¿Por qué los adolescentes ignoran la voz de su madre?

No es un acto de rebeldía, sino una consecuencia de los cambios que sufre su cerebro a partir de los 13 años

11.05.2022 | 11:30
Una madre habla ante la indiferencia de su hija.

La adolescencia, esa etapa de la vida que comienza entre los 13 y los 15 años con la pubertad y que supone el paso de la niñez a la edad adulta, es una época llena de cambios físicos, psicológicos, emocionales y sociales que se estabilizan alrededor de los 19 años.

Los adolescentes se sienten incomprendidos y tratan de buscar su sitio en el mundo sin saber muy bien qué les pasa. Todas esas cosas y esas personas que eran tan importantes durante su niñez pasan a un segundo plano y sus prioridades ahora son otras.

Hacer oídos sordos a las palabras de la madre es una de las señales distintivas de que la adolescencia ya está aquí. En un principio lo interpretamos como la rebeldía típica de la edad, el inicio de un camino lleno de altibajos que culminará con la independencia en la edad adulta. Sin embargo, esta reacción tiene una explicación científica y es una conducta completamente normal y sana, para desesperación de algunas madres.

Un estudio realizado por la Universidad de Stanford (EEUU) y publicado en el Journal of Neuroscience estudia el cerebro de los adolescentes y concluye que un adolescente no deja de escuchar a sus padres de manera intencionada, sino que eso le ayuda a desarrollar las habilidades sociales necesarias para relacionarse con el mundo fuera de sus familias.

Lo que aparentemente es una actitud de rebeldía, un "hablar con la pared", en realidad es que con esa edad su cerebro está programado para prestar más atención a las voces de fuera de casa por lo que la voz de la madre es percibida como menos valiosa.

Una niña, apática en presencia de su madre. Freepik

El cerebro y la voz humana

Durante el estudio, los investigadores evaluaron imágenes cerebrales del procesamiento de la voz humana en 46 niños y niñas de entre 7 y 16 años. Antes de los 13 años, los niños muestran una mayor actividad cerebral cuando escuchan las voces de sus madres, lo que implica que les prestan más atención que a las voces desconocidas.

A partir de esa edad, sucede lo contrario. La voz de la madre ya no genera la misma reacción neurológica, la mente del adolescente es cada vez más sensible y su cerebro se ve más atraído por las voces en general, ya sean conocidas o nuevas, sobre todo las de amigos y compañeros.

Las conclusiones del estudio apuntan a que el mundo social de los niños pequeños gira principalmente en torno a los padres y cuidadores, quienes tienen un papel clave en la orientación de su desarrollo social y cognitivo. Sin embargo, en la adolescencia este cambia hacia objetivos sociales no familiares, lo que les va preparando para su futura independencia.

Según los investigadores, los cambios a partir de los 13 años son tan evidentes que fueron capaces de adivinar la edad de un niño simplemente basándose en cómo respondía su cerebro a la voz de su madre.

El equipo de la Universidad de Stanford ya descubrió previamente en un estudio publicado en 2016 que, en el cerebro de los niños menores de 12 años, escuchar la voz de su madre desencadenaba una concentración de respuestas únicas, hasta el punto que los niños pueden identificar las voces de sus mamás con una precisión extremadamente alta.

Además, los expertos concluyeron que el sonido especial de mamá da señales no solo a las áreas de procesamiento auditivo del cerebro, sino también a muchas áreas que no eran activadas por voces desconocidas.

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