La triste muerte de Robin

Protagonizó las mejores y más emotivas películas en los 90, pero no era feliz. El suicidio de Robin Williams sobrecogió al frío e individualista Hollywood el 7 de noviembre de 2014.

08.09.2020 | 15:24
El actor Robin Williams, fallecido hace seis años.

Era, sin duda, un actor querido por todos. El intérprete amable que conquistó a toda una generación ejerciendo de Señora Doubtfire, de entrañable doctor Patch Adams, o de magnífico profesor John Keating en El club de los poetas muertos. Caía bien, muy bien. ¡Y a todos! Como Alaska o Leopoldo Abadía. Pero él, paradojas de la vida, no era feliz. El 7 de noviembre del año 2014 el mundo del cine enmudeció al enterarse de la muerte de Robin Williams. El querido actor se había quitado la vida la noche anterior en "trágicas circunstancias", sin llegarse a aclarar nunca públicamente los hechos. Se barajaron varias hipótesis, como una recaída en su adicción al alcohol o su insoportable angustia por padecer Parkinson. Pero la realidad es que nunca se esclareció el motivo del suicidio. Hasta ahora.

Seis años después de su fallecimiento, su mujer, Susan Schneider, ha asegurado en el documental Robin's Wish, centrado en los últimos días de vida del cómico, que el actor "sufría demencia con cuerpos de Lewy", un trastorno cerebral neurodegenerativo agresivo e incurable. "Sentía que mi misión era entender esta enfermedad y eso me ha llevado ahora a este camino de difusión", detalla Schneider en dicho documento audiovisual. Y es que ya en mayo de 2018 una biografía titulada Robin, escrita por el periodista Dave Itzkoff, desveló que "la autopsia realizada a Williams señalaba que sufría demencia con cuerpos de Lewy", información que este verano ha corroborado su mujer.

Y lo ha hecho detallando "las terribles" últimas semanas de vida del intérprete, que fueron "un verdadero infierno". Porque cuando el actor empezó a sentir los primeros síntomas de la enfermedad, el primer diagnóstico de los médicos fue Parkinson. Sin embargo, su malestar iba a más y muchos dedujeron (erróneamente) que ciertos comportamientos atañían al alcohol y las drogas, por lo que su familia decidió pedir una segunda opinión a un experto en neuropatologías. Fue él quien detectó finalmente de dónde provenía el malestar. El final quizá más triste para quien tanto nos hizo reír en Jumanji