Una habitación libre, una mesa compartida, un barrio que acompaña. Loturak, el programa del Gobierno Vasco impulsado por la Fundación Ellacuría y diversas entidades sociales, hoy conecta hogares, barrios y voluntariado para acompañar procesos de vida que, aunque marcados por el desplazamiento, se centran en la creación de vínculos.
Loturak se define como una red ciudadana vasca de acogida, una iniciativa de hospitalidad que conecta a la sociedad vasca con personas migrantes y refugiadas, creando redes de apoyo. Marisabel Albizu, directora de la Fundación Ellacuría, explica cómo la entidad coordina el programa en Bizkaia y actúa como cabeza de consorcio en la CAV, en colaboración con otras organizaciones sociales.
Loturak funciona fundamentalmente mediante hogares acogedores, donde familias o comunidades religiosas acogen temporalmente a las personas; y grupos locales de acogida donde vecinos de un barrio apoyan, acompañan y crean redes. En ambos casos, acogedores y acogidos, cuentan con el apoyo de equipos técnicos de la Fundación Ellacuría en Bizkaia, Loiolaetxea en Gipuzkoa o Alboan en Araba, que siguen y planifican los pasos hacia la autonomía. Como ellos explican, ese acompañamiento profesional es una de las claves del modelo Loturak, que busca convertir la acogida en un proceso cuidado, sostenido y compartido.
Inicio
Loturak nació en 2022, para acoger a personas desplazadas por la guerra de Ucrania, coordinada por el Gobierno Vasco junto a la Fundación Ellacuría. Con el tiempo, Loturak ha ido ampliando su alcance hasta convertirse en un programa de carácter universal, para cualquier persona migrante o refugiada que lo necesite en Euskadi.
En 2024, Albizu explica que las mujeres jóvenes en situación de calle fueron fundamentalmente las atendidas por el programa. En 2025, sin embargo, el perfil ha cambiado de forma notable. Loturak ha acompañado principalmente a familias con protección internacional procedentes por ejemplo de Alemania, obligadas a desplazarse tras la modificación de las leyes migratorias y la aplicación del convenio de Dublín, que establece el retorno al país donde se solicitó asilo en primer término. Se trata, en su mayoría, de familias originarias de Afganistán y Siria. Junto a ellas, el programa también ha atendido a familias de origen nicaragüense, forzadas a abandonar Estados Unidos tras cambios normativos. “Se ha mejorado mucho en eso, en ampliar el abanico el perfil de las personas atendidas con el programa de Loturak”, señala Albizu, subrayando el salto del programa.
Tampoco existe un perfil único entre las personas que deciden acompañar dentro de Loturak. En la red participan familias monomarentales, parejas con hijos y comunidades religiosas, en su mayoría femeninas. En este último caso, muchas son mujeres jubiladas, que “atienden a las personas que están en la casa también o conviven con ellas más que atender”, aclara Albizu.
Mas allá de lo material
Fundamentalmente es una acogida más allá de lo material. Desde Loturak ponen el acento en la creación de vínculos, lo que Albizu define como “capital social puente”. Una red de relaciones que facilita la integración progresiva de las personas y a la vez refuerza la posibilidad de acogida. Esos vínculos cambian la percepción de los acogedores, como explica Albizu: “Hay una transformación de los prejuicios o de las ideas preconcebidas ”. Además, las personas acogidas, se sienten miembros de un lugar. Mediante encuentros cotidianos tejen redes que permanecen y contribuyen a articular la sociedad.
La respuesta fue masiva y difícil de gestionar en 2022. Pero ahora, “es difícil mantener a las personas con el ánimo suficiente como para seguir acompañando”, explica Albizu. En 2025, 16 hogares acogedores han abierto sus puertas a 56 personas, de orígenes muy diversos. A través 23 grupos formados por 101 personas voluntarias han acompañado a 74 personas. En total, el programa ha contado con 190 voluntarios y la implicación distintas entidades sociales.
Futuro
Loturak no se concibe como una respuesta puntual, ni de corto recorrido. Para ello, el programa se articula con otras entidades sociales y servicios del Gobierno Vasco, así como con albergues y comunidades de hospitalidad. Los acogimientos aunque pueden prolongarse, siempre tienen un horizonte claro. El plan prevé ese tránsito y trabaja la salida del programa “sin retrocesos”, afirma Albizu. “Si has salido de la calle y te han acogido en un hogar, cuando sales lo han diseñado de tal forma que no tengas que volver a la calle”, insiste.
El equipo observa transformaciones claras en aquellos grupos locales que llevan más de tres años funcionando, “son barrios articulados, donde el acompañamiento está muy socializado y muy arraigado”, recuerda Albizu. Además, han abierto la puerta a la acogida en espacios escolares, donde comienzan a consolidarse como ecosistemas de acompañamiento “muy naturales”. “Nos permite trasladar la experiencia y encontrar personas ya sensibilizadas, habituadas de verdad a la acogida”, explica Albizu. Al recapitular el recorrido de Loturak, Albizu resume su aportación en una idea: “La acogida no es una entelequia; es una cosa concreta y muy cotidiana” .