará a lo largo de dos semanas en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, a penas que suman 24 años de prisión.

Las acusaciones aseguran que el 13 de julio de 2019 el encausado, encapuchado, abordó a la víctima en el rellano de la escalera de su domicilio, la introdujo en el interior de la vivienda, la anestesió con cloroformo y la violó.

EL ASALTO


La víctima ha asegurado que no vio al agresor, y ha relatado que la asaltó al ir a salir de casa y le puso un trapo muy mojado en la cara. Ella intentó huir, gritó, pero no pudo zafarse del atacante, ya que perdió el conocimiento.

Según su narración, se despertó un par de veces, pero no se podía mover. La primera vez, notó que le quitaban calcetines. La segunda, ya no había nadie y había "mucha sangre". Tenía la boca hinchada, llamó al trabajo para avisar, y no le entendían lo que decía.

Se encontraba sola en casa porque su hermano y su cuñada se habían ido a Rumanía de vacaciones, algo que sabía el acusado. Ella conocía de una vez a jefe de su hermano porque la sobrina de este trabajaba en la misma panadería que ella.

La víctima ha asegurado que se encuentra "muy mal" desde la agresión, no ha podido volver a trabajar en la panadería, no puede salir sola de noche y, cuando cierra ojos, piensa que "hay un hombre ahí".

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