Coronavirus en Gipuzkoa | Vacunación, la ventana a la esperanza

18.01.2021 | 00:59
Bernardina Escudero, de 87 años, fue ayer la primera usuaria de la residencia de Hondarribia que recibió la segunda dosis de Pfizer.

Las residencias de Gipuzkoa comenzaron ayer a recibir la segunda dosis de la vacuna y confían en recuperar la normalidad de manera paulatina. El centro Caser Betharram de Hondarribia marca el camino.

era el gran momento esperado por miles de usuarios de las residencias de ancianos del territorio. La vacuna contra el COVID-19 ha supuesto una ventana a la esperanza para el colectivo más vulnerable de la sociedad frente a la pandemia, personas que llevan casi un año sufriendo los más estrictos protocolos para tratar de minimizar los riesgos de contagio, lo que se ha traducido en meses de aislamiento y reducir el contacto con los seres queridos al máximo, con el desasosiego que ello ha implicado, al extenderse tanto en el tiempo. Y también en miedo, porque a nadie se le escapa que, a partir de determinadas edades, la letalidad de este nuevo virus es tremendamente elevada.

Por ello, la administración de las primeras dosis de la vacuna ha sido la mejor de las noticias para comenzar el año en las residencias. Aunque desde los centros advierten de que su realidad cotidiana apenas ha cambiado, sí reconocen que ahora se respira una mayor tranquilidad que permite afrontar el presente año con un optimismo que parecía que tenían olvidado.

Buen ejemplo de ello es lo vivido los últimos 20 días en la residencia Caser Betharram de Hondarribia, el primer centro guipuzcoano en recibir la vacuna. 112 residentes y 63 trabajadoras recibieron ayer la segunda dosis de Pfizer-BioNTech, y 23 usuarios de salud mental y otros 17 empleados, la primera. Se calcula que aquellos que han sido inoculados las dos veces necesitan entre ocho y diez días para lograr la inmunidad ante el virus.

"De momento no hemos cambiado absolutamente nada, los protocolos los mantenemos igual, aunque sí que hay optimismo. Tenemos la sensación de que estamos subiendo el último tramo de la cuesta, la última txanpa", asegura su directora, Laura Rodríguez, que añade: "Ellos –por los usuarios– estaban con miedo y todavía no bajamos la guardia. Es una situación rara: somos optimistas pero sin relajarnos y es lo que intentamos transmitir".

El último año ha sido especialmente duro en Caser Betharram, donde se han sucedido protocolos a cada cual más estricto que han hecho mella en el bienestar emocional de los usuarios, especialmente entre aquellos con su capacidad cognitiva intacta. "Son los que estaban más asustados", reconoce Rodríguez.

Por ello, el anuncio de la llegada de las vacunas fue acogido con gran interés y entusiasmo por los residentes. Recibieron la primera dosis el 27 de diciembre y ayer fue el turno de la segunda, de nuevo con Bernardina Escudero, de 87 años, como la primera usuaria en ser inmunizada.

La vacuna llega en un momento en el que las alarmas se han encendido por los casos de aquellas residencias en los que ha habido brotes. De hecho, dos residencias de Gipuzkoa no han recibido aún la primera dosis por este motivo.

Rodríguez apunta que esta circunstancia no ha generado "incertidumbre", pero sí les ha obligado a hacer un mayor hincapié en la "cautela": "Tenemos que hacer un esfuerzo especial en no relajarnos en estos momentos, porque sería casi lo peor que nos puede pasar. Si nos infectáramos ahora sería un mazazo".

Con respecto a cómo transcurrirán los próximos meses, en Caser Betharram tienen muchas incertidumbres. "Todavía tenemos que esperar un plazo hasta que se supone que se genera la inmunidad y una vez pasen esos días, esperamos indicaciones, porque no sabemos en qué nos va a cambiar", apunta su directora, que aboga por establecer las mismas pautas en todos los centros, "porque si no se generan agravios comparativos, descontentos de unas familias que se comparan con otras de otros centros... Si vamos todos al unísono, mejor".

Lo que tienen claro es que la vacunación ha abierto una ventana a la esperanza para los usuarios de las residencias, el sector más golpeado por la pandemia. "Para nosotros viene un año ilusionante", confirma Rodríguez.

Cautela

El principio que les guía

Lo cierto es que la cautela es algo que se repite en muchos centros. En la residencia Uzturre, de Tolosa, el 100% de los residentes recibieron la primera dosis de la vacuna apenas unos días después que en Hondarribia, el 30 de diciembre, pero desde entonces, y a la espera de la segunda dosis, nada ha cambiado en el centro. "Estamos exactamente igual que antes, las medidas de seguridad siguen siendo las mismas. Además, los datos de la población en general son bastante desalentadores con lo cual, imagino que no tardaremos en volver a confinarnos dentro de los espacios seguros", explica el director del centro, Álvaro Martínez Lehmann, que además, no percibe que se vayan a producir grandes cambios hasta que gran parte de la población esté inoculada. Y es que tienen claro que aunque con el horizonte de la vacuna se vive la situación "con mayor tranquilidad", al virus se le sigue guardando "el mismo respeto". "Los usuarios ven la luz al final del túnel, pero se verá más o menos en la medida de que el resto de la población se vaya vacunando. Porque aunque tú no tengas hambre, si el resto de la gente que tienes alrededor tiene hambre, hay hambruna", ejemplifica Martínez Lehmann.

El director de Uzturre alaba la predisposición de las personas mayores a su cargo a vacunarse: "Es gente que nos vuelve a dar una lección de supervivencia. La persona de mayor edad tiene 101-102 años, lo que significa que ha vivido una guerra civil, una guerra mundial, la posguerra, cientos de avances desde ir a la luna hasta el coche, la televisión en color, teléfono... Son gente que han vivido unos cambios históricos brutales y de nuevo nos dan una lección de humanidad".

Además, insiste en que la vacunación masiva es la única arma válida contra el virus y defiende que "en Gipuzkoa las cosas se están haciendo bien". "O se hace o esto no se acaba, porque ya vemos que si nos dan un poco de correa dos semanas la situación se nos va de las manos", lamenta.

Y precisamente este auge de los contagios tras la Navidad preocupa especialmente a estos centros, que recuerdan que "tienen a la gente más vulnerable" de la sociedad. "Aquí entra una avispa y se lleva a tres por delante, porque precisamente por eso están aquí, porque son gente que está muy débil".

Por eso, no entiende que la gestión de estos centros se haya puesto en el punto de mira. "Se han abierto 240 causas penales a personas como yo a las que se les ha puesto los grilletes. Habrá diez o doce auténtica mala gente, pero el resto.... Aquí hay gente que está limpiando a la misma persona durante diez años, son familia. Se les intenta dar el mejor de los cuidados, lo que se pretende es que se sientan como en casa", defiende.

Esperanzas

Flexibilizar protocolos

En la residencia Rezola de Donostia apenas han tenido tiempo de celebrar que han recibido la primera dosis como para pensar cómo se van a desarrollar las próximas semanas. Pero reconocen que era un día muy esperado por los residentes. "Era un día muy esperado y además con mucha alegría, la gente estaba muy contenta esperando a la vacunación. Se abre una gran ventana a la esperanza teniendo en cuenta que hay medidas que todavía vamos a seguir manteniendo, pero sí se vislumbra luz", reconoce Judith Salazar, directora del centro.

Ellos también han vivido un año tremendamente complicado, con un final de 2020 "muy intenso", con brote incluido. "Esto –la vacunación– te da cierto alivio y te hace tener otra mirada. Y para los residentes también es súper importante", insiste.

Y es que desde que el pasado 27 de diciembre comenzaron a llegar las primeras vacunas a Gipuzkoa, en Rezola estaban muy pendientes de cuándo les llegaba el turno. "Estaban con nervios. La gente que cognitivamente está bien y sabe lo que está pasando y ve las noticias... Preguntaban mucho ¿cuándo llega?, ¿nosotros qué?, ¿después de esto podremos salir?... Están con muchas ganas porque ha sido muy duro tanto para ellos como para su entorno", dice Salazar. "La gente que cognitivamente está bien es la que más asustada estaba. Han preguntado mucho, han pedido que el médico les explique, pero han sido muy razonables, muy buenos y muy generosos al decir: Yo con 90 años lo he pasado pero me vacuno igual. Me parece un acto de generosidad. Es gente que te dice: Ya no tanto por mí, pero por el resto". Ahora, tras la primera dosis, su única preocupación es saber cuándo recibirán la segunda.

En Rezola confían en que cuando esta llegue, la normalidad vuelva a abrirse camino poco a poco. "Nuestra intención es abrir la ventana a la posibilidad de poder empezar a retirar ciertas medidas o que al menos no sean tan estrictas. Sobre todo el tema de visitas, de entradas y salidas... Creo que para ellos es vital, porque se les está notando la falta", asume Salazar, que recuerda: "Hay que tener una cosa muy clara, los cuidados no son solo los nuestros; los familiares aportan cuidados que son complementarios". Por ello, esperan que en cuanto la vacunación avance en todos los centros, se puedan flexibilizar los protocolos. "Es que lo necesitan", subraya.

"Es una situación rara: somos optimistas, pero sin relajarnos. 2021 va a ser ilusionante"

Laura Rodríguez

Directora Caser Betharram

"Los usuarios ven la luz al final del túnel, pero se verá más o menos cuando el resto se vaya vacunando"

Álvaro Martínez Lehmann

Director de Uzturre, Tolosa

"Nuestra intención es retirar algunas medidas o que al menos no sean tan estrictas, como las visitas"

Judith salazar

Directora de Rezola, Donostia