La limpieza del hogar suele centrarse en las estancias más visibles o en las que asociamos directamente con la higiene, como la cocina, el baño, los suelos o los muebles.

Sin embargo, hay un lugar clave que a menudo pasa desapercibido: el sofá.

Es una de las zonas de la casa con las que más contacto tenemos a diario y, sin embargo, una de las que menos se limpian.

En el sofá nos sentamos, nos tumbamos, comemos, vemos la televisión e incluso dormimos la siesta. Con todo el uso que tiene, lo lógico sería prestarle más atención, pero la realidad es que pocas personas se acuerdan de limpiarlo de forma periódica.

El resultado es la acumulación de polvo, ácaros, restos de suciedad y manchas que no siempre se ven a simple vista, pero que afectan tanto a la higiene como al aspecto del mueble.

Limpieza cada seis meses

Los expertos en limpieza del hogar recomiendan realizar una limpieza profunda del sofá al menos cada seis meses.

Esta rutina ayuda a mantenerlo en buen estado, alargar su vida útil y evitar malos olores o alergias.

Antes de empezar, eso sí, es fundamental conocer el material del sofá. No todos los tejidos reaccionan igual a los productos de limpieza, por lo que conviene revisar la etiqueta o las indicaciones del fabricante para asegurarnos de qué productos se pueden usar y cuáles es mejor evitar.

Una joven se echa la siesta en e sofá Freepik

Cómo limpiar el sofá

Una vez comprobado que el tejido lo permite, existe un método sencillo y eficaz para limpiar el sofá en profundidad y eliminar las manchas a la primera.

Solo necesitas un poco de amoníaco, agua y una bayeta. No hace falta recurrir a productos caros ni a máquinas específicas.

El primer paso consiste en aspirar el sofá para eliminar restos de polvo o suciedad, y después ya podremos diluir una pequeña cantidad de amoníaco en un cubo con agua. No es necesario que la mezcla sea muy concentrada.

A continuación, se humedece la bayeta, se escurre bien y se pasa por toda la superficie del sofá, incidiendo en las zonas más sucias o con manchas visibles. Este paso permite desinfectar y arrastrar la suciedad incrustada en el tejido.

Después, se aclara la bayeta solo con agua limpia y se vuelve a pasar por el sofá para retirar cualquier resto de producto. Es importante no empapar el tejido y dejar que se seque correctamente, preferiblemente en una habitación bien ventilada.

Con este sencillo gesto y una limpieza profunda cada seis meses, el sofá no solo se verá más limpio, sino que también será un espacio más higiénico y agradable para el día a día.