Autobuses aparcados en la indiferencia

31.05.2020 | 01:13
Toda la flota de vehículos de la empresa Autocares Aizpurua permanece parada en las instalaciones de Usurbil.

Viajes de jubilados, de escolares, sidrerías, cenas, bodas... Todo se ha ido al traste durante la que iba a ser la época dorada de un sector del transporte en horas bajas, inmerso en una parálisis "de la que nadie habla"

han desaparecido de las carreteras como por arte de magia, y en esta vuelta a la normalidad en la que cada sector comienza a abrirse paso a la carrera, nadie parece echarles en falta. Los autobuses del servicio discrecional y turístico duermen en los garajes.

Por estas fechas, su voluminosa carrocería debería formar parte del paisaje, sobre un asfalto repleto de autocares. Ahora mismo estarían viviendo su época dorada: excursiones de fin de curso de tantos escolares, viajes de jubilados, comidas de familiares, sidrerías, cenas, bodas y congresos internacionales. Todo se ha ido al traste y, mientras otros sectores arrancan motores y van retomando la marcha, estos profesionales se han tenido que acoger a expedientes de regulación de empleo temporal (ERTE), dando por perdida la temporada. "Es como si fuéramos invisibles. Ahora que poco a poco comienza a hablarse de recuperar el turismo, nadie nos menciona, cuando nuestra actividad es del todo necesaria, traslando al 80% de las personas". Ain-tzane Aizpurua representa la tercera generación de un negocio que jamás había conocido semejante revés.

Los motores de sus 30 autocares comienzan a rugir en marzo y no dejan de hacerlo hasta el verano. Ni los viernes ni los jueves suele haber vehículos disponibles por estas fechas debido a la incesante demanda de tanto trayecto por carretera. "En ocasiones, hasta hemos tenido que pedir refuerzos porque había centros escolares que tenían apalabrado el servicio y no había autobús, viéndonos en la obligación de pedir ayuda a Navarra". Claro que, todo ello, es cosa del pasado, antes de que se expandiera la amenaza invisible de una enfermedad que ha confinado su actividad.

Ahora mismo el trabajo se reduce prácticamente a la nada: tres servicios por la mañana y cuatro a la tarde, exclusivamente, para trasladar a los empleados de una empresa. "Es una ruina, de llevar a tope todos los autobuses, a 20 personas en un solo vehículo con capacidad para 80". Con esta sentencia resume la actual situación la responsable del negocio, que posa junto a la treintena de autobuses que duermen en el garaje.

personal de osakidetza

Dependiendo del perfil del cliente, hay empresas que han podido sortear las piedras del camino. Autocares Díez mantiene el tipo gracias al traslado del personal de Osakidetza. Los trayectos han sido constantes, pero no ha sido un camino de rosas. La empresa se ha sentido ninguneada en medio de una pandemia en la que han trasladado a tantos sanitarios. Lamentan no haber sido objeto de atención por parte de la Administración. "Hablamos de un sector de más de 2.000 trabajadores en Euskadi. En nuestro caso, nos hemos tenido que buscar la vida para desinfectar los autobuses pero, visto lo visto, somos completamente invisibles. Ni siquiera hemos dispuesto de mascarillas, llegando a emplear incluso gafas de buceo para realizar las tareas de limpieza, que se repiten a diario. Todos nuestros pasajeros del hospital han pasado las pruebas PCR, pero a nosotros ni nos lo han planteado", censura Maiaia Urrutia, titular de esta empresa de autocares.

Euskadi continúa en la fase 2, sin ninguna prisa por parte del Gobierno Vasco por correr más de la cuenta.

Los llamamientos a la responsabilidad ciudadana son constantes para no tener que lamentar una vuelta al pasado, pero buscar un equilibrio entre los intereses económicos y sanitarios, en ocasiones antagónicos, no resulta fácil. Continuar en esta fase de la desescalada conlleva una ocupación máxima del 50% en cada autocar.

En realidad, tal y como están las cosas, esta limitación se convierte en una meta inalcanzable para un sector que es el eslabón de una larga cadena. "Mientras la hostelería esté tan limitada, nosotros también lo vamos a notar, y no se prevé que vayamos a funcionar con normalidad hasta largo plazo", aventura Aizpurua.

Se siente molesta por el escaso eco de sus demandas. "Parece que no existimos. Se está hablando mucho de la hostelería, de hoteles y playas, pero en ningún momento se nos está teniendo en cuenta, cuando somos nosotros quienes estamos esperando en esas playas, restaurantes, hoteles y aeropuertos. Hacemos rutas turísticas a las bodegas... Estamos en este sector, pero bien poco se ha hablado de nosotras", insiste.