Quejana: casa solar y panteón de los Ayala

A ocho kilómetros de Amurrio, en Araba, y al amparo de la Sierra Salvada, se encuentra el conjunto monumental de Quejana, solar de la poderosa e influyente familia alavesa de los Ayala. El complejo, situado en lo que antiguamente fue la 'Tierra de Ayala', está formado por un palacio, un convento bajo la advocación de San Juan Bautista y un torreón-capilla dedicado a la Virgen del Cabello. Todo el conjunto está catalogado como 'Monumento Nacional del País Vasco' desde 1984.

13.01.2022 | 10:27
Retablos y sepulcros de alabastro del Canciller Ayala en el conjunto monumental de Quejana.

El palacio fortificado es la construcción más antigua de todo el conjunto. Este edificio, modificado en el siglo XVIII, originalmente fue una fortaleza formada por una gran residencia cuadrangular de dos plantas, flanqueada en sus extremos por torres de tres plantas y un patio abierto en el interior del recinto que, a modo de claustro, estaba provisto de una bella arquería y sostenía la galería de las habitaciones de la planta principal.

Fue construido en 1300 por Fernán Pérez de Ayala como casa solariega de su familia. Este noble, hijo de Pedro López de Ayala y Sancha Fernández Barroso, nació en Toledo en 1305.

Además de señor de Ayala, Laudio, Arrastaria, Urkabustaiz y Kuartango, ostentó los cargos de merino mayor de Gipuzkoa, Castilla y Asturias en diferentes etapas de su vida. También fue miembro de la cofradía de Arriaga y adelantado de Murcia. De su matrimonio con Elvira Álvarez de Ceballos nacieron once hijos, de los que solo sobrevivieron seis.

Muchos descendientes de estos vástagos se convirtieron en los ancestros de la mayoría de las casas reales europeas. Pérez de Ayala falleció en Gasteiz en 1385. En una de las salas del palacio se puede visitar el Museo de arte sacro, donde se muestra la historia, tanto de la familia como de las religiosas del antiguo convento, con abundante documentación, imágenes, maquetas, objetos y varias obras de arte guardadas durante más de seiscientos años.

Convento y torreón
El convento de las madres dominicas fue fundado en 1378 por Fernán Pérez de Ayala. En su interior se encuentra la iglesia de San Juan Bautista, levantada sobre otra del siglo XII. El templo es de estilo barroco, pero conserva vestigios de épocas anteriores como la cabecera, las bóvedas y las claves con las armas de los Ayala. El retablo principal está dedicado a San Juan y completado con imágenes del siglo XVII de los santos Vicente Ferrer y Antonio de Florencia. Los dos retablos dedicados a Santa Catalina de Siena y San José son del siglo XVIII. En el muro frontal se encuentran el baptisterio y la puerta que servía de entrada al templo desde el patio del palacio. En este mismo lugar se abren dos lucillos que en su día fueron las capillas de San Miguel y San Jorge. Desde el siglo XVIII están enterrados aquí Fernán Pérez de Ayala y su esposa, María Sarmiento, fallecidos en el siglo XV. El convento, el segundo más antiguo de Álava, se clausuró en 2008.


Exterior del torreón de la Casa Palacio de los Ayala.

El torreón-capilla es la construcción más monumental del recinto y uno de los ejemplares más bellos de la arquitectura cívico-militar alavesa. El edificio, mandado construir por el canciller Pedro López de Ayala, es una fortaleza de planta rectangular, coronada por almenas sobre una cornisa y cubierta a cuatro aguas. En su interior se encuentra la capilla de la Virgen del Cabello, una sala de amplias proporciones a la que dan luz un óculo ajedrezado, un ventanal en la cabecera y dos enormes ventanas en el muro sur.

Se accede a esta sala por una portada de arco apuntado y tres arquivoltas sobre columnas de capiteles con rostros humanos estilizados, que se abre en el pórtico del conjunto. En el centro de la estancia está ubicado el sepulcro, de estilo plateresco, del canciller y de su esposa, Leonor de Guzmán. Sus figuras yacentes se encuentran representadas vestidas al gusto de la época; él con armadura, espada y vaina, y ella con manto, toca, guantes y sosteniendo un libro de rezos. Sostienen las esculturas una base de doce leones, santos, ángeles, monjes, damas y soldados.

En los muros laterales, e incrustados en arcosolios, se encuentran, uno frente al otro, los sarcófagos con estatuas yacentes de Fernán Pérez de Ayala y Elvira Álvarez de Ceballos, su esposa. Preside la capilla un retablo y un frontal del altar, pintados por Cristóbal González Quesada, que ocupan todo el muro de la cabecera desde una altura de casi tres metros. Ambos son réplicas exactas de los originales. Los auténticos fueron encargados por el canciller Pedro López de Ayala en 1396 a un grupo de artistas conocidos como los del taller de Quejana.

A Chicago
En 1913, las monjas dominicas, a pesar de que no contaban con el beneplácito de la casa de Alba, patrona del convento, decidieron vender las dos obras a una galería de arte inglesa. La sala las sacó a subasta y un magnate norteamericano las compró y las donó al Instituto de Arte de Chicago, en Estados Unidos. Y ahí siguen. Es una pena que las religiosas, quizá por ignorancia, se deshiciesen de estas dos piezas tan valiosas artísticamente.
Tanto el retablo como el frontal son obras muy significativas de la pintura gótica sobre tabla realizadas en la península, y uno de los mejores ejemplos del denominado gótico lineal. El retablo, tanto el original como la copia, mide 2,5 metros de alto por 6,7 metros de ancho y está organizado en dos niveles, que configuran un total de diecisiete escenas separadas entre sí por motivos arquitectónicos góticos pintados.

El conjunto muestra diversos pasajes evangélicos completados con breves leyendas explicativas: la visitación, el nacimiento de Jesús, la huida a Egipto o las bodas de Caná, entre otros. Solo en un caso, el de la crucifixión, se muestran escenas de la pasión. En las que corresponden a las esquinas inferiores figuran diversos miembros de la familia de los Ayala.

Los escudos del linaje son visibles en el marco de la obra. También resulta interesante la presencia de un trono vacío en el centro del nivel inferior. Por su parte, el frontal del altar mide un metro de alto por 2,9 metros de ancho y se divide en tres compartimentos, aunque solo muestran dos escenas; la anunciación a los pastores y la adoración de los magos.


Los sepulcros de alabastro del Canciller Ayala y su esposa.

El canciller
Para terminar, hay que resaltar la figura del canciller Pedro López de Ayala, el miembro más conocido de la dinastía. Nació en Gasteiz en 1332 y como hijo segundón su destino eran los hábitos, pero al morir su hermano mayor entró al servicio de la Corte castellana. En 1366, cuando comenzó la rebelión de Enrique de Trastámara contra su hermanastro, Pedro I de Castilla, López de Ayala decidió apoyar al primero. En agradecimiento, el Trastámara le otorgó el título de Alférez Mayor del Pendón de la Banda.

En 1367, tras la batalla de Nájera, en La Rioja, recibió la villa de Artziniega y los valles de Orozko y Laudio. En 1374 fue nombrado merino y alcalde mayor de Gasteiz.

El pago por su lealtad a Enrique II de Castilla se tradujo también en su designación como miembro del Consejo Real. En 1398, fue nombrado Canciller mayor del Reino, título máximo con el que ha pasado a la historia.
Su actividad intelectual, sustentada en una cultura fuera de lo común para la época, fue muy notable. Su obra literaria más reconocida es el Libro Rimado de Palacio, donde describe con ironía la situación de su tiempo, de la sociedad en que vive y los personajes a los que conoce. Además, escribió, entre otros, las biografías de los reyes castellanos Pedro I, Enrique II, Juan I y Enrique III, la historia de su linaje y un tratado sobre cetrería. Murió en Calahorra, La Rioja, en 1407. 

Qué ver en los alrededores
A diez kilómetros de Quejana se encuentra Artziniega, la villa alavesa con uno de los cascos históricos más bonitos de toda Euskal Herria. Declarado Conjunto monumental en 1995, es un entramado de edificios de carácter medieval comunicados entre sí por tres calles paralelas y diversos cantones. No hay que perderse la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, la torre Ortiz de Molinillo, la torre Monteano-Oribe Salazar, la torre Bengoa, las casas palaciegas, la puerta de la villa y la plaza. Pero el casco antiguo no es su único atractivo, ni mucho menos. 
En la villa ayalesa también podemos visitar el taller-museo Santxotena, donde se pueden contemplar los bocetos y las obras, sobre todo en madera, del escultor baztandarra Xabier Santxotena. En sus instalaciones, donde trabaja cada día el escultor, también se organizan talleres para niños, que tienen la oportunidad de crear sus propias esculturas. 
 
El museo etnográfico es otro de los atractivos de Artziniega. Aquí se encuentran expuestos, en diecisiete salas, diversos objetos tradicionales. Cada estancia está dedicada a un aspecto concreto de la cultura e historia de la comarca. También aquí se puede ver una fragua rehabilitada, donde se narra cómo era el oficio de herrero, hoy casi olvidado. Y es que estos artesanos forjaban todo tipo de útiles para el día a día de nuestros antepasados. Según los expertos, el oficio de herrero se desarrolló en el pueblo desde la Edad Media hasta 1960, fecha en que dejó de funcionar la fragua. 
 
Por último, a un kilómetro del centro de Artziniega, en la carretera que conduce hasta Balmaseda, en Bizkaia, se encuentra el santuario de Nuestra Señora de la Encina. El edificio, situado en un alto y construido en 1498, es una estructura de estilos gótico y renacentista al que se le han ido añadiendo diferentes elementos a lo largo del tiempo. Según la leyenda, el santuario fue levantado en este lugar tras la aparición de la Virgen a una joven que se encontraba junto a una encina. De ahí su nombre. Justo al lado, se encuentra el Museo de arte sacro, que cuenta con elementos religiosos de todo tipo. 
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