Ese mundo nuestro

Cuarentena blanca, muerte negra

18.05.2020 | 00:06

La pandemia del covid-19 es –en cifras absolutas–, ante todo, una epidemia del pánico: de los más de 8.000 millones de seres humanos que habitan hoy en día la Tierra, han muerto a causa de este virus en torno a los 300.000. Pero en el depauperado Continente Negro, las hipertrofiadas precauciones sanitarias de las naciones industriales amenazan con matar literalmente de hambre a 265 millones de africanos.

La psicosis que se ha apoderado de los gobernantes de las naciones industriales, emperrados ante todo en salvar sus carísimos sistemas sanitarios, ha generado una paralización del transporte internacional, amén de una cascada de parones de sus factorías y retroceso general de sus economías. Y lo que en el mundo blanco rico supone una crisis del mercado laboral y un retroceso financiero, en el tercer mundo –ante todo, en África– significa un paso hacia el colapso total.

El tráfico aéreo internacional casi paralizado y el encarecimiento general de los transportes han dejado a todo un continente que carece de industrias y reservas, condenado a auténticas hambrunas y catástrofes sanitarias. Cálculos de las Naciones Unidas señalan que a finales del año actual 265.000.000 de africanos estarán al borde de la muerte por inanición porque la falta de pesticidas generará un aumento espectacular de las plagas (en primer lugar, langostas) en tanto que por falta de abonos suficientes habrá una drástica reducción de las cosechas

Y si en el sector agrario africano las prudencias occidentales amenazan con ser letales a plazo medio (fin de año), en el sanitario el panorama es aún peor. Así, por ejemplo, la escasez de específicos y mosquiteras incrementará –según la Organización Mundial de la Salud– el número de muertes por malaria en África de los 400.000 habituales al doble.

A todo esto, si la muerte por hambre amenaza al Continente Negro, el estallido allá de una epidemia del covid-19 tendría efectos devastadores porque la infraestructura sanitaria es nimia y la higiene es deficitaria en grandísimos sectores de la población. Un par de cifras revelan el holocausto que se produciría en África si la pandemia llegase allá: en Etiopía, país de 110 millones de habitantes, solamente existen en estos momentos 50 respiradores y los centros hospitalarios disponen tan solo de 150 camas en las estaciones de cuidados intensivo (UCI). Y en Nigeria, con 200 millones de habitantes, la capacidad de las UCI es de 120 camas; en tanto que en Uganda –43.000.000 habitantes– no hay más que una UCI, con 55 camas en condiciones para atender enfermos del covid-19.

El clima africano no es favorable al virus de esta pandemia, pero una población desnutrida es sumamente vulnerable ante cualquier agente patógeno, covid-19 incluido.