Tal y como explica la doctora Teresa Serrano, ningún tratamiento es posible sin fuerza de voluntad, al igual que ninguna persona obesa, “solo por el hecho de tener obesidad”, es candidata a un tratamiento farmacológico. En tiempos de redes sociales y de la “moda” de los suplementos, añade, hay que dejar de lado la obsesión y pensar más en cuidarse que en hacer ejercicio.
¿Tiene Gipuzkoa un problema de obesidad?
Problema de obesidad hay en todo el mundo. Dentro del Estado, Euskadi es de las zonas con menos obesidad, pero últimamente se está viendo bastante más. En el Hospital Donostia estoy en el mismo equipo de los cirujanos bariátricos, que operan obesidad, y comentamos que en las sesiones cada vez vienen obesidades más graves, con incidencia de masa corporal más alta. Es algo que está en aumento. Pero en comparación al resto del Estado, lo que es Euskadi y concretamente Gipuzkoa no está mal.
¿Han detectado alguna posible causa de ese aumento?
Esto es subjetivo porque tampoco hemos hecho estadísticas ni nada, pero uno de los factores es la gente emigrante, entre la que se ve mucha obesidad. La obesidad grave respecto a otras épocas, además, parece estar aumentando.
¿Cómo catalogan el nivel de obesidad?
En función del índice de masa corporal existe obesidad grado 1, grado 2 y obesidad mórbida. Luego, en función de la distribución del exceso de grasa está la obesidad ginoide, que se da en las caderas, y la obesidad androide, que se distribuye más en la parte abdominal. También es muy importante ver el porcentaje de masa grasa de la persona. El IMC (Índice de Masa Corporal) es una indicación, pero luego hay que ver exactamente qué porcentaje de masa grasa tiene y qué tipo porque no es lo mismo tener más grasa subcutánea que tener más grasa visceral.
Imagino, por lo tanto, que cada tratamiento es según cada persona, ¿no?
Sí, cada tratamiento es diferente según la persona, según cómo esté, según la causa de la obesidad, según su hábito y según sus posibilidades. Los fármacos para la obesidad no están financiados por el sistema sanitario público y son caros, así que todo el mundo no puede permitirse ese tratamiento. Luego está la cirugía bariátrica, que sí está cubierta por Osakidetza. La obesidad menos grave no la suelo ver en el hospital, pero tengo también una consulta privada en la que sí me vienen obesidades menos graves en los que el contexto es diferente.
"Cada tratamiento es diferente según la persona, cómo esté, la causa de la obesidad, su hábito y sus posibilidades. Los fármacos para la obesidad no están financiados por el sistema sanitario público y son caros, así que no todos pueden permitírselo"
¿Hay tratamientos para toda la vida o tiene que ver más con cambiar conductas?
Hay gente que está obesa a pesar de que no se pasa con la comida y que tiene una vida relativamente activa, por lo que hay casos en los que no se ve un momento claro en el cual suspender el tratamiento farmacológico. Cuando alguien empieza con el tratamiento tiene que ser consciente de sus expectativas. Una persona que siempre ha tenido un ligero sobrepeso, que cuenta con un trabajo sedentario y que al mudarse de casa, por ejemplo, ha comido mal, ha llegado a una obesidad de corta duración, durante un tiempo limitado puede estar con un tratamiento farmacológico, pero ese tratamiento se suspender cuando vuelva a su hábito. Los fármacos para la obesidad no son diferentes de cualquier otro fármaco. Obviamente, tienen efectos secundarios y por eso están sujetos a prescripción médica, Sino la gente iría a la farmacia y los compraría sin receta como el que va y se compra una valeriana o un suplemento. Tienen sus riesgos, pero como todos los medicamentos, no son una excepción. El wegovy y la semaglutida no son diferentes al paracetamol y la obesidad es una enfermedad crónica que tiende a volver y que es multifactorial. Entonces, como toda patología crónica, los tratamientos son crónicos, a no ser que la persona tenga unos hábitos malísimos de vida, que sea sedentaria y que coma fatal, y que, de repente, haga un cambio radical y empieza a comer bien y a hacer ejercicio. ¿Se puede suspender el tratamiento? Sí, pero requiere mucha implicación de la persona, mucho querer salir de la obesidad, mucho buscar salir por su propio medio y no querer depender de una medicación.
Para ello la ayuda es imprescindible.
Claro, porque vivimos en una sociedad en la que estamos rodeados de comida. Todo se celebra con comida y no lo ponen fácil para mantenernos en un peso.
Aún así, parece que vivimos en un tiempo en el que cada vez hay una mayor obsesión por la comida sana y hacer deporte.
Sí, sí, pero esas personas no suelen tener obesidad. No son las que veo en la consulta. Cuando voy al gimnasio un domingo por la mañana veo a muchísima gente mayor, de 70 y 80 años. La gente cada vez está más concienciada, hasta el punto de que un domingo por la mañana hay lista de espera, y eso me gusta mucho.
¿Hay los que llegan a su consulta pidiendo recetas milagro?
Sí llegan, pero no les puedo dar una respuesta, así que llegan y se van como vienen. La obesidad es una enfermedad crónica muy peculiar. Con todo el tema de los fármacos, vienen pacientes a mi consulta que son sedentarios y que quieren adelgazar sin intención de cambiar su estilo de vida, pero a esos tampoco les prescribo nada. A una persona que no está dispuesta a cambiar su estilo de vida no le voy a hacer ningún favor prescribirle nada, porque si pierde peso y no hace ejercicio, lo que va a perder es músculo. Cuando deje la medicación y vuelva a ganar peso no va a ganar músculo, va a ganar grasa, así que vamos a estar peor que al principio. No todo el mundo que tiene obesidad, solo por el hecho de tener obesidad, es candidato a un tratamiento farmacológico, aunque se lo pueda pagar. El principal factor excluyente de acceso suele ser el precio porque son tratamientos caros y no están financiados, pero, en mi caso, alguien que no quiere hacer ejercicio y no quiere cambiar nada, lo siento, pero no tiene ninguna opción.
"No todo el mundo que tiene obesidad, solo por el hecho de tener obesidad, es candidato a un tratamiento farmacológico, aunque se lo pueda pagar. Alguien que no quiere hacer ejercicio y no quiere cambiar nada, lo siento, pero no tiene ninguna opción"
En estos tiempos de redes sociales, ¿hay quienes acuden a informarse a lugares en los que no deberían hacerlo?
A veces llega gente a la consulta con mucha información buena. Hasta el punto de que vas a explicar algo y ya se lo sabe o incluso lo sabe mejor que tú, pero, por otro lado, también llegan otros con una idea rara que te hace preguntarte, ¿de dónde habrán sacado eso? Existen los dos extremos. El que llega súperbien informado y el que llega con ideas raras, como con el cortisol. Ahora está de moda el cortisol y decir que hay que medirlo. No hay que medir el cortisol, hay que medir el estrés que tiene la persona. El cortisol es una hormona de estrés y cuando hay estrés, el cortisol sube, pero no es una subida patológica. Igual que cuando haces un sprint te sube la frecuencia cardíaca por encima de 100 latidos por minuto. Tienes una taquicardia, pero no es una taquicardia, es una adaptación del organismo a esa situación. No hay que ver el cortisol salvo en determinados casos que nos indiquen que puede haber una patología relacionada con un exceso o con un defecto de cortisol, pero en una persona normal lo que hay que ver es qué estrés tiene. Imagínate a alguien que tiene cuatro hijos, un trabajo a turnos y problemas económicos. Si le mides el cortisol lo va tener por las nubes, dentro de un rango fisiológico, pero alto. Ahí la única solución es que no trabaje a turnos porque el cortisol sino siempre lo va a tener alto.
¿Existe una obsesión por los suplementos?
Parece que están muy de moda. A mí me hace mucha gracia la gente que no se quiere tomar pastillas, pero luego se toma 20 suplementos. Es algo paradójico. Hay mucha gente que tiene poca vitamina D, para la que existe una suplementación de vitamina D que la necesita, pero no es para los demás. Hay otros suplementos que claramente tienen utilidad, pero hay gente que toma 20 suplementos.
Usted reivindica mucho lo de tener cuerpo sano es sinónimo de tener menta sana.
Exacto, tener cuerpo sano y tener mente sana, no obsesionarse tampoco por estar fit. Se trata de cuidarse, no de hacer ejercicio. No solo para mantener el peso, sino para otros muchos aspectos de la salud. Y, por supuesto, comer bien. No solo para el peso, sino para otros muchos aspectos. La clave está en no obsesionarse con las cosas, en cuidarse y hacer cosas lógicas. No hacer cosas raras y estar con 20 suplementos. Los necesarios. Y en caso de tener dudas, consultar siempre a un profesional.