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¿El feminismo está pasado de moda?

De las camisetas de Frida Kahlo a la contraofersiva de la manosfera: por qué el algoritmo ha hecho del feminismo un campo de batalla político y generacional

¿El feminismo está pasado de moda?Freepik

La imagen de Bilbao dio la vuelta al planeta desde la portada del New York Times aquel 8M de 2018. Lo que unos años antes era incertidumbre por el relevo generacional en el feminismo, se transformó en un estallido de dignidad. Las calles del Botxo se vieron desbordadas por miles de mujeres —una mezcla de edades, ideologías y razas— que, espoleadas por el clima del #MeToo y la rabia ante la sentencia de La Manada, enviaron un mensaje rotundo al mundo a través de sus redes digitales y personales: “Yo estoy aquí”. La potente experiencia colectiva vivida hizo que muchas personas distantes, incluso que veían con recelo los postulados feministas, simpatizasen con la causa. El resto es historia.

De un día para otro, la figura de Frida Kahlo nos asaltaba desde sudaderas y tote bags fabricadas por Inditex, incluso Dior diseñó camisetas con lemas como We Should All Be Feminists, confiriendo a la proclama política un estatus de lujo y exclusividad. Nunca antes en la historia, el mainstream había otorgado tal centralidad mediática al talento femenino. Hoy, las obras de intelectuales y profesionales de todas las áreas han dejado de ocupar la periferia para liderar la conversación pública. Ser feminista era cool. ¿Lo sigue siendo?

La socióloga María Silvestre y la activista feminista Irantzu Varela analizan en dos extensas entrevistas los factores sociales que explican el periodo de aparente desgaste que vive el movimiento. Pueden leer la versión íntegra de ambas conversaciones en las distintas webs del Grupo Noticias. Aunque desde atalayas diferentes, ambas especialistas coinciden en que la actual fatiga de género no es producto de la mercantilización del movimiento, sino la enésima repetición de un patrón histórico. El feminismo, por su naturaleza contestataria, siempre ha convivido con la resistencia de quienes pierden sus privilegios, de quienes son confrontados. Desde la guillotina que silenció a Olympe de Gouges hasta la tortura que sufrieron las sufragistas, la respuesta al avance siempre ha sido la violencia o la caricatura. Ya lo advirtió Simone de Beauvoir en los años cincuenta y lo diseccionó Susan Faludi con el backlash de los años ochenta: cada conquista provoca una contraofensiva.

Al final, el rechazo no es síntoma de agotamiento interno, sino la prueba de que el movimiento está transformando la realidad. “Ladran, luego cabalgamos”, afirma Silvestre; “es un síntoma de que el feminismo funciona”, añade Varela. La manosfera (el ecosistema digital, fuertemente financiado, que comparte un discurso misógino y antifeminista) ha sembrado su inestimable granito de arena en el empeño reducir a caricatura el movimiento y generar un ambiente de desconfianza con mensajes polarizadores que presentan al hombre como el verdadero oprimido. Ellos encienden la mecha y el algoritmo se encarga ampliar la onda expansiva.

Desafección de los chicos

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Así, no es de extrañar que la mitad de la juventud perciba ahora el feminismo como “una herramienta de manipulación política” y que el 44% de los hombres considere que “se ha llegado tan lejos en la promoción de la igualdad de las mujeres que ahora se está discriminando a los hombres”. Esta opinión es compartida también por un 32% de las mujeres. Otro de los factores que ha hecho que el feminismo haya dejado de ser una tendencia cómoda a convertirse en un punto de ruptura generacional y política es la sensación de misión cumplida.

Existe una corriente que sostiene que el feminismo es innecesario porque ya se ha alcanzado la igualdad legal. Nada más lejos de la realidad: la ONU reportó que en 2024 una cuarta parte de los gobiernos operaron retrocesos en los derechos de las mujeres. “A quienes en 2026 opinan que ya hemos conseguido suficiente, me gusta responderles con cifras. Te doy un dato: en 2025, la frase “¿Cómo matar a una mujer sin dejar rastro?” fue buscada en Google 163 millones de veces”, afirma tajante Varela. Y para quienes aún duden, Silvestre lanza una advertencia: “El mayor riesgo es la involución y la historia nos ha enseñado que los avances en materia de igualdad de género son muy volátiles”.