Casi el 17% de la población vasca, cerca de 373.000 personas, viven de alquiler en la CAV. Y más de la mitad son inmigrantes: el 54,8% en la CAV y el 50,8% en Gipuzkoa, el territorio donde menos. Muchas de esas personas están nacionalizadas ya (10,8%), otras tienen doble nacionalidad (12,3%), pero todas ellas son de origen extranjero y han tenido que construir una vida desde cero en nuestro territorio. Y llevan más de diez años de media viviendo alquilados.
La Encuesta de Hogares en Régimen de Alquiler de 2024, publicada ayer por el Gobierno Vasco, ofrece una radiografía interesante de uno de los aspectos más sensibles de la que, hoy por hoy, es la principal preocupación de la población vasca: la vivienda, focalizando en el alquiler. Conseguir uno, de hecho, le ha costado más de un año al 26% de los encuestados y son menos de la mitad los que lo han conseguido en un plazo inferior a tres meses.
La edad media de los arrendatarios en la CAV es de 46 años (47 en Gipuzkoa) y viven principalmente en familia. La mayoría busca vivir en grandes núcleos urbanos, pero se ven cada vez más tensionados por el aumento de los precios. Son hogares en los que, de media, entran menos de 2.000 euros limpios al mes.
La paradoja de Gipuzkoa
Es paradójico, pero Gipuzkoa, el lugar con los alquileres más caros y donde más pesan sobre el total de nuestros ingresos, es también el territorio donde mayor estabilidad muestra el mercado del alquiler de vivienda, con contratos más duraderos (6,6 años de media), inquilinos más satisfechos y con menos necesidad de cambio; y es también donde menos impagos hay.
Los hogares que viven de alquiler y cuentan con más de un nómina apenas llegan al 36%
La Encuesta, que ofrece datos del cierre de 2024, evidencia también una brecha importante entre dos mundos: el alquiler libre, que supera el 80%, y la vivienda social, que curiosamente ha perdido peso en los últimos dos años. Choca. Pero entre 2022 y 2024, el volumen del alquiler social ha caído desde el 16% al 11,8% del total, mientras que la oferta se ha expandido principalmente gracias al mercado libre, que pasó de epresentar el 78,5% en 2022 al 80,8% en 2024.
Vivienda social versus libre: dos mundos
Las diferencias son enormes en las condiciones. Vivienda social con un alquiler mensual medio de 295,7 euros, frente a vivienda libre que supera los 704,4 euros (media de la CAV en 2024) y tensiona cada vez más a los inquilinos.
Hay que tener en cuenta que una de las principales motivaciones para alquilar, según manifiestan los propios afectados, es la imposibilidad de afrontar la compra de vivienda. Otra, la ubicación, que concentra en grandes núcleos poblaciones al 60% de los arrendatarios. Más del 43%, solo en ciudades, que es donde más oportunidades laborales hay, pero también donde más difícil es poder permitirse una compra.
El informe muestra otra realidad, y es que el 57,6% de los hogares que viven de alquiler cuentan con una sola fuente de ingresos. Y no llega al 36% el porcentaje de hogares que ven ingresar más de una nómina. Por el contrario, en un 13,7% de los hogares, el titular se haya en el paro, en un 9,7% trabaja de forma intermitente o con contratos parciales.
Sube más la mensualidad que el sueldo
En consecuencia, los ingresos mensuales netos se sitúan de media por debajo de los 1.900 euros. Según el estudio, en 2024 eran 1.874 limpios al mes. Pero lo peor es que los ingresos medios de esos 137.000 hogares han aumentado un 1,5% en dos años; mientras que lo que la mensualidad les ha subido un 4,9% de media en el mismo periodo. El efecto es evidente: una mayor carga financiera percibida y un leve aumento de los retrasos en los pagos.
CLAVES
- Casi el 80% de las 137.123 viviendas alquiladas pertenecen a personas físicas particulares. Son de la Administración Pública o están gestionadas por ella el 16%; y las personas jurídicas propietarias son en torno al 4%
- De las viviendas que pertenecen a personas particulares (algo más de 102.000), en el 17% de las situaciones hay algún tipo de relación entre personas arrendadoras y arrendatarias: o bien son familiares (2,5%) o personas conocidas (14,8%).
- El subarriendo parcial declarado alcanza al 5% de los alquileres (3,7% de una habitación y 1,2% de más de una); mientras que el subarriendo total queda por debajo del 1%.
- Predominan los hogares constituidos por familias con hijos/as (32,6%); y los unipersonales (20,8%); seguidos de los monomarentales/monoparentales (18,9%) y los matrimonios o parejas sin hijos/as (13,3%). Los constituidos por personas sin relaciones familiares que comparte la vivienda representan el 7,2%.
Por eso mismo, un 7% de los hogares encuestados reconoce que recibe ayuda de familiares y amigos para hacer frente al pago del alquiler y cerca del 14% señala que la necesitará el próximo año, cuando le actualicen la renta.
De los 48.130 alquileres que había en Gipuzkoa al cierre de 2024, fueron poco más de 6.000 los reconocieron que no habían podido hacer frente al menos a una mensualidad del alquiler dentro del plazo estipulado: 12,6% frente al 13,8% en Bizkaia. Y el informe señala que “cuando surge esta problemática, la solución acordada suele ser atrasar la fecha del pago. Así sucede en dos de cada tres casos.
La brecha, de nuevo, es grande entre el mercado libre, con inquilinos que ingresan casi 2.000 euros limpios y la vivienda social, donde la media es de 1.231 al mes. Y es precisamente en el alquiler social sonde más impagos se producen. Un 25% frente al 11,8% en la vivienda libre.