La Inteligencia Artificial Generativa es una realidad mucho más cotidiana en las aulas de lo que cabría esperar dada su relativa novedad. Según el último informe de la red de investigación EU Kids Online (EUKO), basado en encuestas a 25.592 menores de entre 9 y 16 años, la IA se está integrando de forma acelerada en las plataformas que los menores ya utilizan, como Snapchat o ChatGPT, limitando a menudo su capacidad de elección.

El 23% de los adolescentes ya usa la IA para hacer redacciones escolares y un 30% para resumir textos, lo que ha conllevado una pérdida de esfuerzo personal en el aprendizaje. Más allá de las tareas escolares, surge un uso emergente como confidente. Los jóvenes recurren a la IA para encontrar un espacio de intimidad en el que exponer sus preocupaciones personales. 

Según el estudio elaborado por un grupo de investigación de la Universidad del País Vasco (EHU), seis de cada diez estudiantes desde tercero de Primaria confiesa hacer usado la IA. Sin embargo, este apoyo académico genera ambivalencia en los propios jóvenes.

"Ahora atiendo menos"

Un adolescente de 17 años entrevistado confiesa que “podría hacer las tareas sin IA, pero me cuesta esfuerzo. Ahora atiendo menos porque sé que me lo puede explicar en cualquier momento”. Esta respuesta refleja una tendencia a sustituir el proceso de aprendizaje por la inmediatez que la herramienta.  

El estudio destaca un hallazgo relevante: la IA está ocupando espacios de la esfera privada de los menores. Un 9,2% de los menores usa la IA para hablar sobre sus preocupaciones.

En este sentido, una adolescente de 14 años afirma que la IA “no es una persona, no me está mirando... le puedo contar cosas porque sé que no va a salir de ahí”. En el plano creativo, la IA se percibe como un democratizador de tecnología, permitiendo a jóvenes realizar proyectos antes inalcanzables, como la programación de videojuegos o la creación de arte digital complejo. 

A pesar del uso extendido, los estudiantes de Primaria y Secundaria no son acríticos. Existe una preocupación real por la falta de fiabilidad de la información, la privacidad de sus datos y el riesgo de los deepfakes (aunque solo un 2,5% admite haberlos creado, con mayor prevalencia en chicos de estatus alto).

Una responsabilidad compartida

Respecto a quién debe controlar estos riesgos, los adolescentes señalan una responsabilidad compartida, pero con una jerarquía clara: empresas tecnológicas, como principales responsables del diseño; gobiernos, para establecer límites legales y protección; y usuarios, para un uso consciente y ético.

El informe de EU Kids Online subraya que el debate público suele estar dominado por el sensacionalismo, los pánicos morales, o las expectativas excesivas sobre la tecnología, pero se ignora las voces de los protagonistas.

Según los promotores de este estudio, los resultados obtenidos “ buscan orientar nuevas políticas de regulación y educación que protejan el bienestar y los derechos de los menores en un entorno donde la IA es ya omnipresente”. Los datos presentados ayer y el estudio forman parte de los resultados de la red europea de investigación EU Kids Online. El informe se basa en datos comparativos de 20 países europeos.