La consejera de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco analiza los retos estratégicos del primer sector: relevo generacional, rentabilidad, estabilidad y liderazgo femenino. Defiende un modelo basado en la calidad y el arraigo territorial, y apuesta por anticipación, coordinación institucional y reconocimiento social para asegurar su futuro.

La apuesta por el relevo generacional

Relevo generacional, enfermedades en explotaciones, volatilidad de precios y un clima cada vez más imprevisible… ¿Cuál diría que es hoy el principal desafío estratégico del primer sector vasco y cómo lo está abordando su departamento?

El gran desafío estratégico del primer sector vasco es garantizar su viabilidad a medio y largo plazo. Eso implica abordar de forma simultánea el relevo generacional, la rentabilidad, la sanidad animal y vegetal y la adaptación al cambio climático. No son retos aislados, forman parte de una misma ecuación: asegurar que vivir del campo y del mar en Euskadi sea posible y digno. Desde el Departamento de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco estamos actuando en varios frentes. Por un lado, reforzando el apoyo a jóvenes y nuevas incorporaciones; por otro, defendiendo con firmeza los intereses del sector ante el Ministerio, y también en Bruselas cuando hablamos de cuestiones como la política Agraria común y la sanidad animal. Y, además, impulsando la diversificación de cultivos y las inversiones para modernizar explotaciones y hacerlas más resilientes frente a un clima cada vez más extremo. La anticipación, la planificación y la coordinación institucional son hoy más importantes que nunca.

Mujeres trabajando la tierra. N.G

El acceso a la tierra sigue siendo uno de los grandes obstáculos para quienes quieren incorporarse al sector. ¿Qué instrumentos concretos existen para facilitar el acceso a jóvenes y nuevas incorporaciones?

El acceso a la tierra es una condición básica para el relevo generacional. En Euskadi contamos con algunos instrumentos, pero somos conscientes de que hay que reforzarlos y hacerlos más ágiles. No se trata solo de disponer de suelo, sino de garantizar explotaciones dimensionadas y viables. El acceso a la financiación, el acompañamiento técnico y la simplificación administrativa son igualmente claves para que un proyecto agrario pueda consolidarse. Todas estas medidas se han identificado y cuantificado en la estrategia de relevo generacional y se estan poniendo en marcha.

Ayudas al primer sector

Más allá de ayudas puntuales, ¿cuáles son las claves para garantizar la rentabilidad del primer sector en Euskadi?

La rentabilidad no puede depender exclusivamente de las ayudas. Las claves pasan por mejorar la posición del productor en la cadena de valor, apostar por producciones de mayor valor añadido, y por la diferenciación y la calidad, fomentar la transformación y la comercialización de proximidad y reforzar las estructuras cooperativas. Euskadi tiene un modelo basado en explotaciones familiares, de tamaño medio o pequeño, que compiten no por volumen sino por calidad, trazabilidad y vínculo con el territorio. Debemos seguir fortaleciendo las agrupaciones y cooperativas, las marcas de calidad, los canales cortos y la conexión con la industria alimentaria y la hostelería. Además, la digitalización y la innovación son herramientas imprescindibles para reducir costes y aumentar competitividad.

“El acceso a la tierra es una condición básica para el relevo generacional”

La rentabilidad es prioritaria, pero el sector también necesita estabilidad y respaldo institucional. Medidas como el adelanto de la PAC es un balón de oxígeno en momentos críticos. ¿Qué papel debe jugar la administración para ofrecer previsibilidad económica?

La administración trabaja por favorecer la estabilidad del sector. Medidas como el adelanto de los pagos de la PAC permiten ofrecer liquidez en momentos críticos, pero la previsibilidad va más allá de un calendario de pagos. Nuestro compromiso es dar certidumbre normativa, agilizar y simplificar las tramitaciones para ser más competitivos, anticiparnos a riesgos en materia de sanidad animal y defender un marco europeo que tenga en cuenta la singularidad del modelo productivo vasco. También es fundamental una interlocución permanente con el sector para adaptar las políticas públicas a la realidad del terreno. La confianza se construye con hechos, con pagos en plazo y con decisiones basadas en criterios técnicos.

Cada vez es más visible la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad, también al frente de su departamento. ¿Qué cree que aporta el liderazgo femenino al desarrollo rural y a la transformación del sector?

Aporta una mirada integradora, dinámica, de igualdad, de renovación y una forma de liderazgo basada en la cooperación, el arraigo y la sostenibilidad. El desarrollo rural no es solo producción; es comunidad, cohesión social y equilibrio territorial. Cada vez vemos más mujeres al frente de explotaciones, cooperativas y organizaciones agrarias. Eso enriquece el sector y lo hace más diverso y más fuerte. El liderazgo femenino contribuye a visibilizar realidades que durante mucho tiempo han permanecido en segundo plano y a impulsar cambios necesarios en materia de conciliación, reconocimiento profesional y corresponsabilidad.

A pesar de los avances, ¿sigue siendo más complejo para una mujer abrirse camino y consolidar una explotación en un ámbito tradicionalmente masculinizado?

Aunque hemos avanzado, todavía existen inercias culturales y dificultades adicionales. El acceso a la titularidad, la visibilidad o la conciliación siguen siendo retos en un sector históricamente masculinizado. Por eso impulsamos medidas específicas para apoyar a las mujeres rurales, para garantizar así que las ayudas y programas lleguen en igualdad de condiciones. No hablamos solo de justicia social; hablamos de aprovechar todo el talento disponible para asegurar el futuro del sector.

“No hablamos solo de justicia social; hablamos de aprovechar todo el talento disponible para asegurar el futuro del sector”

¿Cree que como sociedad valoramos suficientemente el trabajo que realizan agricultoras, ganaderas y pescadoras? ¿Qué falta para que el sector tenga el reconocimiento social que merece?

Creo que como sociedad estamos empezando a ser más conscientes de la importancia estratégica del primer sector, pero aún falta avanzar en reconocimiento social y económico. El sector primario garantiza nuestra alimentación, mantiene el paisaje, fija población en el medio rural y contribuye a la sostenibilidad ambiental. Necesitamos reforzar el vínculo entre consumidor y productor, apostar por el producto local y entender que detrás de cada alimento hay trabajo, inversión y compromiso. Dar valor a lo nuestro no es solo una cuestión económica; es una decisión colectiva sobre el modelo de país que queremos.