“Por nuestra edad, no podemos seguir en estas condiciones”. Las nueve monjas de la congregación de las Siervas de Jesús en Irun serán reubicadas este mes de enero, después del inminente cierre del convento situado en el alto de Olazabal, en la calle Mayor, lo que pondrá fin a 139 años de presencia de esta congregación en la localidad.

La propia madre superiora, Sor Milagros, admite que “la casa necesitaría una remodelación para que las hermanas mayores pudiesen habitarla”, ya que muchas de ellas requieren de cuidados debido a su avanzada edad, pero “no vamos a invertir aquí teniendo otras casas para estas necesidades”.

El obispo de Donostia, Fernando Prado, oficiará el próximo viernes en la capilla del convento de las Siervas de Jesús en Irun la misa de despedida de las monjas (17.00 horas).

La avanzada edad de las monjas y la necesidad de cuidados, unida a la inversión necesaria para adecuar el edificio, ha motivado su traslado

Una más. El pasado mes de noviembre abandonaron su convento de Errenteria las últimas monjas Agustinas de Errenteria, después de casi cinco siglos de historia en la villa guipuzcoana. La misma situación se produjo en abril de 2024 cuando las seis monjas de las Siervas de María tuvieron que abandonar su convento de Azpeitia tras 128 años de historia. También fueron repartidas por otros conventos de la congregación.

Con las Siervas de Jesús de Irun sucederá lo mismo. Unas recalarán en el convento de Donostia, en Ategorrieta. Y otras irán a otros conventos. Las Siervas de Jesús mantienen también conventos en Tolosa, Bilbao y Gasteiz, además de otros muchos fuera de Euskadi.

Desde 1887

Las Siervas de Jesús llevaban 139 años en Irun. Según explicó este sábado en su perfil de Facebook el segundo teniente de alcaldesa y portavoz del PNV, Gorka Álvarez, “el 23 de abril de 1886 el Ayuntamiento de Irun acordó solicitar a las Siervas de Jesús una Comunidad en la ciudad para asistir a los enfermos de cólera en cuarentena que se concentraban en un pabellón (barraca) en Behobia. La Congregación accedió y se instalaron primeramente en el número 13 de la calle Jesús”.

Según explicó Álvarez, “el 7 de julio de 1887 se realizó la fundación de una nueva Comunidad de las Siervas de Jesús en el tercer piso de la casa llamada Provintziya, donde estuvo la Alcaldía de Sacas con seis hermanas, que además disponía de cuadra y huerta”.

Pero, al aumentar la comunidad, tuvieron que alquilar toda la casa y años más tarde acabarían comprándola. En 1928, como consecuencia de las obras de ensanche de la carretera, se abrió una gran grieta en la casa que amenazaba ruina. El 20 de marzo de 1930 se colocó la primera piedra del nuevo edificio en el mismo solar. Las obras duraron hasta el 11 de octubre de 1932.

El servicio que prestaban las Hermanas de las Siervas de Jesús, según el concejal jeltzale, “estuvo subvencionado por el Ayuntamiento de Irun hasta el 30 de noviembre de 1931 (II República Española), en donde se acordó suprimir la subvención que, desde 1888, el Ayuntamiento ofrecía a las Siervas de Jesús por atender a los enfermos (además de por otros motivos), ya que se entendió que la asistencia a los enfermos estaba cubierta por el Hospital Municipal. Desde entonces, se han nutrido económicamente de las aportaciones voluntarias que las familias de Irun les daban por la atención de enfermos en domicilios, residencias, etc”.

Bocadillos a gente necesitada

El ideal de las Siervas de Jesús es “servir a Dios en los enfermos, ancianos, necesitados y niños. Se esfuerzan con espíritu de servicio, humildad y sencillez por mostrar a Dios y servir especialmente a quienes son menos amados y están más necesitados”.

Hasta el 31 de diciembre repartían, también, diariamente una media de 30 bocadillos a personas necesitadas en la ciudad. Hasta 40 en alguna ocasión. Pero la avanzada edad de las nueve monjas que quedan aún en el convento, ha ido pesando sobremanera.

Te puede interesar:

El edificio, que cerrará sus puertas definitivamente este mes, forma parte del catálogo del Patrimonio Histórico Arquitectónico de Irun, según ha explicado Álvarez, y “el arquitecto fue José Gurruchaga, el mismo que diseñó la iglesia de los Pasionistas en el barrio de San Miguel”.

Álvarez terminó su relato dando a las monjas las “gracias por tantos años de servicio en Irun” y deseándoles “mucha suerte”.