catedrático de derecho constitucional Javier Pérez Royo

"La primera obligación de un presidente del Gobierno es educar al rey"

24.08.2020 | 01:03
"La primera obligación de un presidente del Gobierno es educar al rey"

Critica la "agonía" del sistema surgido en 1978, analiza la influencia de la monarquía en esa decadencia y observa la falta de articulación de una alternativa republicana

donostia– Pérez Royo se ha convertido en un referente con sus artículos en el eldiario.es, cuya incidencia es notable. Su pensamiento estructurado, su veteranía y su capacidad crítica le aportan un punto de vista que no provoca indiferencia.

Ha escrito que "el tapón está a punto de estallar", pero no por un "horizonte republicano", sino por "la incapacidad de la democracia española de 2020 de escapar de los límites que se impusieron en 1978".

–Yo pienso que estamos asistiendo a la agonía de la segunda Restauración, con un sistema que no es capaz de renovarse porque el principio monárquico aprisiona al principio de legitimación democrática, que es el único que tiene capacidad de renovación. Se ha superpuesto, y en esas condiciones no se puede renovar. Eso lo llevamos viendo periódicamente, lo que cuesta las renovaciones de los órganos constitucionales en los que se exige una mayoría cualificada. Lo que cuesta renovar los magistrados del Tribunal Constitucional, el Poder Judicial, el Defensor del Pueblo, es decir, este sistema no es capaz de renovarse o reformarse. La sociedad española de hoy es muy distinta de la del 78, ha evolucionado muchísimo y la fórmula que se diseñó en la Constitución del 78 es la de la Ley para la Reforma Política, el sistema de poder del rey con las Cortes diseñado por el régimen de Franco para más o menos orientar su salida. Al fin y al cabo, son las cortes franquistas las que hacen ese debate, que el proceso constituyente no modifica en lo más mínimo, sino que lo hace suyo exactamente en los términos aprobados.

Y aquí estamos, 42 años después...

–Todo eso sigue como estaba, una monarquía intangible y unas Cortes devaluadas. Ese es el límite dentro del cual tiene que moverse la democracia. Una democracia de baja calidad en la que el principio monárquico se mantiene como un principio de legitimidad que en cierta medida compite con el principio de legitimidad democrática. Eso no sirve, se ha ido viendo puesto en cuestión por la propia evolución de la sociedad española. Así que el sistema se está agrietando y tiene ese tapón de la monarquía, que permite que el sistema no acabe estallando pero que al mismo tiempo le impide evolucionar. ¿Cuánto tiempo se puede mantener así? En la primera Restauración, desde el discurso de Ortega de Vieja y nueva política que es de 1914 hasta 1931, pasaron 17 años. Después de la república vino una sublevación militar para acabar con el proceso constituyente, una Guerra Civil, y después ya una salida en la que se busca en el pasado, en la restauración de la monarquía, las respuestas del futuro, y la democracia se queda condicionada por la operación de Restauración de la monarquía. Eso es lo que se está viniendo abajo.

Dice que la sociedad española ha cambiado mucho desde 1978, pero la correlación política de fuerzas y el ideario de los partidos no ha cambiado tanto.

–Ha cambiado bastante.

El PSOE sigue siendo un valladar para la monarquía.

–El PSOE ya no lo es de la misma manera. Ese es el problema que tiene ahora mismo el PSOE, que ha sido un partido dinástico. En la abdicación del rey Juan Carlos, Rubalcaba repite en el Congreso textualmente el discurso de Gómez Llorente en la comisión constitucional constituyente. Pero era Rubalcaba, que se mantuvo en el poder y retrasó su dimisión como secretario general precisamente por el tema de la abdicación del rey, ante el temor de que en el PSOE no fuera unívoca la posición que él iba a mantener. El PSOE no es un partido dinástico, la cúpula dirigente sí lo ha sido, y es la que hizo la Transición. Esto conecta con lo que comenta Iñaki Gabilondo, pues en cierta medida la crisis de la monarquía es la crisis de una generación que le ha permitido al rey Juan Carlos comportarse como lo ha hecho, y no controlar en absoluto. En eso evidentemente los presidentes del Gobierno han tenido una responsabilidad enorme, entre ellos Felipe González. La primera obligación de un presidente del Gobierno es educar al rey. Un rey parlamentario tiene que ser educado, la monarquía española no había sido nunca parlamentaria. La monarquía viene de un mundo preconstitucional e integrarse en una sociedad y un sistema democrático exige esa tarea fundamental del presidente del Gobierno.

¿Ha habido complejos por parte de los presidentes del Gobierno a la hora de despachar con el rey?

–Claro, el rey es el que ha traído la democracia y no juró la democracia. Juan Carlos I se va a morir sin haber jurado la democracia española. Su hijo sí la ha tenido que jurar. Juan Carlos juró las Leyes Fundamentales de Franco pero no la democracia española. Y cuando uno ve además cuál fue la fórmula de la promulgación de la Constitución, es muy indicativa. Juan Carlos desde fuera dice: yo soy el que promulgo y el que ordeno que esto se ponga en vigor y que sea obedecido. Los gobiernos que entran lo hacen con un miedo tremendo porque hubo un intento de golpe de estado. Nada más hay que ver la foto de Felipe González la primera vez que pasa revista a la Acorazada Brunete. La cara de acojonamiento que lleva Felipe, como de haber ganado las elecciones pero sin tener el poder.

No fue una excepción...

–Nadie se ha atrevido. El rey, después del 23-F, decide que él ya ha hecho lo que tenía que hacer, y que ahora es la sociedad la que tiene que estarle agradecida. Eso es lo más irritante. Fue puesto como consecuencia de una rebelión militar, de una Guerra Civil, por un dictador que hizo un genocidio terrible, y ahora resulta que le tenemos que estar agradecidos, encima, por poder elegir, poder votar y tener partidos políticos€

Una parte de la derecha española está extremando sus posiciones. Si Felipe VI se apoya en ella ahondará todavía más la distancia con la parte progresista de la sociedad.

–Casado en un momento inicial que después ya corrigió, me imagino porque le darían un toque de Zarzuela, hizo un discurso lleno de vivas al rey, muy indicativo del intento de apropiación. Es que si se convierte en la monarquía del PP está muerta. Y sin embargo es posible que la situación conlleve a eso, con los ataques desde Vox y desde el PP a Sánchez para que defienda a la monarquía sin ninguna fisura.

Pero esa deriva depende también del rey, Felipe VI puede alimentarla o hacer lo contrario.

–Mientras esté además pendiente la revisión de lo que ha sido Juan Carlos, el PSOE no puede hacer esa defensa, entre otras cosas porque su base social no le permite ponerse incondicionalmente del lado de no revisar nada y del aquí no ha pasado nada. O sea, que una cosa es la cúpula dirigente del PSOE y otra cosa son los votantes y la mayoría de los militantes socialistas. Yo creo que ahora mismo el riesgo que hay, y las portadas de ABC son claras desde hace varias semanas, de cerrar filas con el rey y apropiarse la derecha de la monarquía. Eso sí que es la catástrofe para la monarquía.

Y de paso, atacar un Gobierno de coalición donde está Unidas Podemos.

–Pero si es que el problema es que la mayoría social de este país es la de la moción de censura y la de las últimas elecciones, y eso va a ser cada vez más.

¿Cómo ve al republicanismo, muy verde, emergente, falto de anticipación, ante una oportunidad?

–Existe un republicanismo, lo que no existe son partidos republicanos ni una estrategia republicana. Por eso cuando la ministra Irene Montero dijo que estamos ante un horizonte republicano clarísimo, yo escribí que no, que estamos ante el colapso del horizonte monárquico.

Que no es lo mismo.

–Lo que no hay es una hoja de ruta republicana clara en el horizonte. No hay un partido republicano, ni una opinión pública republicana que se esté manifestando como tal. Hay un republicanismo de fondo, o mejor dicho, la gente no es monárquica, pero no hay una posición republicana clara. La monarquía va a una implosión, porque la de Juan Carlos ha sido una conducta continuada a lo largo de todo su reinado. Esto ha sido sexo y dinero. Ha de revisarse con una comisión parlamentaria. Y claro, eso no lo aguanta la monarquía. Esto es un desmoronamiento, una agonía del sistema que no tiene capacidad de renovación.

"La crisis de la monarquía es la crisis de una generación que le ha permitido comportarse al rey Juan Carlos como lo ha hecho"

"El tapón de la monarquía permite que el sistema no acabe estallando pero al mismo tiempo le impide evolucionar"

"Estamos asistiendo a la agonía de la segunda Restauración, con un sistema que no es capaz de renovarse"