A partir de los 60 años, muchas personas adoptan una rutina saludable basada en caminar a diario.
Es una costumbre extendida, recomendada durante décadas, pero expertos de la Universidad de Harvard han lanzado un mensaje claro que obliga a replantear esta idea: caminar está bien, pero no es suficiente para frenar el envejecimiento del cuerpo.
Según el prestigioso centro de investigación, los pasos diarios aportan beneficios indiscutibles al sistema cardiovascular, ayudan a controlar la presión arterial y reducen el riesgo de enfermedades del corazón.
Pero ese ejercicio, por sí solo, no detiene uno de los procesos más determinantes del envejecimiento, la pérdida de masa muscular, conocida como sarcopenia.
Entrenamiento de fuerza
Harvard señala que el entrenamiento de fuerza es la clave para envejecer con calidad.
No se trata de levantar pesas enormes ni de someterse a rutinas extremas propias de atletas jóvenes. El foco está en ejercicios específicos, adaptados a la edad, que permitan proteger y recuperar el músculo.
A partir de los 60 años, este factor se vuelve decisivo para mantener la autonomía y la calidad de vida.
La pérdida de músculo no es un problema menor. De hecho, es uno de los principales motivos de ingreso hospitalario en personas mayores, especialmente por caídas o fracturas de cadera.
Cuando el músculo disminuye, el cuerpo pierde estabilidad, reflejos y capacidad de reacción, lo que aumenta el riesgo de accidentes y lesiones graves.
Importancia de tener los músculos fuertes
Además, el músculo no es solo una cuestión estética. Es un órgano metabólico vital.
Harvard recuerda que el tejido muscular desempeña un papel clave en la regulación del azúcar en sangre, en el mantenimiento del equilibrio y en la capacidad de moverse con agilidad.
Cuando se reduce, también lo hace la eficiencia metabólica, lo que incrementa el riesgo de diabetes, fatiga crónica y pérdida de movilidad.
Previene el deterioro cognitivo
Otro aspecto que destacan los expertos es la relación entre el músculo y el cerebro.
Fortalecer la musculatura no solo protege el cuerpo, también ayuda a prevenir el deterioro cognitivo.
El ejercicio de fuerza estimula la circulación, favorece la liberación de sustancias beneficiosas para el cerebro y contribuye a mantener funciones como la memoria y la concentración.
Constancia semanal
Desde Harvard insisten en que el entrenamiento de fuerza debe integrarse en la rutina semanal de las personas mayores, combinándolo con actividades aeróbicas como caminar.
Ejercicios con el propio peso, bandas elásticas o cargas ligeras pueden marcar una gran diferencia si se realizan con constancia y supervisión adecuada.
Envejecer de forma activa no consiste solo en sumar pasos, sino en cuidar el músculo como un pilar esencial de la salud. A partir de los 60 años, reforzar la fuerza no es una opción, sino una necesidad para vivir más y mejor.